Cannes 2014: Día 5

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"The Homesman" Photocall - The 67th Annual Cannes Film Festival

Nebraska y Carabanchel, capital Cannes.

Siempre tenemos en este Festival un día emboscado, un día creado para causar desesperación entre la prensa más mundana. La receta es bien sencilla, cójase una película muy esperada, alíñela en fin de semana y sírvala en la reducida sala Debussy, los lamentos e imprecaciones de los que se queden fuera ayudarán a aumentar la mítica clasista del certamen, algo así como las ambulancias aparcadas fuera del Auditori de Sitges antes de que A serbian film lo cambiara todo. A nosotros más allá de la anécdota nos da un poco igual, sobre todo si ha habido cine del bueno en la jornada, El Cronenberg puede esperar.

Corrían encendidos debates por los mentideros de prensa a la salida de la película de Tommy Lee Jones que inauguraba la jornada de hoy en el Gran Teatro Lumiere y es que el western (así en general) es, probablemente, el género cinematográfico que más conflictos ha generado en torno a su interpretación o a sus posibles lecturas o contralecturas ideológicas. Individualismo vs. colectividad, legalidad universal vs. justicia personal, sexismo… ¿es posible retratar una época donde los valores imperantes no son coincidentes con los de nuestros días sin que se asimile el retrato con la intención del autor? Quizá deberíamos preguntarle a Kelly Reichardt para que nos diera con una copia de Meek’s cutoff en los morros pero olvidando este evidente (y estupendo) intento de contar la conquista del oeste desde una perspectiva propiamente femenina, no somos partidarios de buscar los tres pies al gato de la ideología en un film como The homesman. Quizá porque no es lo que más nos interesa del asunto, quizá porque preferimos cuando, en el cantar de gesta versión USA que es este bendito género, la cámara se planta en el terreno y deja que éste haga la historia, no hace falta más, la voz que surge de la pradera ya tiene por sí misma la suficiente fuerza épica para que todo lo demás sobre y si todo lo demás falla siempre nos quedará esa extensión sin horizonte. Podríamos hablar de los errores del film de Tommy Lee Jones pero preferimos reivindicar sus aciertos aunque éstos no difieran de los que posee todo el género, a veces con eso es suficiente.

The homesman

The homesman

Hace unos meses, cuando el nuevo proyecto de Jaime Rosales se dio a conocer, un afamado periodista cinematográfico dudaba de la capacidad del barcelonés de transmitir verazmente los problemas generacionales de una juventud sumida en el vértigo de un futuro improbable. Se alegaba entonces que la pertenencia del director de Hermosa juventud a lo más granado de la burguesía catalana impedía la visión periférica necesaria para el caso… bien, hay veces que la realidad (bendita sea) ajusta sus cuentas con los saltadores de piscinas deshidratadas y es que Rosales ha filmado la película definitiva sobre este momento, en medio de ninguna parte, que atenaza proyectos, que enmierda sentimientos, que agosta impulsos y juventud, sí, hablamos de la crisis, no rebuscando en sus causas morales, ni mucho menos en las económicas sino en la más injusta (sí, existe la justicia) de sus consecuencias. Sobre por qué nos atrevemos a hablar en estos términos de su relevancia también podríamos decir bastante pero, en primer lugar debemos mencionar su insultante naturalidad, su capacidad para crear situaciones, diálogos, imágenes y sensaciones creíbles para cada uno de nosotros: nada de impostura, nada de ser consciente del artificio, mucho de preguntarnos dónde ha terminado las aportaciones de sus protagonistas y dónde empezado la labor del director, ¿improvisación, guión estudiado? no lo sabemos pero todo funciona y fluye y la cámara de Rosales encuadra tras puertas, tras ventanas como un visitante no deseado, como un voyeur de sentimientos y nos emocionamos con los tristes ojos de su protagonista que, con cada uno de sus silencios, nos lleva a un nuevo estadio hasta que, con su plano final, nos recuerda que la esperanza es un invento de optimistas, la más cruel de las mentiras.

Hermosa juventud

Hermosa juventud

Siempre se recibe con alegría el paladear una buena película de género en una larga cita festivalera como la de Cannes, más cuando dicho género es el terror, lo que conlleva el impacto de la emoción no necesariamente intelectualizada sino más bien primaria, “usted me asusta y yo grito”, el trato es bien sencillo. It follows cumple hasta cierto punto con el requerimiento, aunque es cierto que el horror que provoca es más psicológico que visceral (tomen como válidas todas las acepciones del término), cargando la suerte en darle un nuevo giro al clásico slasher teen (sí, aún es posible), a las interrelaciones del mismo con el sexo, incluso al clásico egoísmo adolescente en su forma de ver la vida (no parece casual la ausencia de adultos en su metraje). David Robert Mitchell nos recuerda en su gris armageddon al Kairo de Kiyoshi Kurosawa, un apocalipsis donde los fantasmas del sexo han sustituido a los tecnológicos. Que esto se cuente en la era post-sida y que nos lo creamos no deja de tener su mérito.

It follows

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