Críticas: Hijos de las nubes, la última colonia

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“Los protagonistas son los que no hablan” (Javier Bardem)

Si ver un documental sobre el Sahara Occidental en la gran pantalla produce cierta extrañeza, la cosa empeora bastante al ver que una ristra de tuits subrayan las imágenes cual subtítulos. Porque eclipsan a los verdaderos, tan útiles para comprender el árabe… Pero sobre todo porque llevan a una interesante reflexión: En el Sahara no hay internet. Ni agua. Ni libertad.

La película se titula Hijos de las nubes, la última colonia, y ha logrado lo más difícil para la no ficción española: colarse en todos los salones. Lo hizo ayer, durante algo más de una hora, con el Goya del año pasado como coartada y la complicidad de Paramount Channel. Bueno, y con Javier Bardem, su productor, tuiteando detalles del rodaje. Él es el ideólogo de este proyecto, que nació de una visita al Festival Internacional de Cine del Sahara. Allí durmió en la jaima de una familia, vio las condiciones de pobreza en las que viven los saharauis y decidió grabarlo todo. Para ello confió a Álvaro Longoria el guión y la dirección, y juntos emprendieron una aventura con un único objetivo: visibilizar el drama saharaui.

“Antes morir que ser exiliado”, dice un refugiado a la cámara. Ese el sentir general del pueblo saharaui, que recrimina a España su abandono del territorio en manos de Marruecos y Mauritania en 1976. Y esa es la tesis del documental, cuyos autores se sirven de imágenes propias de los campamentos y otras de archivo. Algunas son tremendamente reveladoras, como las cínicas declaraciones de Hassan II o las del traspaso de mandos del ejército español al marroquí en 1976.

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También hay muchos testimonios de expertos, entre los que destacan Noam Chomsky, Felipe González y Aminatou Haidar, nombres que sugieren la ambición de los creadores y su interés por la vertiente política del conflicto. “Todas las entrevistas han sido imposibles”, confesaría Bardem en el coloquio posterior. Pero, más que hacerles hablar, lo imposible parece sacarlos de la realpolitik… Esa que, según el film, otorga a Marruecos la impunidad necesaria para dividir en dos el Sahara Occidental con un muro de 2.000 kilómetros. Construcciones como ésta, que forman parte de la compleja evolución histórica y geográfica del territorio, se ilustran con las animaciones de Aleix Saló.

La presencia de Bardem y Longoria en imágenes como en las que se aproximan peligrosamente a la frontera marroquí, da a “Los hijos de las nubes” un interesante carácter performativo. Esta apuesta les permite, por ejemplo, hablar entre ellos para aclarar al espectador que la razón de que la mayoría de sus entrevistados apoyen la causa saharaui es que muchos otros no quisieron responder al teléfono, como Javier Solana y José María Aznar. Longoria aclaró más tarde la motivación de esta transparencia: “No somos activistas”. Sin embargo, la secuencia de Bardem leyendo un discurso en el Comité de Descolonización de la ONU, y en la que entrega 200.000 firmas en el Palacio de la Moncloa, desafían las leyes de la performatividad.

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En cualquier caso, los verdaderos protagonistas de Hijos de las nubes, la última colonia no son los que hablan, sino los jóvenes que reciben palos de la policía marroquí en El Aaiún. Y los que, cansados de esperar una solución pacífica que no llega, desfilan en el ejército del Frente Polisario… El renacer de la violencia en el Sahara es, sin duda, el síntoma más preocupante de los últimos años. Hasta el punto de que el documental atribuye a las revueltas de 2010 el origen de la Primavera Árabe. Y tan protagonistas (o más) son las mujeres saharauis, las más respetadas del mundo árabe. Todos encabezan esta historia sin fin. Incluso las camellas, sin cuya leche los saharauis se morirían de sed.

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