Críticas: 3 días para matar

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3 días para matar

Kevin Costner apunta, dispara y resucita en París.

Hay películas que reciclan materiales conocidos por el público y le dan un aire fresco a su propuesta. En algunos casos se suman además las carreras de profesionales creativos y técnicos que, después de varios años sin entregar productos reseñables, se encuentran en forma y con ganas de ofrecer un trabajo sorprendente, mejor de lo que anuncia el trailer y otras promociones. 3 días para matar sigue este esquema de entretenimiento efectivo.

Desde la primera secuencia, la acción se centra en Belgrado y presenta a un equipo de agentes y espías de distintas nacionalidades a los que conocemos por sus apodos (Lobo, El Albino) y el nombre (Ethan Renner) en el caso del rol encarnado por Kevin Costner. Toda la escena se desarrolla como si presenciásemos una nueva entrega de Misión: Imposible, con suspense, tiroteos y explosiones espectaculares, aunque sin perder de vista a Ethan, marcando su situación personal y psicológica con una economía descriptiva más propia del cine de acción añejo, de serie “B” que del actual cine de acción atormentado por tramas cruzadas, oscuras y complejas.

El arranque supone un enganche fuerte que apunta el ritmo de la película, igual que si tuviéramos entre manos la lectura de un comic dinámico, directo al grano, más cercano al espíritu de Sin City que al de los complicados superhéroes contemporáneos. El film prescinde de argumentos secundarios que nos distraigan de las andanzas del agente Renner, un nuevo héroe solitario, silencioso y emparentado con personajes fuertes interpretados antes por la estrella californiana.

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El protagonista, aquejado de una enfermedad degenerativa que amenaza su salud,  regresa a París con la intención de recuperar la fraternidad y amor perdidos con su hija y su mujer. Afortunadamente el tratamiento sensiblero se sustituye por situaciones más propias de una comedia. La película recurre a varios mcguffins para que la narración siempre avance. Poco importa saber realmente el alcance de las armas con las que trafican los malos. Ni el antídoto que puede curar a Ethan. Son elementos que ayudan a la intriga pero sin retrasar la diversión. El metraje descansa por entero en la presencia constante de Kevin Costner, creíble, simpático y rudo al mismo tiempo. Respaldado por un elenco de actores y actrices que no desentonan.

Luc Besson es el coguionista y productor del largometraje, por lo que su sello autoral se detecta desde el principio. Con esa querencia del realizador galo a los guiones desenfadados, con unos personajes y dinámica propios de las viñetas gráficas del noveno arte. Sus propios referentes podrían ser León, el profesional, aunque en este caso no se han buscado enemigos tan amenazadores como el que representaba Gary Oldman en aquel famoso título. Besson cede la dirección a McG, un director especializado en cintas y series de acción, que demuestra buenas maneras en las persecuciones automovilísticas, las secuencias de tono intimista y el tono cómico general. Incluso en los pasajes que se desarrollan en la casa/ guarida del personaje principal, es muy acertado y sutil el cambio de unos registros más dramáticos -con la familia de emigrantes que ocupan el inmueble; o incluso más desasosegantes, como son las torturas que inflige Ethan a sus prisioneros- pero que siempre dan paso a gags efectivos, capaces de sortear esa profundidad innecesaria en el tratamiento del relato.

3 días para matar no es un título indicado para ganar premios en certámenes o festivales cinematográficos, salvo quizás los especializados en el trabajo con dobles y especialistas, seguramente no sea esta la intención de sus impulsores. Sin embargo el resultado es una cinta entretenida, que no se hace pesada durante sus dos horas de duración. Tal vez se podrían refinar algunos recursos repetidos como las llamadas al móvil de la hija del protagonista, o bien las alusiones a la bicicleta. Elementos que, a pesar de esta redundancia, funcionan.

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Merece la pena destacar otras cuestiones también humorísticas, en el uso de marcas de automóviles, en las que la francesa Peugeot vence al prestigioso Audi germano. O los diálogos irónicos sobre la jubilación de los héroes de acción, reforzados por Costner con sus miradas y presencia. Me gustaría destacar también que se podría tomar nota en cuanto al estilo y maneras de este film para la futura adaptación cinematográfica de Anacleto, agente secreto (anunciada para el 2015 y dirigida por Javier Ruíz Caldera) un tebeo de toda la vida al que se le hallan felices coincidencias involuntarias.

La película no nos engaña desde sus carteles ni otros materiales publicitarios. Se agradece un entretenimiento que, sin distinguirse por su novedad narrativa, sí demuestra un oficio sólido, demostrado por parte de todo el equipo técnico y artístico, sin más ambiciones que hacer pasar un buen rato y sin ensombrecer con ideas, más propias de un culebrón, este producto comercial y sencillo.

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