London Calling: My Prairie Home

Escrito por

Twitter icon
Rae Spoon @Maya Bankovic

Rae Spoon @Maya Bankovic

My Prairie Home, o dimitir de los géneros.

“Estoy aquí para decirte que existo”, Rae Spoon

My Prairie Home arranca en un diner de algún pueblo perdido en la vasta Canadá. La espalda de un cuerpo sentado en la barra nos da la bienvenida. En medio del sonido ambiente de tenedores y cafeteras, su voz empieza a entonar una canción acompañada por una guitarra, al tiempo que se levanta y pasea por el local, donde la gente duda entre seguir con su rutina u observar a este ente, que con un rostro muy serio mira fijamente al objetivo mientras de su boca sale una historia que poco a poco se vuelve comprensible también para quien la cuenta.

Es la primera secuencia y el primer videoclip del documental que dirige Chelsea McMullan. Su espléndido y original lenguaje cinematográfico desborda una cinta que con facilidad hubiera podido quedarse formalmente en la superficie, abstraído por la historia de Rae Spoon, que cambia de country a pop electrónico, con la misma gracia que deja de ser mujer para ser hombre para ser Rae Spoon. “Ambxs sabíamos que sería un documental musical sobre unx músicx transgénero en el que aparecerían dinosaurios. No sé si me sorprendió cuando lo vi, pero sí fue bastante guay que personas que me conocen descubrieran cosas que no sabían de mí”, nos contaba Spoon poco después del estreno del documental, estrella del londinense BFI Flare y presente en la última edición de Sundance.

A partir de unas entrevistas luego convertidas en relatos leídos, el tándem Spoon-McMullan teje una cinta en la que la directora no se inmiscuye vocalmente. Al contrario, ambxs delimitaron los roles: mientras la cantante cuenta con palabras, la directora cuenta con imágenes. Gracias a ella, los planos están infectados de poética, ofreciendo brillantes secuencias que llegan a explosionar en un alud de creatividad cuando se convierten en videoclips para las canciones del álbum homónimo que Spoon creó para la película.

Rae Spoon 2

Rae Spoon 2 @Colin Smith

“Yo no era consciente de que tenía una buena historia. Simplemente fue un poco difícil crecer, me pasé toda la veintena escapando de ese lío y cuando llegué a los 30 pensé: ‘Quizá hay una historia’. De algún modo me conté a mí mismx mi vida, y lo hice de un modo que probablemente hubiera sido diferente sin la ayuda de la película”, explica Spoon, a lo que añadimos lo diferente que hubiera sido sin una interlocutora como McMullan: “Acepté su propuesta sin pensarlo; era mi oportunidad, eso es algo que no va a volver a pasar en la vida. Pero sin duda también porque adoro su trabajo, confío en ella como artista. Ya había trabajado en la música de uno de sus documentales, y sabía que cualquier cosa que hiciera sería hermosa. Además, sus películas suelen tener una buena exposición, y creo que eso será positivo para mi carrera”.

Aunque poco conocidx en el mundo hispanohablante, al canadiense suelen esperarlx con los brazos abiertos en Alemania –donde vivió dos años– o en Austria, donde recientemente se presentó My Prairie Home. Entender su historia es sin duda apasionante, en gran parte gracias al hábil guion lleno de frases que bien son balas o tortas o besos. O un poco de cada. “Estoy aquí para decirte que existo”, dice Spoon, que a menudo habla sentadx sobre camas de moteles de carretera por los que pulula cuando está de gira.

Es en este contexto donde su pasado cobra cierta ficcionalidad, en tanto McMullan utiliza las pisadas de su objeto como mapa de lo que debió ser su pasado. Así, los pequeños espacios en los que toca bien se parecen a los locales de ensayo donde aprendió a hablar Rae Spoon, dentro de una estricta educación evangelista.

“No creo en la ficción o en la no-ficción de mi historia. Me veo como alguien trans, que ha pasado por multitud de géneros y de orientaciones sexuales. Trato de no mirar atrás y decir ‘Siempre fui un chico’ o ‘Siempre fui gay’ o ‘No, espera, siempre fui un chico atrapado en el cuerpo de una persona de género neutro’. Hacer esta película sencillamente se basó en mirar atrás y sentir la extrañeza de no saber lo que era o dónde encajaba cuando era más joven. Bueno, y también se basó en que me gusta mucho cantar y hablar”, recuerda.

Rae Spoon 3

Pero la directora –también canadiense– no se queda ahí: aprovechando el relato del primer amor de Spoon, lxs sentará a lxs dos en las escaleras del instituto donde a escondidas ambxs “al menos tenían novia”, frente a los tipos que se metían con ellxs. De igual modo, entre relato y relato sobre la tensa relación familiar de Spoon, McMullan encuentra en el hermano del cantante un verdadero elemento que se introduce en el telling de la historia además de en los pasajes más abstractos de la narración, los que contrastan especialmente con algunos de los momentos más amarillos de la cinta, como cuando la cineasta se empeña en seguir al padre de Spoon tras la salida de un concierto en el que busca pasar desapercibido.

Junto con éste, otro de los pequeños desequilibrios de la cinta es un montaje que a ratos ahoga la bellísima fotografía, leit motiv formal y abrazo al rostro impasible de Spoon, que hila una historia de violencia y ternura a partes iguales.

“Me jubilé del género, pero supongo que todo el mundo todavía tiene una carrera cuando se jubila. Tal vez pueda volver a ser un hombre de nuevo. ¡Cambiad los pronombres otra vez! ¡Todos caísteis en la trampa! No, es broma, pero si hay algo que he aprendido es que no debo cerrarme ninguna opción porque ésa seguramente será la que tome después. No sé, creo que sólo quiero relajarme un poco”, se ríe.

Aunque la estrategia de purgar los fantasmas no le ha salido mal –con el documental, el disco y un libro llamado Gender Failure–, la ambición de Spoon es hablar con su música, el modo en el asegura aprendió a comunicarse con los otros.

Gender failure

“Creo que he escrito todo sobre mi vida hasta los 18, así que si tengo 33… todavía queda margen” –prosigue–. No, la verdad es que no me apetece compartir tanto mi vida ahora. Cuando era joven sólo quise alejarme de los problemas, así veía mi vida. Sólo quería hacer música y disfruté del anonimato y de la seguridad de componer, siempre ha sido mi primer amor artísticamente. Aunque supongo que siempre escribo sobre mí misma, en las canciones del álbum y la película hablo sobre mi infancia de modo más claro, son menos metafóricas”.

Con una filosofía grabada sobre su cuerpo y su trabajo, Spoon disfruta hoy de su vida en la bonita Montreal. Lamenta que en cualquier lugar del mundo ser trans todavía lleve implícitos determinados problemas que ni el ser relativamente conocida han cambiado demasiado, aunque intenta apelar al optimismo: “Sí me considero activista de algún modo, porque me importa la política y quiero hacer algo al respecto para que la gente no tenga los mismos problemas que yo tuve al crecer. Al igual que hubo personas que me ayudaron, quiero ayudar a otras yo también. Creo que la reacción de la gente que ve el documental es bastante similar, indistintamente de si se trata de grupos de gente trans o no. La verdad es que depende, aunque lxs trans también nos cansamos de hablar de ello, a veces hablamos de música también. Pero de cualquier modo, me gusta que cuando grupos de jóvenes queer lo ven, pueden ver que existen otras opciones de vida, que son posibles”.

My Prairie Home es cine urgente en forma y fondo. Así lo demuestra un final muy poco dramatizado, que nos lleva un tiempo entender como tal. En él Rae Spoon camina, protegiéndose las manos del frío dentro de los bolsillos, pisando la nieve que detona un sonido aplasticado, subiendo una pendiente, siguiendo una maraña de pisadas, mirando adelante. También en gerundio la sigue McMullan, en su afán de darle voz a su objeto y de que ésta inspire su cámara-pincel.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *