Críticas: Monuments Men

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Los amigos de Clooney al rescate de obras de arte.

Hace tiempo que vemos cómo actores consagrados dedican parte de su tiempo a realizar películas con bastante buen hacer. Ahí tenemos el caso de Ben Affleck, actor mediocre donde los haya pero que en su faceta de director está sorprendiendo a propios y extraños con su estupenda  forma de dirigir. Un caso parecido es el de George Clooney que teniendo una carrera como actor más aceptable que la de Affleck, se lanzó también a la dirección hace unos años con títulos tan atractivos como Buenas noches, y buena suerte o Los idus de Marzo, historias que además de tener argumentos sólidos también tenían un componente moral al que Clooney ha tratado con una sutileza impecable y elegante, amén de la dirección actoral que por supuesto es el fuerte de cualquier actor que dirija a sus compañeros. Obviando tropiezos como Ella es el partido, Clooney ha demostrado con películas como las mencionadas anteriormente que es un director de quien se puede esperar una gran historia y una mejor dirección siempre al servicio de aquella, pero tal expectación se esfuma al olvidar centrarse precisamente en lo que quiere contar y hacer de su nueva película una simple reunión de amigos.

Porque sí, Monuments Men tiene una historia que contar, una historia lo suficientemente interesante como para hacer de ella una película y tener grandes pretensiones con ella, pero por desgracia no estamos ante ese caso. The monuments men fue el nombre que se le dio a un selecto grupo de expertos en arte a quien se reclutó en los últimos tiempos de la Segunda Guerra Mundial a raíz de saberse los expolios artísticos que estaban siendo llevados a cabo por los nazis. Adolf Hitler mandó requisar a todo aquel ocupado por sus tropas todas las obras artísticas, a su entender de gran valor, para construir una especie de museo personal en el que albergarlas todas o bien destruirlas en el caso de que el Reich cayera. Esto implicaba desde un cuadro que poseyera un judío rico a quien llevaran a un campo de exterminio, hasta retablos completos como el de Gante, lo que nos lleva a la creación de los mencionados Monuments Men para recuperar todas esas obras y devolverlas a sus dueños legales. Pensar en un pequeño grupo de gente que no ha sido entrenada para la batalla, sino para expandir su mente a través del arte, enfrentándose al ejército alemán en su misión por proteger un patrimonio artístico de incalculable valor, se podría haber llevado a la gran pantalla bajo distintos prismas sin que la historia dejara de ser atractiva. Bien se puede narrar desde un punto de vista simplemente histórico, contando las cosas tal como sucedieron, darle un enfoque épico entre la acción de la guerra y el drama humano de cada uno de los asignados a la misión, o bien tratar de convertir ese pedazo de la historia en una comedia simpática para quitarle emotividad.

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Pero Clooney no se ha conformado con contarlo de alguna de esas maneras posibles, sino que ha pretendido hacerlo de todas a la vez, lo que por desgracia ha dado como resultado una película sin profundidad, sin alma, sin comicidad y lo peor de todo, aburrida. Echando mano de un reparto espectacular entre los que se encuentran el propio Clooney, su amigo del alma Matt Damon, John Goodman, Cate Blanchett o Bill Murray entre otros, da la sensación de que ha querido emular a aquellas superproducciones de los años 60/70 plagadas de estrellas con su minuto de gloria cada una, pero el error es precisamente el conceder esos minutos sin aprovechar al máximo todo el potencial que interpretes como estos podrían ofrecer a una historia de estas características. No es de recibo desaprovechar los momentos cómicos que puedan ofrecer Goodman o  Murray, siendo este último caldo de cultivo para infinidad de situaciones divertidas con su compañero de fatigas Bob Balaban, simplemente para mostrar sus rostros compungidos ante el drama de perder a un compañero o de escuchar por los altavoces del campamento la voz de sus nietas y de su hija cantando un villancico. NO.

Tampoco recurre a una narración más convencional y acorde con historias como esta, pues mientras en su primera mitad Monuments Men destaca por lo atropellado de las presentaciones tanto de la trama como de los personajes, en el último tercio de la película de repente sale a relucir toda la acción necesaria, y es ahí donde la película comienza a tener un mínimo de interés, pero llega demasiado tarde y con demasiadas lagunas para poder rescatar algo positivo de ella. Que evidentemente lo tiene, claro, es innegable que la película tiene un diseño de producción espectacular, pero seamos coherentes, ¿Qué película venida de Hollywood no lo tiene? Es más, ¿podría una película dirigida por George Clooney no tenerlo?

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En definitiva Monuments Men no deja de ser un mero escaparate para los amigos de Clooney en el que basta sólo con posar al ritmo de una banda sonora que el siempre magnífico Alexander Desplat parece haber hecho por simple encargo para resaltar escenas, épica cuando hay soldados, triste y melancólica en cuanto alguien hace algún discurso lacrimógeno, que hay bastantes por cierto. Una verdadera lástima que una premisa y un elenco tan interesantes sirvan para una película aburrida y olvidable al minuto de acabar.

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