DocumentaMadrid 2014: Días 7 y 8

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Two raging grannies

Abuelas contra la crisis y la historia real tras Tarde de perros.

DocumentaMadrid va llegando a su fin y mañana conoceremos las películas ganadoras de los distintos premios que otorga el festival. Pero todavía nos quedan por ver algunos documentales tan esperados como el que nos habla del músico Antonio Vega, Tu voz entre otras mil, del que os daremos cuenta junto con el palmarés completo.

Pero antes de eso, aun tenemos tiempo para una crónica más. Si la última que publicamos estaba dedicada a dos documentales de la sección Panorama del documental español, esta que nos ocupa hace lo propio con dos películas que compiten en la sección oficial a concurso, que este año se está destacando por su total heterogeneidad en cuanto a temática y propuestas narrativas.

Ayer pudimos ver las correrías de dos ancianas a través de los Estados Unidos en Two raging grannies, del director noruego Håvard Bustnes. Shirley y Hinda, dos amigas que crecieron durante la Gran Depresión, reviven en estos días el miedo y la miseria que se apoderan de la población a su alrededor con una nueva crisis económica. Su carácter activista y reivindicativo, aun a sus cerca de 90 años y sus limitaciones físicas, las llevan a querer saber más sobre las causas que han llevado al mundo civilizado a una brutal recesión económica, y sobre todo a querer buscar una solución para salir de ella. Juntas deciden consultar a expertos financieros y estudiar las posibles salidas de la crisis, llevando su reivindicación del freno al crecimiento económico incluso al mismo corazón de Wall Street. Bustnes convive con estas dos “yayaflautas” norteamericanas en su empeño de salvar al mundo subidas en sus scooters para discapacitados, y trata de crear una película conmovedora jugando con las emociones que provocan los chascarrillos sarcásticos de las dos ancianas, pero sobre todo con el dramatismo latente con sus limitaciones físicas y su gran amistad por encima de todo.

Two raging grannies

Two raging grannies

Two raging grannies manipula conscientemente con su montaje la esencia de lo que pretende contar, que no es otra cosa que la preocupación en un ámbito de la sociedad, en este caso el de los ancianos que superaron crisis y guerras y que ahora ven como sus nietos y bisnietos no van a heredar lo que ellos ganaron con su sufrimiento. En lugar de eso, estamos ante una comedia geriátrica con el toque justo de ternura para calar en el público.

Con la que sí nos hemos llevado una gran sorpresa ha sido con el documental con el que cerramos nuestro paso por la sección oficial, The dog. En 1975 Sidney Lumet llevó al cine uno de los atracos a un banco más bizarros y estrambóticos que se recuerdan, en la película protagonizada por Al Pacino Tarde de perros. La historia real del atraco tuvo lugar tres años antes cuando un tal John Wojtowicz decidió que la única manera que tenía para conseguir el dinero necesario para que su amante se sometiera a una operación de cambio de sexo era la de robar un banco a plena luz del día. El documental dirigido por Allison Berg y Frank Keraudren parte de este hecho para profundizar en la vida de Wojtowicz, conocido como El perro después de que su “hazaña” fuera llevada a la gran pantalla, descubriendo a un personaje mucho más rico de lo que la simple anécdota del robo pueda hacernos sospechar. Comenzado a rodar en 2002, The dog nos presenta a un estrafalario veterano de Vietnam, gay confeso en los convulsos años 70, que va actuando de narrador y hasta de director de la película de su vida durante sus últimos cuatro años de existencia. La personalidad y la peculiaridad de su vida sexual y amorosa son la base en la que se centra la película para poder contarnos cómo llegó a plantearse el delinquir por, según sus propias palabras, un acto de verdadero amor. Pero más allá del famoso atraco, la película nos muestra cómo la personalidad de John, “perturbada” según sus propias palabras, se fue conformando con la revolución de la libertad sexual de los últimos años de la década de los 60, y sobre todo con la irrupción de la apertura gay ante la sociedad de la que fuera parte activa. Su arrogancia combinada con su complejo de superioridad, fueron claves para convertir a un delincuente frustrado de poca monta en todo un personaje, casi héroe para algunos, que no dudó en aprovechar la fama que la película de Lumet le supuso para sacar dinero incluso firmando autógrafos en la misma puerta del banco que intentó atracar. Berg y Keraudren, este último responsable también del espectacular montaje del documental, siguieron durante cuatro años a Wojtowicz y a su entorno más íntimo, recogiendo sus vivencias y recuerdos, mientras el cáncer se iba apoderando de su organismo, a modo de panegírico en el que no faltan imágenes y grabaciones de archivo, tanto de las movilizaciones para el reconocimiento de los gays como del propio atraco y, por supuesto, de las consecuencias mediáticas que éste tuvo durante mucho tiempo después. The dog sorprende en tanto en cuanto lo que se espera de ella es una recreación de un hecho que dio lugar a una película de gran éxito, pero acaba descubriéndonos una historia muchísimo más interesante en torno a la persona que la inspiró.

The dog

The dog

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