Cannes 2014: Día 3

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Rosario y Mireille, las chicas de Atom.

En la tercera jornada de Cannes volvimos a disfrutar de algunos de esos eventos tan habituales en el certamen: las vallas que impiden en cruce de la avenida de la Croisette, la jornada que va de una cola a la siguiente sin pausa para el almuerzo, los gritos llamando a Raoul en la sala Debussy y los momentos agridulces en la Sección Oficial. En fin, todo un día viviendo cine: agotador y definitivamente feliz.

Teníamos una fe menguada, si debemos hablar de las expectativas meramente cinéfilas, en la nueva película de Atom Egoyan, quizás por el recuerdo del comentado pase de Devil’s knot en el pasado Festival de San Sebastián. Y es que el director canadiense parece tener una especial habilidad en demostrar su incapacidad para elegir el tono adecuado para sus relatos. Exacerbado en el drama, soso en el suspense, Egoyan parece supeditar en The captive la congruencia del relato al peso de su estructura, preñada de continuos flashbacks que no tendrían porque molestar (como tampoco tendría porque hacerlo la temprana sobreinformación que otorga al espectador) si no fuera porque debido al excesivo protagonismo de ese esqueleto narrativo la ilación de los hechos que narra deviene en caos absoluto, caos poblado por fantasmagóricos personajes que aparecen y desaparecen sin que sepamos muy bien los motivos que pueden llevar a introducirlos para, a continuación, negarles cualquier relevancia, Egoyan ejerce de hambriento Saturno devorador de las criaturas que engendra. Si esta trama desvaída no fuera suficiente para desvirtuar los valores que se le suponen a un thriller de empaque, su resolución es la definición de lo anticlimático, una pequeña guía de como no finalizar una historia, la sublimación de lo no narrativo. No creo que volvamos a ver al amigo Atom por la Croisette.

The captive

The captive

Hoy había doble sesión en el Gran Teatro Lumiere y, tras el mal trago de Egoyan, tocaba la densidad de Nuri Bilge Ceylan. El director turco es, probablemente, el cineasta de la actualidad que más fisicidad otorga a sus imágenes, tanto que en muchas ocasiones parece éstas tuvieran peso propio, sobre todo cuando Anatolia con su niebla, sus suelos pardos, sus casas excavadas en plena roca se transforma en protagonista del encuadre. En Winter sleep esa gravedad del terruño se contagia a sus personajes, geografía física y humana, ambas regidas un terrateniente, maravillosamente interpretado por Haluk Bilginer, que domina, con la excusa del despotismo ilustrado, la vida y las posesiones de todos los que le rodean. En el continuo engarce de conversaciones que articulan las tres horas y cuarto que dura el film, iremos desvelando, capa tras capa, disfraz tras disfraz, las debilidades de un hombre, la realidad que oculta tras el gesto de benefactor, el eco a Los hermanos Karamazov que resuena a lo largo del metraje. Evidentemente Winter sleep es exigente con su espectador, no podía ser de otra manera.

Winter sleep

Winter sleep

Comentaba Damian Szifron, el director de Relatos salvajes, la película argentina de la Sección Oficial del Festival, a propósito de su fuente de inspiración para el particular, el impacto que le supuso ver en los años 80 la serie Cuentos asombrosos dirigida por Steven Spielberg. Bien es cierto que si el pulso narrativo es el punto de unión que emparenta a ambos productos, la película argentina se decanta antes por la actualización que por el mero homenaje, sustituyendo los fenómenos paranormales por serendipias, la aparición de fuerzas ocultas por la rabia apenas maquillada con la que compartimos nuestro día a día. Precisamente es la rebelión individual contra la burocracia, el abuso político, la mentira, etc. el combustible que alimenta el motor del film, afrontado afortunadamente (sin duda el mayor acierto de su autor) desde una perspectiva humorística que consiguió empatías con la colaboradora platea, necesitada de algún pequeño guiño tras tanta gravedad turca. Destacar de las seis historias que componen el film, la última de todas ellas, la boda más honesta que nadie imaginó alguna vez, la prueba de que el verdadero amor y el sexo más salvaje nacen de la sinceridad extrema. Habrá que probarlo, digo yo.

Relatos salvajes

Relatos salvajes

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