Entrevistas: Stella Cadente

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Entrevistamos a los protagonistas de Stella Cadente.

Ayer se presentó a los medios la nueva película como director de Luis Miñarro, Stella Cadente, una visión surrealista de la figura de Amadeo de Saboya protagonizada por Álex Brendemühl, Bárbara Lennie y Lorenzo Balducci. Con cada uno de los tres tuvimos ocasión de hablar largo y tendido en esta extensa entrevista que os traemos y que comenzamos por Bárbara Lennie.

– Bárbara Stella Cadente es una película a priori inclasificable, os voy a pedir a los tres que tratéis de definírmela. 

Bárbara Lennie: Pues es muy difícil de definir esta película. Hoy he leído una cosa que la definía como una mezcla entre rockabilly y sexo. A mi me parece que es una película muy metafórica, que partiendo de un personaje histórico y de un momento muy particular de este país, ha querido reflejar también otras muchas cosas. Para mi es un viaje de los sentidos también y una película de acumulación de cosas que al creador le interesan, le gustan y le producen placer.

– ¿Crees que es también una metáfora de la situación política actual?

B. L.: Sí, política, social, cinematográfica… Habla de lo difícil que lo tiene un tipo que quiere hacer las cosas bien y luchar por algo que se ha perdido. También la mezcla de los idiomas, de tratar de hacer un mundo mejor en ese sentido están presentes en la película.

– Tu personaje, la reina María Victoria, fue además una reina que intentó acercarse al pueblo y éste la rechazó. En este sentido, ¿crees que la película también intenta mostrar de dónde viene ese desapego que tienen los dirigentes por los ciudadanos?

B. L.: Es que también a ellos les tocó un momento muy convulso en España, donde había un nivel de agresividad, de revueltas, revoluciones, la muerte de Prim justo cuando (Amadeo de Saboya) llega a España…y que de repente alguien que viene de otro país intente hablar con su pueblo, con su sociedad, para generar acuerdos a priori no es fácil. No es fácil hoy en día y no puedo imaginar lo difícil que sería entonces. Es por un lado tan igual y por otro lado tan diferente la situación en cuanto a la clase política hoy y entonces. Es curioso hablar hoy de esto, justo después de las elecciones europeas donde supuestamente ha habido un intento de acercar a políticos que sí quieren de alguna manera plantear otro juego, otro diálogo con el pueblo. Todo esto en la película, todo lo que es la realidad histórica, está totalmente desdibujada y el director tampoco ha sido en absoluto puntilloso ni ha querido que nos empapemos de esa época, que reprodujéramos un personaje real. Todo ha sido “a partir de esto, hagamos nuestro sueño”.

– En ese sueño aparecen multitud de referencias pictóricas, ¿tuvisteis que trabajar mucho la recreación de los cuadros?

B. L.: Los cuadros los estudió él. Luis tiene un montón de referencias, es un hombre muy culto con muchos referentes. Nosotros nos hemos empapado de algunos de ellos y con otros nos pusimos en sus manos. Yo en realidad rodé todo lo que has visto en la película en muy poco tiempo, con lo cual te obliga un poco a ser rápido en la aprehensión de lo que está pasando. Cuando la película lleva más de la mitad rodada y tú llegas, hace falta que el resto te explique un poco cuál es el tono, y eso gracias a que yo estaba con Álex (Brendemühl) y que fue muy generoso en ese sentido, por lo que rápidamente entendí dónde estaba. También entras en un código y en un tono, y esos posados, esos tempos, esas miradas, esas maneras de estar en escena eran marcas de Luis.

– ¿Entonces no te costó entrar en una película tan poco convencional narrativamente?

B. L.: No, me divirtió mucho pero no me costó. Lo que ocurre también es que mi personaje, dentro de ese mundo, llega queriendo bajar a tierra, queriendo ser más realista, entonces poder engarzar esos dos mundos fue quizá lo más delicado. Había hablado con Miñarro antes, habíamos compartido charlas y comidas y la verdad es que resultó muy placentero.

– ¿Y el trabajo con él?

B. L.: Es que es un director muy curioso, porque no es un director al uso. Fue un rodaje muy libre, donde cada día se sabía más o menos lo que se iba a hacer pero también había gran parte de incógnita y de invenciones en el momento, y en ese sentido para mí fue muy divertido. Justo a la vez estaba rodando El niño de Daniel Monzón, con lo cual eran dos rodajes tan diferentes que fue muy placentero. Luis es un hombre muy culto, que tiene muchas películas en su cabeza, que te da muchas pautas y te hace referencias a películas que le interesan o que ha visto, y eso para mi es muy estimulante. No sé si le interesa tanto el trabajo con el actor como tal sino la creación de unos planos, de una pequeña historia en cada fragmento.

– A lo largo de tu carrera has hecho una cantidad de personajes muy variados en producciones con un alto grado de calidad y de reconocimiento, ¿han sido proyectos que te han ido llegando o han sido decisiones personales en cuanto al tipo de trabajos que querías hacer?

B. L.: Es una mezcla de ambas cosas, de elecciones que tú vas haciendo y de que esas elecciones traen otras. Tengo la suerte de que hay gente que me gusta mucho y que me llama para participar en sus trabajos, es verdad que esas elecciones implican que no estés en otros en los que a lo mejor también podrías estar, pero esta industria es muy pequeña en España con lo cual a veces es difícil encontrar un lugar donde poder hacer una película de Miñarro, una grande, una comedia, un drama…y yo lo he ido haciendo entre lo que he querido y lo que he podido. Pero es verdad que en general me siento muy afortunada porque hay gente que me gusta y a la que admiro mucho que me llaman para trabajar con ellos, y eso es genial.

– Algún rodaje que recuerdes con especial cariño.

B. L.: Hay varios, la verdad. El año pasado fue un año muy bonito porque rodé esta película, rodé El niño, rodé Magical girl de Carlos Vermut, y también estuve con Isaki Lacuesta haciendo Murieron por encima de sus posibilidades. Fue un año de crisol, de repente, también por un momento personal mío, de disfrutar todos y cada uno de los rodajes y de pasarlo muy bien trabajando, y eso no siempre me ha ocurrido. Recuerdo muy especialmente Más pena que gloria, mi primera película, y Obaba que fue también una primera película de otra manera. También cuando he rodado fuera en México…me cuesta decidir.

– Como has mencionado, tienes pendiente de estreno Magical girl y El niño, aparte acabas de terminar con Isabel en televisión y actualmente estás en teatro con El Misántropo, ¿cómo se lleva todo eso a la vez?

B. L.: ¡Muy bien! No te creas, que en el fondo son cosas que parece que son muchas pero que en el tiempo se han ido acomodando muy bien. En Misántropo estoy desde septiembre del año pasado y prácticamente ha sido lo único que he hecho, aunque he estado haciendo alguna otra cosa a nivel personal. También es que a mi me gusta mucho este trabajo y no tengo problema en compaginar distintos medios y me divierte mucho. Es verdad que ya no como a lo mejor hace un tiempo que era más kamikaze, ahora intento cuidarme más en ese sentido pero es un disfrute muy grande poder pasar de un medio a otro, hacer teatro por la tarde y rodar por la mañana…me parece que la interpretación es un arte que se aprende trabajando y como decía Fernán-Gómez “¿poder elegir? ¿no? pues entonces voy a hacerlo todo”.

 Debutaste además a los 15 años, muy jovencita, ¿te ves haciendo otra cosa o desarrollando este mismo trabajo de otras maneras como el pasarte a la dirección por ejemplo?

B. L.: Sí, tengo ganas. No a la dirección de cine porque hay un aparataje más grande que a priori me resulta más difícil o más ajeno. El otro día hablando con Isaki (Lacuesta) me decía “eso es todo ponerse, tienes amigos que te pueden ayudar, busca cosas que te interesen y lo hacemos”, y sí que me apetece mucho dirigir algo. Llevo tiempo dándole vueltas y en algún momento lo acabaré de cerrar. Más allá de estos terrenos me cuesta imaginarme haciendo otra cosa como compañeros que sí tienen otras actividades, que les gusta pintar o arreglar muebles…a mi esto no me ocurre.

– Después de un año tan intenso, ¿cuáles son tus planes más inmediatos en cuanto a trabajo?

B. L.: Voy a seguir haciendo teatro con la compañía con la que llevo ya cinco años, y que espero poder mantener eso durante mucho tiempo porque es un lugar que me ha ayudado mucho, me ha hecho crecer un montón. A la vez estoy con cosas bastante sólidas para irme un tiempo fuera, a Estados Unidos a rodar supuestamente. Y en la medida que pueda, seguir haciendo cosas que me gustan, que para mi es lo más importante al margen de que te llamen más o menos, seas la popular o la chica guapa de la fiesta, me hace muy feliz trabajar con gente que me gusta y a la que admiro. Me gustaría poder planificar eso, que haya menos barreras en cuanto a idiomas en el cine europeo, poder trabajar en Latinoamérica que me gusta mucho también y además mi familia es argentina, con lo cual tengo muchos vínculos…hay un montón de cosas que están dando vueltas.

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– Álex, al igual que le he pedido a Bárbara y luego haré con Lorenzo, me gustaría que me dieras tu propia definición de Stella Cadente.

Álex Brendemühl: Es una película inclasificable porque contiene muchas películas dentro de ella, muchos géneros. Es una película histórica en la que la figura de Amadeo de Saboya es una excusa para hablar por un lado de un momento histórico determinado, de la España de finales del siglo XIX, una España convulsa a la que llega este personaje con la voluntad de transformar, de renovar, de actuar y se encuentra con que hay una confusión total, unos conflictos de intereses prácticamente cercano a una guerra civil, un momento previo a la República en el que este personaje transita durante dos años hasta que acaba yéndose diciendo que España es un país de ingobernables. Hay esa parte tan bien documentada de ese momento histórico, pero el gran peso de la película recae en la parte más fantasiosa, más poética, más lírica que es esa parte de creación de Luis Miñarro que ha tratado como excusa a ese personaje para volcar una serie de imágenes, de cuadros, de sensaciones, de emociones, de música, de alguna manera de caprichos de creador que hacen la película inclasificable e indefinible hasta cierto punto. Hay muchos homenajes a la pintura, al arte, al cine y en ese sentido es una película totalmente sorprendente.

– En cuanto a esos homenajes pictóricos, en tu caso hay varios ejemplos como el de Amadeo ante el cadáver de Prim que son planos calcados de cuadros ¿te dio Miñarro instrucciones para representarlos?

A. B.: Sí, el entierro del general Prim es un calco del original, entonces fuimos a componer con un trabajo absolutamente técnico y preciso de iluminación, de coreografía visual y física que para mí resultó un ejercicio muy estimulante el buscar ese resultado. Hubo una serie de momentos en los que nos proponía llegar a un cuadro y lo bonito es trabajar eso, no de una forma realista sino que el efecto sea naturalista, que llegue al espectador aunque las transiciones sean totalmente abruptas. Llegas a ese gesto, a esa mirada, sin haber construido una lógica del personaje y eso es muy atractivo para un actor, o a mi al menos ahora me apetece mucho trabajar con lógicas y procesos diferentes de llegar a emociones grandes. En la película hay momentos de grandes tragedias que luego se vuelcan en humor o en felicidad, cambios de estados de ánimo muy abruptos que estimulan mucho a un actor.

– ¿Fue ese reto interpretativo uno de los motivos por los que decidiste hacer la película?

A. B.: Yo ya conocía a Luis Miñarro como productor, habíamos trabajado juntos ya, y me propone este personaje que estaba muy claramente definido pero que a su vez era ese gran desconocido de la historia, con lo cual permitía un gran margen de creatividad. Fue un guión que fue creciendo, que fue desarrollándose y que ya era un planteamiento de trabajar a partir del guión pero la película estaba en la cabeza de Luis, entonces fue una decisión inmediata de tratar de comprender a este personaje y de cómo darle vida, una forma, una manera de caminar. Me apetecía hacer una cosa de época, grandilocuente por momentos, con una cierta épica, con esos juegos y esos caprichos que proponía el director. Había una cantidad de propuestas como las de pasar de una escena de esgrima a otra de baile, que hacían el rodaje muy placentero.

– Como has dicho hay escenas en las que se pasa de un extremo a otro, del drama a la felicidad más absoluta. Ese extremo se puede aplicar también a tus últimos papeles, te vimos el año pasado en Insensibles con un personaje muy intenso, también te hemos visto interpretar a Mengele, y de repente pasas a ser un personaje también histórico y atormentado pero visto desde un prisma muy surrealista y bastante cómico, ¿te apetece seguir por este camino y dejar aparcados los personajes atormentados para dar paso a locuras como esta?

A. B.: Me apetece muchísimo. Me encantó la propuesta y me encanta la idea de poder desmelenarme con un personaje así y romper un poco con los clichés y los tópicos de lo que la gente espera de mí o de lo que he estado haciendo hasta el momento. Era una oportunidad de seguir trabajando en una línea de riesgo y de compromiso con un tipo de cine que rompe moldes y que obliga al espectador a ser creativo también, un cine sugerente que me estimula mucho, y lo que me apetece mucho es trabajar desde esta libertad, de poder desarrollar facetas diferentes y me diviertan. Yo me reivindico mucho como actor de comedia, todos los actores queremos hacer cosas diferentes y cuando ya lees tres o cuatro veces que eres un actor que elige personajes atormentados y complejos, también llega un momento en el que quieres romper con esa imagen. También para uno mismo para descubrir límites.

– La película ha pasado por el Festival de Rotterdam, también por el D’A de Barcelona, ¿crees que es una película que es más carne de festivales que de taquilla? ¿cómo crees que va a reaccionar el público con ella?

A. B.: Yo creo que esta película tiene por un lado el componente de cine de autor en el sentido de que el creador se permite una serie de licencias sin tener que explicar todo al espectador, sin cumplir las expectativas narrativas convencionales, pero es una película muy cercana, muy divertida, que es un goce visual, una explosión de luz, de color, de vitalidad, que es lo que rompe un poco con el cliché de la convención del cine de autor. Es esa capacidad de reírse un poco de un tipo de cine y darle la vuelta y creo que en ese sentido es una película muy de público y que puede gustar mucho porque no tiene una complejidad narrativa, es una sucesión de imágenes y de sensaciones que todo el mundo puede disfrutar. Es una película que gusta mucho en los festivales porque tiene ese cupo de vitalidad que le falta a veces a las películas más construidas y que en cambio tiene ese rigor y esa exigencia de una película que tiene muchas capas, que al segundo visionado ves muchas más cosas y más detalles.

– Pero dado que la película española que más taquilla ha hecho en los últimos años, también resulta ser una de las menos arriesgadas del cine español en mucho tiempo, ¿crees que Stella Cadente que es cualquier cosa menos convencional puede funcionar a nivel comercial?

A. B.: Yo creo que el hecho de que el cine español conecte con su público ya es una buena noticia, sea como sea, entonces yo creo que a todos nos beneficia que el espectador diga que aquí se hacen cosas que le llegan, que le estimulan, con las que se siente identificado. Cualquier signo de conexión con el público, teniendo en cuenta los últimos años en los que se ha desprestigiado mucho nuestro cine y no se le ha dado el apoyo necesario desde las instituciones para proteger la creación, creo que se ha ido haciendo un hueco el cine por su propia voluntad a pesar de todas esas trabas que se ha encontrado. Stella Cadente es una peli que no la puedes comparar con ninguna otra porque es absolutamente inclasificable, y si encuentra su público será precisamente por eso, por ser un ovni dentro del panorama cinematográfico español.

– ¿Cuál es en tu opinión el mayor problema entonces del cine español? ¿La falta de apoyo de las instituciones como me decías? ¿Crees que debería promoverse una mejor educación audiovisual del público?

A. B.: Es una pregunta muy compleja, creo que en algún momento se ha mezclado la política y el arte de una manera que no nos ha beneficiado en nada. Ha jugado en nuestra contra y estamos pagando el precio de haber alzado la voz en algunos momentos en los que no fue bienvenido. Ese es uno de los elementos y otro es el que durante muchos años se ha hablado del cine español como “ah, otra peli de cine español” en plan despectivo, y han conseguido las industrias más poderosas imponerse como el status quo de “esto es lo bueno, esto es lo que tienes que ver” sin que desde aquí haya habido el orgullo de apoyar lo nuestro y lanzar el mensaje de que lo que hacemos está muy bien. Puntualmente alguna película conectaba, pero creo que ahora es un momento de cambio en el que están saliendo voces muy interesantes de creadores que están haciendo películas por la necesidad de hacerlas. Vamos a tener que volver a remontar una industria desde cero.

– En cuanto al trasfondo crítico de la película que se esconde tras el aspecto visual, y que es la incapacidad de los gobernantes españoles para unirse por el bien común, ¿crees que se podría aplicar a la situación actual?

A. B.: Sí, es una parte de la propuesta que me interesó, el hacer esta alegoría con el momento actual que estamos viviendo, en el cual se está haciendo una política muy gris, de mentiras, de esconder todo bajo la alfombra y que requiere ahora mismo un momento de más cambio que el que ya estamos viviendo. Creo que es una película súper actual por ese componente de una España convulsa, de voces discordantes, de miseria, de corrupción, de falsedad e insolidaridad que se muestra y que el personaje vive con cierto dolor. Hay ciertos parlamentos que se incluyen en la película y que son discursos del personaje real, como el de su despedida, en el que dice que se va porque España es un país de ingobernables. Como dices se plantea un país que no vive por un bien común sino por unos intereses personales e interponiendo unos criterios que se supeditan al éxito personal más allá de la ética y el compromiso.

– Ya habías trabajado con Miñarro como productor, pero ¿cómo ha sido la experiencia de trabajar con él como director?

A. B.: Ha sido muy enriquecedor porque es un director novel con mucha experiencia. Ha producido muchísimo y muy buen cine y tiene esa trayectoria de crítico de cine, de gran conocedor del arte y con un criterio muy sólido de lo que quiere y con muchas ganas de arriesgarse. Entonces era como un niño con zapatos nuevos cada día, una aventura y una locura en la que nos estimulaba muchísimo para hacer algo totalmente deacomplejado. Esa actitud lúdica es la que a veces se echa de menos y es la que yo reivindico a la hora de trabajar creando sin plantearse a donde tienes que llegar o por donde va la industria. Fue un trabajo muy elocuente, él no tiene experiencia en la dirección de actores y te lo explicaba desde otro lugar, desde metáforas de lo que él quería y era muy clarividente. Claro, hay que tener ganas de trabajar desde esa incertidumbre al igual que el espectador debe tener ganas de pensar “¿qué me estás contando?”.

– ¿Te sientes más a gusto trabajando con esa libertad?

A. B.: Sí, yo creo que se está volviendo a imponer un cierto encorsetamiento en las estructuras y en los formatos narrativos, se están creando productos de industria muy bien diseñados a muchos niveles para acercarse a la mercadotecnia. Yo disfruto cuando puedo trabajar en ese marco de caos, de creatividad salvaje como es la propuesta de esta película.

– Antes hablaba con Bárbara de que su carrera ha discurrido por producciones con bastante calidad y me decía que se sentía muy afortunada por ello, ¿tú también te sientes afortunado con la carrera artística que has llevado?

A. B.: Sí, yo me siento muy afortunado porque me han llegado una serie de proyectos que me han permitido hacer otros o presentarme con personajes ricos y complejos que me han aportado el encontrar una línea determinada, que a pocos actores les pasa. Luego hay una parte de responsabilidad de uno mismo el que, cuando no llegan ir a buscarlos o rodearte de la gente con la que te entiendes bien para trabajar, en ese sentido también reivindico que el actor se haga su propio camino sin esperar a que le lleguen los proyectos, que provoque que le pasen cosas. Soy muy feliz por estar haciendo las cosas que me gustan y que me estimulan como espectador.

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– Lorenzo, ¿podrías definirme Stella Cadente?

Lorenzo Balducci: Lo primero que me sale es que es una cómica decadencia, son los dos aspectos que me llamaron más la atención de la película cuando leí el guión y sobre todo al rodarla. Amadeo de Saboya es un pretexto para contar una historia de decadencia, no sólo de un país porque lo que cuenta también se podría adaptar a Italia. Lo que también como espectador me encanta es como el director utiliza la comedia, el sexo, el morbo, todo mezclado de una forma muy inteligente no para provocar sino para que la gente reflexione sobre lo que acaba de ver, y creo que Luis Miñarro lo ha hecho de forma muy real aunque la película sea bastante surreal.

– ¿Cómo te llega la oportunidad de hacer esta película?

L. B.: Me llamó mi representante porque Luis Miñarro había visto la película de Carlos Saura Io, Don Giovanni, donde yo tenía una imagen bastante similar a la que quería. Es una película de época también y Miñarro le dijo a mi representante que había visto algo en mi personaje que le gustaba y que me quería para su película para ser el asistente del rey. Me puse súper feliz, no conocía a Luis pero me hablaron muy bien de él y del proyecto, y cuando leí el guión me enamoré de él. Como espectador me gusta ver cosas que no queden muy claras, que te dejen con sensación de dudas sobre lo que has visto. Esta película no te deja dudas como las que te quedan después de ver Matrix o Inception, que son otro tipo de dudas. Aquí lo realmente importante es el código, la forma de contar esta decadencia de la que habla. Era un personaje tan importante para mi carrera, y además en español que es la primera vez que actúo en español, que para mi fue un sueño formar parte de este proyecto.

– Compartes la mayoría de tus escenas con Álex Brendemühl, ¿cómo fue trabajar juntos? ¿y el trabajo con el director?

L. B.: Con estas preguntas los actores siempre dicen “muy bien” incluso cuando no es cierto, pero en este caso es verdad. Tuvimos tres semanas para rodar la película, fue muy rápido y Luis es una persona tan amable, tan sencilla aunque la película no lo sea, y te sabe explicar las cosas por muy provocadoras que sean de una manera muy sencilla. Sonríe mucho y es una cosa que me encanta, te cuenta cosas muy atrevidas con una sonrisa como si fuera un niño que te cuenta algo muy fuerte que se le acaba de ocurrir. Lo que ha salido es el resultado exacto de lo que él quería hacer, tenía ideas nuevas durante el rodaje, cosas muy fuertes, pero a mi como actor no me gusta tener el freno puesto, me gusta hacer cosas que vayan más allá de mis miedos o mis vergüenzas. Cuando me dijeron que Lola Dueñas iba a estar en la película flipé porque me encanta y además es una de las mejores actrices y personas que he conocido en un rodaje. Y Álex, que no le conocía personalmente, es un profesional al que veía trabajar cuando no estaba en escena con él y me encantaba, es tan preciso, se nota que se ha trabajado mucho el personaje para llegar al rodaje, y como todos los grandes actores no tiene esa actitud vanidosa que tienen muchos.

– Hablando de los límites que te pones o no te pones como actor, hay una escena de la película bastante perturbadora en la que los protagonistas sois tú y un melón…(SPOILER: Es una escena de masturbación con un melón totalmente explícita) ¿cómo te planteas una escena así? ¿qué piensas al leer el guión y saber que tienes que hacer algo así?

L. B.: (Risas) Esa precisamente era una escena que no estaba en el guión. Yo estaba en México cuando me llamaron para hacer la película y después de haber leído el guión me llamó Luis para hablarme de esta escena y me pilló muy desprevenido. Él me preguntó si quería hacerla yo o si quería un doble o que pusiéramos una prótesis…lo pensé 30 segundos y le dije “lo quiero hacer yo”. Aunque yo sea muy tímido en la vida real, pensé que algo así no me iba a volver a pasar otra vez en la vida, y además tiene que tener un sentido hacer esto en la película. Fue un riesgo que acepté pero Luis me dio mucha confianza. Me pareció muy atrevido, pero como te decía antes no me gusta tener el freno puesto. Cuando fui a hacer la escena no me daba vergüenza porque no había casi nadie pero tenía miedo de que no saliera bien…de no estar listo para hacer la escena (risas) y me ayudé también con viagra porque, a ver, no es una situación íntima con alguien y además no es alguien, es algo, y en un rodaje, necesitaba ayuda. No supuso ningún conflicto para mí el rodarla, mientras estás haciendo algo así de fuerte te sientes libre, si te dejar llevar y no piensas en que estás desnudo haciendo lo que estás haciendo delante de gente, tienes una sensación de libertad muy grande. Tardamos una media hora en hacer la escena y luego la eché de menos (risas). Me concentré mucho en empezar la escena pero no en cómo desarrollarla, y todo lo que pasa se rodó en una sola toma, yo la veo y recuerdo que fue pura improvisación.

– La primera vez que viste la película ¿te sorprendió el montaje final?

L. B.: La primera vez la vi en un ordenador, por lo que para mi la segunda fue como la primera vez que la veía. La vi en la Filmoteca de Barcelona hace un mes con todo el equipo y es otra energía, estaba tan feliz al verla. La temática, la estética de la película tiene todo un resultado que me encanta.

– Aparte de haber rodado a las órdenes de Carlos Saura, esta es tu primera película rodada en España con un equipo español, ¿cómo ha sido tu experiencia con el cine español?

L. B.: Es una película pequeña que se rodó en tres semanas, la productora es como una pequeña familia, y la suerte es que te enfrentas a un contexto muy humano y donde a los actores se les trata muy bien. Lo que me ha pasado aquí es lo mismo que me pasó en Italia con producciones de jóvenes directores en los que lo que importa es el trabajo y la calidad, a pesar del poco dinero y el poco tiempo para hacer las cosas. Hacía mucho que no trabajaba cuando me llamaron desde España, que es un país en el que siempre he querido trabajar y fue un sueño para mí que se estaba convirtiendo en realidad. España para mi es como una segunda casa.

– ¿Te parece que una película como Stella Cadente podría triunfar en Italia?

L. B.: No es fácil que en Italia se haga una película así, tan fuerte, con este tipo de lenguaje entre antiguo y moderno. Hay películas en Italia que si no tienen bastante promoción no pueden durar más de dos semanas en cartel. Vivimos en una época tan comercial, es tan difícil dejar que el público se ponga a pensar delante de la pantalla que para una película como esta el público tiene que tener la cabeza lista para ella. El público de esta película es público de festivales.

– ¿Te gustaría seguir trabajando en España? ¿con quién?

L. B.: Bueno, decir Almodóvar es como un cliché pero me encantaría. También hay una película española, Princesas, que me gusta mucho y me gusta mucho ese tipo de películas. El otro día vi Carmina y amén y, a pesar de que no lo entendía todo, me pareció tan poderosa la forma de contar esa parte de España, esos personajes. Me recordó a Pasolini, a Fellini, y es un tipo de cine que me encantaría hacer. El drama es lo que está más cercano a mi identidad, a lo que me sale espontaneo. La comedia no es fácil hacerla, a mi no me interesa el tipo de comedia que se hace en Italia, me gusta más la ironía británica o americana para estas cosas.

– Sin entrar en temas personales, quería preguntarte si ha perjudicado a tu carrera en Italia el escándalo del G8 (El padre de Lorenzo, Angelo Balducci, fue el principal acusado en un caso de corrupción vinculado a las obras del G8 en su país).

L. B.: No me supone ningún problema hablar de ello, pero no tengo una respuesta precisa a esa cuestión. Es decir, nadie me dijo “no vas a volver a trabajar por esto”, pero justo el año que pasó esto se estrenó una serie de mucho éxito en Italia en la que yo trabajaba de protagonista, y normalmente después de un proyecto tan bueno como este suele llegar mucho trabajo y no pasó nada. Si no pasa nada a nivel laboral después de esto, es que algo quiere decir. Me puse a reflexionar, en 2012 me fui de Italia porque pasé un año sin hacer nada y me fui a Nueva York para seguir estudiando. De allí me fui a México y entonces me llamaron para esta película. Hay cosas en la vida que pasan, errores por los que no se puede volver atrás, pero hay que aprovechar esos momentos para cambiar tu vida y empezar de cero, levantarte o no. Todavía sigo levantándome porque no es fácil, también está la crisis a nivel general, no sólo para mí, y desde que empecé a levantarme me están pasando cosas buenas como el estar aquí ahora hablando contigo. Ese es el resultado de la decisión de seguir adelante.

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