London Calling: Cinema Made in Italy. Conclusiones

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che strano chiamarsi federico

La pequeña belleza italiana.

Concluía anoche en Londres un interesante ciclo de diez películas seleccionadas por críticos británicos que querían mostrarles a sus coetáneos qué se coció en Italia en 2013. En un año particularmente exitoso, todos sus protagonistas pusieron de manifiesto lo prolífico de una industria bajo las miserias de la falta de financiación.

Así parecía indicarlo el actor Beppe Battiston al señalar que lo más difícil de ser un director primerizo debe ser mantenerse joven, en referencia a que su colega Matteo Oleotto tardó cuatro años en conseguir apoyo económico para Zoran, il mio nipote scemo. Aunque este apoyo llegó finalmente de Eslovenia, ninguna institución cultural italiana reniega ahora de uno de los títulos que más gustó en taquilla después del éxito en Venecia. Londres no fue menos en corresponder a la película encargada de cerrar un festival que tuvo que colgar varios “No quedan entradas”.

Zoran il mio nipote scemo

Siguiendo los pasos de Fellini

Descubrir al maestro italiano era una de las propuestas que mayor expectación despertaba el programa de la muestra. Y es que el octogenario Ettore Scola presentaba por primera vez fuera de Italia el homenaje a su buen amigo.

La llegada a Roma de Fellini cuando tenía veinte años ocupa gran parte de la original propuesta, que cuenta hechos reales con una ficción bien interpretada separada por capítulos por un narrador. Sin ni un solo matiz de la vida personal del director, la cinta quiere ser fiel a los pequeños detalles que Scola se enorgullece de conocer. Por ello, la deconstrucción que plantea el italiano se parece más a un mapa de recuerdos puntuales que inspiraron algunos de los trabajos del creador de La Strada, en definitiva el motivo por el que el adjetivo “felliniano” es hoy parte del imaginario colectivo.

Junto al alejamiento de un espectador que no conozca al detalle la filmografía de Fellini, este documental se topa con un problema de base que justamente pretendía ser su grandeza: la relación entre Fellini y Scola. Y es que entre la admiración y el recuerdo, Scola no puede evitar inmiscuirse en la biografía parcial de Fellini. Sus caminos no sólo se cruzaron en varias ocasiones, sino que Scola siguió casualmente los pasos de su amigo, desde el periódico satírico desde donde ambos empezaron a trabajar en Roma hasta el propio mundo del cine. Por lo tanto, el valor de los hechos reales –o recordados– hace que este Che Strano Chiamarsi Federico! se resuelva más como una carta a Fellini de un Scola presente o de una mirada al comienzo de una larga amistad, cuyos paseos nocturnos por Roma retratan a un Fellini vestido a lo Tati, oyente, dorsal y admirador de los relatos de otros.

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Un documental inesperado

Junto con el trabajo de Scola, la otra propuesta de no-ficción fue el primer largometraje de Elisa Amoruso, Fuoristrada, sin ninguna duda una de las sorpresas de este festival. Próximamente con estreno comercial en Italia y en Polonia, quizá en Francia y España, y con presencia en festivales que lo llevarán a Australia, este documental consigue con poco más de una hora la risa y el llanto con una intensa historia de amor, una tragicomedia a partir de un carismático personaje llamado Pino y Beatrice. Identificado/a por ambos géneros y sin intención de matizar esa premisa, esta persona y antiguo campeón de rally habita un cuerpo marcado por una feminidad y una masculinidad que le son inherentes.

Así es como Amoruso conoció al mecánico de una amiga, quien le dijo que con toda probabilidad se lanzaría a hacer un documental sobre el caso. Sin embargo, la particularidad personal y social de este caso se evapora en un metraje que muestra el día a día de la vida de una familia, en la que Pino/ Beatrice y su adorada Marianna crían al hijo de esta última. Las entrevistas permitirán conocer más a fondo a estos personajes sin juicios que regalan a la realidad una trama propia de la ficción. Captar la naturalidad es sin duda el hito de este documental. Lejos de convertirse en un relato queer, en una historia sobre el transgénero o en cómo aceptar al diferente, la frescura reside precisamente en un minúsculo mostreo de una humanidad reflejada en la más pura sencillez.

Fuoristrada

Cuadros de costumbre

Este retrato familiar fue uno entre varios, verdadero leit motiv, si se quiere, del ciclo y una de las inspiraciones generales del cine en Italia. Confuso pero refrescante fue el drama familiar Anni Felici, dirigido por Daniele Luchetti (Mi hermano es hijo único). Su confusión invade la sala durante gran parte del metraje, especialmente por un punto de vista torpemente oscilante quizá fruto de un guion escrito a cuatro manos.

De un modo caricaturesco, entramos en la cotidianeidad de Guido y Serena, un matrimonio formado por un artista frustrado y su devota mujer. A partir de uno de sus hijos, alter ego de un Luchetti que constantemente nos avisa de su presencia, aterrizamos en el verano del 74, momento en el que esta descompasada familia se topa con la revolución sexual cuando la mamma, esa figura religiosamente italiana que encarna Micaela Ramazzotti, pierde la inocencia. Su nueva conciencia se dará de bruces con un marido infantil e infiel y con una libertad de espíritu que es lo más destacable en una película llena de buenas intenciones que deja un sabor agridulce.

Anni felici

Algo parecido sucede con la mencionada Zoran, il mio nipote scemo, una historia costumbrista en la que el pobre Paolo, alcohólico y cascarrabias, inicia el viaje del cambio a través de un sobrino huérfano del que tendrá que ocuparse. Las dotes interpretativas de un omnipresente Battiston permiten disfrutar de una simpática comedia, por otro lado, vista ya demasiadas veces.

Servillo en versión doble

A quien uno jamás se cansa de ver es a Toni Servillo, incluso haciendo doblete en Viva La Libertà. Sin apoyo de maquillaje ni peluquería, el tipo consigue distinguir a los idénticos gemelos Enrico y Ernani sólo a través de los gestos, la postura corporal, los andares y un rostro con matices infinitos que hasta invocan a Chaplin en algún momento. A uno se le ocurren pocos nombres capaces de llenar la escena como este camaleón que se encuentra como pez en el agua en esta comedia política, muy al estilo de Il Caimano (Nanni Moretti).

La película cuenta la historia del cansado líder del principal partido de la oposición italiana y de la falta de ideas, ganas y palabras que lo invade. Con esta base, Roberto Andò presenta una sátira en la que la vida política no es más que un ejercicio de marketing, puro humo, en el que viejos y nuevos están condenados a mentir o, en su defecto, a fingir. Lamentablemente, la interesante reflexión no deja de tener algo de vacío, probablemente consecuencia de adaptar un libro escrito por el propio director, que en cambio ofrece una película dinámica y muy correcta que inauguraba el festival con lleno absoluto.

viva la libertà

Con su cuarta edición, este tímido ciclo ha reunido un año más a los italianos en el pequeño bastión francés que es el oeste de Londres, donde también pudo verse lo último Giovanni Veronesi (L’ultima ruota del carro) o las primeras criaturas de Alessio Cremonini (Border), y también las de Enrico Maria Artale (Il Terzo Tempo) y Paolo Zucca (L’Arbitro), que coincidieron en presentar películas muy deportivas.

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