Críticas: Her

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Spike Jonze nos trae una historia de amor atípica en Her y le dedicamos dos reseñas.

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Luchando contra la soledad por MariFG:

Her se presenta como “Una historia de amor de Spike Jonze”. Una historia de amor entre Theodore y Samantha, entre un hombre y un sistema operativo con nombre de mujer. Theodore deseando amar, queriendo volver a sentir la sensación de compartir su vida con alguien. Samantha programada para satisfacer todas las necesidades de Theodore. Amor irreal para combatir la soledad.

Desde esas cartas emotivas y conmovedoras, pero absolutamente impersonales que el personaje de Joaquin Phoenix se encarga de redactar para otros, hasta la sustituta humana que Samantha busca para satisfacer los deseos carnales de Theodore, Jonze utiliza todos los recursos al alcance de su mano para mostrar una sociedad sumida en la soledad y en la deshumanización a la que, sin embargo, los deseos y la necesidad de amor que siguen siendo tan poderosamente fuertes en ese futuro ficticio no tan lejano provocan la conformidad que supone la de una relación sentimental entre un ser humano y un sistema operativo.

Llevada al extremo, Her trata de mostrar metafóricamente las carencias afectivas de una sociedad en la que nos es más fácil interactuar e incluso enamorarnos de personas desconocidas e inaccesibles que se esconden detrás de un avatar, a las que no podemos tocar, abrazar o besar por esa necesidad de amor, amparada en el miedo a cometer los mismos errores que en el pasado. Spike Jonze desarrolla esta metáfora como si de una comedia romántica se tratara, sin incidir en la mordacidad en la que podía muy bien haber caido sino disfrazándola de cuento de hadas con una historia de amor imposible que nos creemos sin dudar. Creemos a Theodore, espléndido Joaquin Phoenix, cuando le dice a Samantha “nunca he amado a nadie de la manera que te amo a ti”, creemos a Samantha cuando experimenta por primera vez las sensaciones que provoca una relación sexual en una de las escenas más reveladoras de la historia del cine precisamente por todo aquello que deja de revelar.

Pero debajo de la utopía de ese amor, se esconde la amargura y la desolación de un hombre normal que sufre por la ruptura de quien fuera su gran amor, que está convencido de que ya ha sentido todo lo que tenía que sentir y al que le asusta cualquier atisbo de una nueva relación con una mujer de carne y hueso. Y de repente, esa amargura brota en la memoria del espectador al pensar en Her para golpear en sus recuerdos de una comedia divertida y tierna hasta convertirla en un drama desolador que lo destroza.

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Render on back por Snuff:

Como ya habréis leído o visto en el tráiler, Her nos cuenta la historia de Theodore (Joaquin Phoenix) enamorándose de Samantha, su sistema operativo, del que a nivel físico sólo podemos saber que tiene la voz de Scarlett Johansson.

Jonze se decide a jugar en la liga de los futuros probables. Esto hace su ¿ciencia ficción? más palpable y humana, lejos de un entorno futurístico frío, tal como hemos podido ver en propuestas recientes como Un amigo para Frank. Es como si el director hubiera estado impaciente por lo que habrá en una década o dos porque le conviene para la historia que tiene en mente. Lo que se nos muestra en avances tecnológicos es tan inquietante como deseable, y tan sorprendente como probable.

Se nos demuestra que en este futurismo suave aún se puede hablar de melancolía, de soledad 2.0 no exenta de humor; una sociedad en la que las personas parecen utilizarse como gadgets o apps. A pesar de ello, la cinta mantiene un tono vitalista y optimista para esta alienada relación sentimental, lo que es un acierto, pues el espectador se pone a hacer render on back, a trabajar desde la butaca, pues lo que se presenta no está en el saco de la muñeca hinchable, está en el de las real doll a las que algunos hombres cuidan y tratan como personas de verdad. Algo que no deja de ser perturbador a nivel moral.

Pero no estamos observando los devaneos en la pantalla de una persona enferma incapaz de lidiar con la pérdida (la glorificación de una relación atípica hace pensar por momentos en Lolita), estamos viendo algo sobre nosotros mismos: esta relación artificial nos muestra a su vez lo artificial de nuestras relaciones… humanas. A través de una máquina también veremos lo que hemos decidido calificar como humano y, tal como sucedía en Blade Runner, todos acabamos teniendo preguntas sobre unas fronteras cada vez más difuminadas.

Así, con un planteamiento relativamente sencillo en el que Jonze se inmiscuye lo justo, tenemos una película realmente interesante, con una muy potente dirección artística (interfaz de las máquinas, arquitectura, vestuario), y con un Joaquin Phoenix empeñado en demostrarnos que puede hacer el papel que le dé la gana (cuesta olvidar I’m Still here). Jonze es en ocasiones algo tosco con la dirección de su obra y quizá divaga en exceso, pero todo esto se puede perdonar ante las más que evidentes virtudes y preguntas que nos plantea Her. 

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