Críticas: Los ojos amarillos de los cocodrilos

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les yeux jaunes des crocodiles

Machismo reloaded.

Inmersos en polémicas sobre las declaraciones de varias famosas como Shakira o Kirsten Dunst, sobre si el papel de la mujer con respecto al hombre debe dar varios pasos atrás en la lucha por la igualdad, y volver a situarse en una posición inferior y de sumisión, no son pocos quienes ven una tendencia hacia la regresión de las mujeres “liberadas” a la obediencia ciega al ser superior que durante siglos ha simbolizado ser el hombre. Esta querencia además, se está empezando a impulsar de manera apabullante desde una perspectiva aun más inquietante si cabe, la de la literatura escrita por mujeres y para mujeres que no sólo se lleva a cabo a través de libros tan obvios en su cometido como ese manual de la buena esposa amparado por el arzobispado de Granada que es Cásate y sé sumisa, sino también en novelas auto declaradas como un nuevo adalid de lo que se ha dado en llamar lectura erótica femenina como son las de la saga de las 50 sombras de Grey, con las que se fomenta el abuso sexual y emocional del hombre hacia la mujer y la aceptación de ésta como una forma de pseudo liberación sexual.

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Mucho más sutilmente, pero igual de conservadora en su intención, es la trilogía de Katherine Pancol en la que se basa la película que nos ocupa. Según se comenta en algunos foros de lectura, Los ojos amarillos de los cocodrilos es un libro destinado a las lectoras del Cosmopolitan, es decir, bajo una capa de historia de mujeres independientes que tratan de conocerse a sí mismas y salir adelante en un mundo de hombres, subyace un relato que tanto en forma como en fondo no hace más que reafirmar ese retroceso social. El esquema de Los ojos amarillos de los cocodrilos es exacto al de cualquier telenovela de televisión destinada a un sector de la población mayormente femenino y dedicado exclusivamente a su hogar, en el que se entrecruzan las historias de amor, desamor, engaños y ambición de cada uno de los miembros de una misma familia predominantemente matriarcal, en la que la cabeza de la misma es una mujer absolutamente fría y despiadada en el trato diferencial de sus dos hijas. Iris, la mayor, la guapa, la favorita de mamá, se convierte en una mujer que abandona su locura juvenil de convertirse en cineasta para casarse con un abogado que le proporciona la vida frívola y acomodada, envidia de cualquier mujer que la rodea. Josephine, inferior a su hermana en edad, en presencia y en autoestima, es una mujer que al contrario que aquella ha destinado su vida al estudio y a tratar de sacar adelante a sus dos hijas y a un marido en paro que la engaña y la arruina para irse con su amante. La línea argumental se centra en el acuerdo al que ambas mujeres llegan, que consiste en la publicación de un libro que escribirá y por el que cobrará Josephine, pero firmado y publicitado por Iris para que se convierta en todo un éxito de ventas.

Los ojos amarillos de los cocodrilos 3

La cuestión es sin embargo que la narración no va aunque lo parezca por el camino de la rivalidad entre hermanas, o incluso como crítica encubierta hacia el trabajo de los “negros” literarios que hubiera aportado un interés mayor. La base en la que se fundamenta la trama de Los ojos amarillos de los cocodrilos es la del castigo que les espera a esas mujeres que no tratan correctamente a sus maridos perfectos, mientras que por las que sufren por haber dado con vagos infieles hay que sentir pena y ponerles en el camino a hombres guapos, inteligentes y buenos que se enamoren de ellas por lo que son. Y no es que lo haga de una manera sutil precisamente, porque para eso como decía sigue fielmente los dictados de toda buena soap opera que se precie, el lujo asociado a la deshumanización y la clase media baja oprimida pero abnegada, y en la que tampoco la presentación de los personajes ofrece ningún tipo de profundidad: los buenos son muy buenos y los malos son muy malos o al menos tienen conductas harto reprobables.

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En definitiva, Los ojos amarillos de los cocodrilos no es más que un capítulo de dos horas de un culebrón que probablemente disponga de continuidad por los frentes abiertos que deja, y en el que el reparto cumple correctamente sin más. Cabe destacar a Emmanuelle Beart fantástica y verosímil en su papel de diva, amante del lujo y las comodidades que posee pero totalmente indiferente hacia los sentimientos de los demás, empezando por su propio hijo. No así su compañera Julie Depardieu, quien lleva hasta el extremo su papel de mujer débil y humillada por todos, hasta el punto de mantener la misma expresión asustadiza durante las más de dos horas que dura la película con la que acaba provocando justamente el efecto contrario a lo que pretende de manera descarada el film, que es la compasión hacia su personaje.

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