DocumentaMadrid 2014: Días 5 y 6

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Una esvástica sobre el Bidasoa

Nazis en Euskal Herria y concursos de música clásica.

Dos películas de la sección Panorama del documental español del Festival DocumentaMadrid de este año son las que hemos visto en estos dos días. Dos documentales cuyos únicos puntos en común son la ausencia de riesgo a nivel formal y su capacidad de realizar a partir de unas premisas muy básicas unas historias tremendamente interesantes, pero que en cuanto al contenido no pueden ser más distintos entre sí.

El primero de ellos, Una esvástica sobre el Bidasoa, retrocede de nuevo a la segunda guerra mundial para hablarnos de un episodio escondido durante años de las maquinaciones del régimen nazi para conquistar Europa. Cuando parecía que ya estaba todo dicho sobre esta oscura época, durante un festival de cine en Alemania se descubrió la única copia un cortometraje rodado por un cineasta afiliado al régimen llamado Herber Brieger, que tenía por título Im lande der Basken (En tierra de vascos). Dicho documental muestra las vidas y costumbres de los habitantes del País Vasco, representados como hombres y mujeres valerosos y sanos, y sobre todo desde una perspectiva racial muy similar a las películas de propaganda nazi sobre la raza aria. El maltrato sufrido por el País Vasco durante la guerra civil española por parte de las tropas nacionales, y la idiosincrasia de un pueblo muy distinto en carácter y lengua al resto de España, en lugar de provocar el rechazo del gobierno nacionalsocialista de Hitler, presumiblemente más afín a la política de Franco, desató su curiosidad y su empeño por crear en ese remoto lugar un reducto de raza aria para expandir su territorio más allá de la Europa ocupada.

Una esvástica sobre el Bidasoa 2

Una esvástica sobre el Bidasoa

Una esvástica sobre el Bidasoa posee una estructura muy convencional: imágenes de archivo junto a las del propio documental Im lande der Basken, alternadas con entrevistas personales a historiadores, testigos de aquella época e hijos de los protagonistas de todo el entramado nazi para conseguir la alianza del pueblo vasco. Pero de entre todos ellos, quien tiene un papel destacado en Una esvástica sobre el Bidasoa es precisamente el hijo del cineasta que rodó aquel documental. Nicolas Brieger, hijo de Herber Brieger, habla de su padre con cierto desconcierto. Herber no fue el hombre a quien admiró toda su vida, se guardó mucho de proclamar su afiliación al régimen del III Reich y hasta que el documental no vio la luz, y los directores de Una esvástica sobre el Bidasoa no se pusieron en contacto con él, nunca supo de esta afiliación. Impresiona ver cómo para este hombre, el descubrimiento de la faceta de cineasta para los nazis de su padre, le hace replantearse toda su vida y cómo se muestra confuso e intenta buscar una explicación razonable que le ayude a entender los motivos que le llevaron a formar parte de aquello. El documental indaga en una parte de la historia desconocida para buena parte de la población.

One minute for conductors

One minute for conductors

La otra película que hemos podido ver estos días ha sido One minute for conductors, un documental que se adentra en el Concurso Internacional para Directores de Orquesta Antonio Pedrotti que se celebra anualmente en la ciudad italiana de Trento. Hasta allí se desplazan cientos de jóvenes aspirantes a director de orquesta con sus ilusiones, miedos y sobre todo con su pasión irrefrenable por la música, y durante una semana se someten a las duras decisiones del jurado y de su presidente, el director austriaco Gustaf Kuhn. Como si de un talent show televisivo se tratara, los directores Ángel Esteban y Elena Goatelli, siguen a los 131 jóvenes que se dan cita en la competición durante las pruebas en las distintas fases de la misma, con testimonios de varios de ellos en los que hablan de sus nervios y de lo duro y a la vez emocionante que es estar allí. Tampoco se trata este de un documental que sorprenda por lo conservador de su propuesta, pero sí está tratado con la delicadeza propia de las partituras que los directores a los que retrata ejecutan. Los directores han montado una carrera contra reloj emocionante y llena de tensión con las 170 horas de grabación de las que disponían, sin permitir un solo atisbo de sentimentalismo a lo Operación Triunfo o inducir al espectador a la compasión. Al compás de Beethoven, Bartok o Bach, vamos conociendo a los candidatos y viendo el compañerismo del que hacen gala en contraste con la dureza del jurado hacia ellos, en un desarrollo de la competición que no hace más que confirmar la soberbia de los músicos de élite. One minute for conductors, que hace referencia al minuto que en una primera fase del concurso se otorga a cada participante para demostrar su maestría, no es solamente un documental para amantes de la música clásica, aunque es difícil no sentir los pelos de punta ante las piezas que se interpretan, sino que seduce por la honestidad con la que nos enseña los entresijos de los concursos de talentos y sobre todo por la naturalidad de los competidores. A destacar un director de orquesta-samurai japonés, Hikaru Hebihara, que hace las delicias de todos los que le rodean, incluyendo a los espectadores que disfrutan de su arte y de su encantadora expresividad desde el otro lado de la pantalla. Muy recomendable sin duda.

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