London Calling: Fuoristrada

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Fuoristrada

Fuoristrada: El discreto encanto de la humanidad.

Es curioso cómo algunas pequeñas películas se apoderan de uno, sus imágenes vuelven a la cabeza, y es inevitable preguntarse por dónde andarán ahora sus personajes. Algo así le sucedió a Elisa Amoruso antes de comenzar el rodaje de su primer largometraje, un documental que sigue la vida de Girello, el apodo con el que en el mundo del rally llaman a Pino. Y también a Beatrice.

Este carismático personaje sólo podía ser fruto de la realidad más recóndita. En contraste con las tradiciones y convenciones de Italia, con un sexismo dibujado con bisturí, Pino/Beatrice es mecánicx y antigux estrella del volante que habita un cuerpo dual con los estereotipos de hombre y de mujer. Ésa es su propuesta, su vida y su libertad, su activismo de andar por casa que ahora tiene un altavoz gracias a Fuoristrada, que en italiano significa ‘todo terreno’ o ‘fuera de la carretera’. “Pino/Beatrice acepta sus dos naturalezas y las ama a las dos. Le gusta ser una mujer y un hombre, y poder elegir cuándo quiere ser cada uno. Es como una doble personalidad, no como una esquizofrenia. Le gusta vestir como una mujer cuando se arregla, cuando sale o cuando va al mercado, pero también le encanta trabajar como mecánicx, vestidx con su mono”, nos cuenta Amoruso.

“No pensé en filmar una historia sobre el transgénero –prosigue–, de hecho, eso sólo fue el primer detalle, el hecho de que no sabes cómo referirte a Pino: ¿él? ¿Ella? A partir de ahí, la historia se llena de matices. Se trata de una persona transgénero, que es mecánicx, que tiene su taller, que además participa en competiciones de rally. Estaba alucinada por este contraste tan único: esta identidad mitad hombre, mitad mujer, su homosexualidad, la naturaleza de los motores. Ése era el punto de partida. Pero cuando conocí a Marianna, mi punto de vista cambió, porque quise contar la historia de esta pareja y de esta familia. Esto es lo verdaderamente extraordinario de este caso, el observarlxs con los valores que yo entiendo que debe tener una familia”.

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El amor adolescente o Marianna

La cineasta reconoce que esta historia la inspiró inmediatamente, pero que al proponerle el proyecto a su protagonista, le respondió: “Por mí sí, pero tendrás que pedirle permiso a mi mujer”, quien no tiene complejo en mostrarse muy celosa tanto por Pino como por Beatrice, debido al interés que despierta su personalidad. “Como tiene de todo, le va a gustar a todo el mundo”, suele decir Marianna. Pero es mucho más que eso. “Hace poco, Marianna tuvo que ser hospitalizada. Pino durmió a su lado, en la misma cama individual durante semanas, después de pelearse con todo el personal del centro. Tienen una especie de amor simbiótico, valiente y puro, algo que muchos sólo sentimos de jóvenes y que no volvemos a sentir. Así que en cierto modo, no han crecido, pero a la vez han formado su familia, han construido su casa, tienen sus animales, su pequeña vida normal”, relata Amoruso.

“Seguramente, Marianna se enamoró de él porque es muy sencilla, y porque tuvo una educación muy humilde y no tiene prejuicios. Nació en un pueblo pequeño de Rumanía y llegó a Italia como inmigrante, por lo que nunca había conocido a alguien así, ni pensó que pudiera estar rodeada de tanta creatividad. Cuando lo conoció, no le importó que fuera un hombre que vestía como una mujer. Aunque a ella le gusta mucho la parte masculina, el que la gente lo llame Pino, y suele referirse a él como ‘il mio marito’. Pero acepta todo lo que él es, porque desde que lo conoció sintió una conexión del alma. Es lo más inteligente que he visto jamás en un ser humano. Ella reconoce y ama esta doble naturaleza tal y como es. Son un ejemplo de lo que yo considero amor verdadero, porque se quieren más allá de todo”, opina la directora.

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Valores sin convenciones

Algo parecido a la actitud de Marianna sucede con su hijo Daniele, al que crían ambas. Él vivía con su padre en Rumanía en una situación muy inestable y un tanto violenta. Según la opinión de Amoruso, “cuando llegó a Italia conoció a una persona que cuidaba de su madre y que quería darle una educación, lo que lo convierte en el mejor padre que haya podido tener. Hay una parte en la película donde Daniele se pelea con sus compañeros de clase porque ellos dicen: ‘Tu padre es una prostituta’. Obviamente, eso es muy duro para él, pero la fortaleza de estos personajes es que luchan por lo que creen, de una manera muy abierta. Daniele está muy conectado con Pino, lo acepta como su padre, aunque no lo sea, aunque sea medio mujer. Lo cuida muchísimo y Daniele lucha por el respeto que le tiene”.

Aunque Fuoristrada no indaga especialmente en el pasado de su protagonista, hay dos hechos que sí aparecen: su conversión a este género dual y la relación con su hija, a quien tuvo cuando sólo era Pino. Aunque la cineasta intentó que ambxs se encontraran, no fue posible, motivo por el que decidió no incluirla en el montaje, “porque en cierto modo estaba imponiendo su reconciliación sin que así fuera en la vida real. La entrevisté ante la cámara pero en el montaje sólo mantuve la voz en off, porque así es la relación, lejana, ausente pero presente. No obstante, la hija acudió a una de las proyecciones, y desde entonces han retomado la relación”.

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Un personaje no-queer para una película queer

Esta historia aparentemente mundana y costumbrista tiene un intachable trasfondo que en braille habla de la despatologización de la transexualidad, de la lucha contra el heteropatriarcado o de romper las cadenas opresivas del género. La filosofía queer recorre el metraje sin que sus personajes ni su directora parezcan haberlo buscado, básicamente porque esta presencia es práctica y tiene un punto de vista individual, para lo que en todo momento Amoruso quiso actuar como espejo: “Pino dice que decidió convertirse en Beatrice porque su madre siempre había querido una hija. Claro que me pareció bastante absurdo, pero es curioso que, hablando con su madre, ella también lo explica así, seriamente. Yo no me lo creo, supongo que este doble deseo sencillamente tenía que salir a flote en algún momento. Y si decidió no llevar a cabo una operación de cambio de sexo fue porque quiere mantener vivo su placer sexual, y porque no quiere cambiar completamente. Cree que es algo inútil, a él lo que le encanta es ser Pino y Beatrice a la vez”.

Pese al orgullo y a la dignidad, “ni Pino ni Marianna son activistas –continúa la directora–. Pino empezó a ser transgénero y a sentirse libre como mujer gracias a personas transgénero, la mayoría prostitutas, y que le enseñaron todo acerca del proceso. Pero cuando conoció a Marianna, ella no estuvo muy cómoda con este tipo de amistades, no estaba muy involucrada con ellas. Así que cuando empezaron a formar su familia, en cierto modo se alejaron de esas personas, hoy no forman parte de su intimidad ni de su hogar. Pero no sienten que tengan que luchar a gran escala, es una cuestión de saber quiénes son, como gente normal. Para ellxs, se trata de que sea normal”.

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Y a partir de hacerlo normal, se convierte en normal, si es que algo puede serlo. Tras 150 horas de material rodado, es inevitable que la historia engulla la forma del documental, presentada por Amoruso a través de un montaje ordenado por capítulos y de un relato apoyado en entrevistas a los personajes. La voz de la directora no se inmiscuye ni un sólo momento en el metraje, aunque sus manos cortan y tejen de un modo sibilino, algo que se aprecia cuando aparecen los títulos de crédito sólo 70 minutos después de los de entrada. “Todo lo que rodé y pasó fue real, sin planificación, no hay ningún tipo de ficción”, se nos dice. Más allá de lo probable de esto, lo inteligente en este corte final recae en cómo se ha utilizado todo este material, un trabajo brillante que sin complejos enlaza planos secuencia de una charla de sobremesa con planos detalle de una oficina mitad Marilyn Monroe-mitad trofeos de rally, alternados con humor, emoción y pasajes y planos que apelan a una constante dualidad, como bien sugiere el cartel de la cinta, con esas dos personas vestidas de raso rosa, los dos trajes de boda que quizá diseñó Marianna en su papel de modista, y que tan bien contrastan con el desguace que las rodea, lleno de coches destrozados, chasis resistentes, motores quemados y otros que aún rugen. En ellos se apoyan dos rubixs, que frente con frente miran la vida pasar, algo que con el mismo asombro que Amoruso descubrimos gracias al cine.

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