DocumentaMadrid 2014: Día 4

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Polanski, menonitas en la Pampa y familias desestructuradas.

Una de las secciones de DocumentaMadrid a la que todavía no habíamos hincado el diente es la llamada Focus on Directors, una mirada hacia varios directores de cine consagrados a nivel mundial como Ingmar Bergman, Bernardo Bertolucci o Eric Rohmer. La Filmoteca Nacional acoge esta sección que sale fuera de la sede oficial del Festival en La Cineteca, donde además de programar los documentales dedicados a 9 grandes cineastas, proyecta de cada uno de ellos uno de sus trabajos más reconocidos. Para estrenarnos en Focus on Directors, nada mejor que hacerlo con un documental sobre la vida de Roman Polanski.

En 2009, la organización del Festival de Cine de Zurich invitó a Roman Polanski a acudir para recoger un premio a toda su carrera. Al bajar del avión para dirigirse al Festival fue detenido por la policía por orden judicial de los Estados Unidos que le acusaban de haber violado la libertad condicional en 1977 cuando, después de haberse declarado culpable de haber mantenido relaciones sexuales con una menor, huyó del país para refugiarse en Europa. Sentenciado a cumplir arresto domiciliario en su casa de Gstaad hasta que las autoridades suizas decidieran si le extraditaban a Estados Unidos o no, su amigo el productor Andrew Braunsberg decidió recoger en una película una extensa charla-entrevista con el director para hablar de las tragedias y las alegrías sufridas a lo largo de su vida. Dirigido por Laurent Bouzereau, Roman Polanski: a film memoir recoge buena parte de las conversaciones que Polanski y Braunsberg mantuvieron a modo de autobiografía, más personal que profesional, del polaco. Comenzando por los recuerdos de su infancia en el gueto de Varsovia creado bajo la ocupación nazi, vemos a un Polanski que se emociona y llora al recordar a sus padres y narra varios episodios que vivió personalmente de niño, que años más tarde le servirían para realizar El pianista. Todo lo vivido en la ocupación nazi, la desaparición de sus padres y el hambre en la postguerra, unido a la trágica muerte de su segunda esposa, la actriz Sharon Tate, a manos de la “familia” de Charles Manson, y su ingreso en prisión por los delitos sexuales anteriormente mencionados, ocupan la mayor parte de las charlas entre los dos amigos, que sólo cuando hablan de su relación con su actual esposa Emmanuelle Seigner, consigue que el director desprenda una felicidad que durante mucho tiempo vio negada. Acompañando a los dos contertulios se añaden numerosas imágenes de archivo de la familia Polanski, así como del gueto de Varsovia y de las apariciones en prensa del cineasta. También por supuesto se incluyen imágenes de su cine, del que obviamente se habla en el documental, pero esta faceta se incluye más como mero trámite para hablar de su vida privada aunque no obstante nos deja confesiones como la de que Repulsión es la película de la que menos orgulloso está porque supuso una prostitución de su libertad cinematográfica, o su deseo de que, de ser enterrado con alguna de sus películas, sea con El pianista. Todo un lujo de documental para cualquier admirador de Polanski.

Roman Polanski: a film memoir

Roman Polanski: a film memoir

Y de un veterano en esto del cine a un debutante. De un genio a un director que confiesa no saber filmar y simplemente empezar a grabar como mejor le pareció. Me cuesta mucho definir y hablar sobre Ekpyrosis y es que en los 67 minutos que dura, lo que vemos son planos de niños, amaneceres, atardeceres, más planos de niños, el sol apareciendo por una parte de la pantalla o escondiéndose por la otra, un cielo rojo, un cielo azul, un cielo amarillo, más planos de niños, reflejos del sol en la hierba o a través de la ropa tendida (cuánto daño ha hecho Terrence Malick y su árbol de la vida), árboles por cierto, despieces de ganado, arco iris, más planos de niños, niños posando para la cámara en planos fijos interminables, niños jugando, niños llorando, niños comiendo, niños estornudando…; “habilidades” técnicas tales como secuencias ralentizadas, secuencias ralentizadas todavía más, secuencias aceleradas o incluso otras hacia atrás, planos aéreos boca arriba, boca abajo y haciendo piruetas, ¿por qué no?;  una fotografía con la que pasa de un exceso de luz a una total penumbra en un mismo plano, y a la que le añade filtros para mostrar escenas con efecto retro, con saturación de colores o envueltas en nebulosa (cuánto daño ha hecho Instagram).Y todo esto, se preguntarán, ¿para contarnos qué exactamente? Pues según su director, el argentino Nikolas Klement, para enseñarnos la vida cotidiana en una comunidad menonita de La Pampa argentina. Me disculparán, pero ver a cámara lenta a un hombre poniendo cemento en un muro, ríos de sangre que brotan de reses muertas y a un puñado de niños mirando a cámara durante toda la película, mientras de cuando en cuando una voz en off recita pasajes menonitas, no es mi concepción de cotidianeidad de ninguna sociedad. Inclasificable.

Ekpyrosis

Ekpyrosis

Por suerte, la última cinta del día nos ha hecho recuperar la fe en la humanidad tanto cinematográficamente hablando como a nivel precisamente humano. Un sitio donde quedarse es el tercer trabajo de las documentalistas Marta Arribas y Ana Pérez de la Fuente quienes se adentran en la problemática de los menores sin hogar que tienen que abandonar los centros de acogida al cumplir la mayoría de edad. Con un formato más cercano al reportaje televisivo de investigación, del cual provienen las dos directoras y eso se nota bastante al ver el documental, Un sitio donde quedarse sigue la pista de dos de estos chavales, Adrián, un chico proveniente de una familia que se quiere pero que por las circunstancias de la vida tienen que mantenerse separados y alojados cada uno de ellos en un albergue distinto, y Samya, madre adolescente cuya hija tiene que estar siendo cuidada por una familia de acogida. Ambos casos son cubiertos y seguidos por los educadores sociales de la Comunidad de Madrid, que son los verdaderos héroes de la película. Son sus referentes, sus únicos apoyos para poder salir adelante, encontrar un trabajo y poder vivir solos fuera de los centros de menores, pero para los educadores supone un reto continuo no sólo ocuparse de estos chicos hasta estar seguros de que pueden valerse por sí mismos, sino el poder abarcar todo el flujo de adolescentes sin hogar con el que se tienen que enfrentar a diario. La película que como digo es más apta para el formato televisivo que para el cinematográfico, sirve como testimonio y como denuncia de todos esos casos que cada día abundan más en las calles de toda España, y ante los que los pocos medios humanos y materiales de que se dispone pueden hacer nada.

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