Críticas: El pasado

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El pasado - Cinema ad hoc

Los secretos y mentiras de Asghar Farhadi viajan a Francia.

A comienzos de 2009, el por entonces desconocido director iraní Asghar Farhadi enmudeció el Festival de Berlín con su cuarta película A propósito de Elly, un drama repleto de pliegues y dobles morales del que llamó la atención su facilidad para asimilar con naturalidad referencias europeas y norteamericanas a la hora de retratar la realidad de su país en un tenso relato. Quizá porque narrativamente su cine se encuentra en las antípodas de nombres como los de Kiarostami, Panahi o Makhmalbaf, por los que se reconoce la producción persa por estos lares, la odiosa frase hecha que se impuso para describirle en aquellos momentos fue “parece europeo”. Tres años después de aquel Oso de Plata, Farhadi se vio recogiendo el Oscar por Nader y Simin, una separación, uno de los fenómenos cinematográficos de 2011. El tremendo éxito, unido a la dureza de la censura en el país que diseccionaba, ahora sí hacía pensar en un temprano salto a Europa.

Su última película El pasado está rodada en París, en francés y con un reparto en buena parte autóctono, pero ahonda en las mismas temáticas que había desarrollado en sus dos anteriores trabajos. Ya desde la primera escena, en la que el cristal de un aeropuerto separa a los dos protagonistas y sus intenciones de entablar una comunicación verbal que nos es privada, queda instalada la sensación de que las mentiras y distanciamientos serán una vez más el eje que vertebre su discurso. A través del personaje de Ahmad, que llega desde Irán para consumar su divorcio de la francesa Marie, Farhadi nos introduce en el seno de una familia formada por dos cónyuges y los respectivos hijos de sus relaciones anteriores. Sus conflictos parecen estar gobernados por la serenidad, pero sin embargo hay un personaje ausente que marca todas sus relaciones, una carga del pasado que flota en el ambiente pero es incapaz de manifestarse. La voluntad conciliadora de Ahmad será la que destape un trauma poliédrico en el que todos los involucrados tienen tantos secretos que revelar como que ocultar.

El pasado (2) - Cinema ad hoc

El punto fuerte del director vuelve a ser la minuciosa construcción del relato no lineal y las personas repletas de matices que lo habitan, en ocasiones contempladas a través de rendijas. Explora un mundo del que, al igual que ellos, los espectadores no poseemos todos los datos ni una verdad inequívoca. Al contrario, nuestro punto de vista sobre su tremenda maraña de conflictos y miserias va evolucionando con ellos, hasta asumir definitivamente que la duda no nos va a abandonar. Siempre asentado sobre la base de un férreo guión, el pulso de Farhadi nos guía hacia un tramo final en el que un bello plano otorga el inteligente cierre que pedía a gritos la historia: en el preciso momento en el que otros pondrían grandilocuencia, el persa vuelve a confirmar la solidez de sus cimientos. Su labor vuelve a estar acorde con un planteamiento que otorga tanta relevancia a lo que se dice como a lo que se silencia, en el que un personaje fuera de la pantalla y sin posibilidad alguna de comunicarse funciona de nuevo como perfecta metáfora del crudo proceso al que se someten unos seres torturados por la vida, que en algunas ocasiones intentan cargar la culpabilidad personal a terceros y en otras asumirla como una losa que les anula, ignorando que en última instancia el mecanismo humano es endiabladamente complejo.

Porque El pasado lanza al aire infinidad de cuestiones, pero apenas aporta respuestas concisas sobre las mismas. El estilo de Farhadi, abrumador por momentos, implica la apertura de la acción narrativa a la participación de un receptor que comienza creyendo que posee todas las claves y va transformándolas poco a poco en desconcierto y la misma incertidumbre que asola a cada uno de sus personajes. Si nadie conoce la realidad íntegra, el espectador no puede ser la excepción, y se queda sin acceder a ciertos datos y sin descifrar algunos comportamientos durante el visionado. En las íntimas disputas del director iraní nunca ha habido vencedores ni perdedores, sino la sensación tan humana de encontrarnos ante la impotencia de un conflicto cuya profunda raíz no se puede atacar.

El pasado (3) - Cinema ad hoc

La insistencia en sus sólidos preceptos autorales provoca indefectiblemente que lo que en A propósito de Elly y Nader y Simin fue muy sorprendente aquí ya no lo sea tanto, además de no presentarse tan redonda en lo puramente emocional como aquellas, pero la nueva obra de Farhadi vuelve a convencer con rotundidad a través de su implacable retrato de la incomunicación y las fisuras del ser humano. Logra unirse así al selecto grupo de cineastas que han encadenado tres obras de nivel en apenas cuatro años: si quedaba alguien con dudas de su verdadera valía, que acuda a ver El pasado. Y, a ser posible, que se tome un tiempo para abordarla como se merece.

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