Berlinale 2014: Día 8. Vida

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Boyhood

Boyhood y ärtico en la recta final de la Berlinale.

Nos acercamos al final y las apuestas se van perfilando en esta 64ª edición del Festival de Berlín, aunque en realidad nos importe más el cómo que el quién, y es que tanto La tercera orilla como ’71 o Boyhood nos parecen grandes opciones para irse a casa con el Oso de oro, que al final lo haga una u otra palidece ante el hecho de haber tenido la oportunidad de disfrutarlas, los adornos adornos son.

Había expectación en el Berlinale Palast… y ganas de romper a aplaudir con una película y es que la Sección Oficial nos había dado hasta el momento más penas que alegrías, con prácticamente ningún título capaz de crear consenso en la biomasa crítica, apenas escasos momentos de paladear la emoción compartida por la sala hasta que, claro, llegó Boyhood. Lo nuevo de Richard Linklater tendría nuestra aprobación aunque sólo fuera por la pretensión (benditas pretensiones, bienaventurados los que osan, malditos los que se conforman) de trasplantar la vida a la pantalla y sí, hablamos de la vida misma, de 10 años que vemos transcurrir frente a nuestros ojos, diez años que en realidad son tan de los actores como propios, inevitable resulta mirar hacia nuestro ayer en los ojos de Ellar Coltrane, Patricia Arquette o Ethan Hawke. Alguien podría tener dudas de si las transiciones para abarcar todo este periodo resultan naturales o si se ven los hilos del experimento, pues bien, que se olvide de ellas, Boyhood funciona con precisión absoluta y aunque el cinéfilo sea consciente de las marcas de agua hábilmente colocadas por todo el metraje para llamar su atención y reflexionar sobre la naturaleza de la obra, el espectador ocasional también empatizará con su templado fluir y es que ése nos parece el mejor término para describir el film, Boyhood fluye y nosotros nos dejamos llevar por su corriente.

artico

El salmantino Gabri Velázquez es una de las pocas voces españolas en esta Berlinale (algo bastante usual en los festivales europeos últimamente) y con su película ärtico (bien escrito) repetía estilo y temas ya mostrados en sus anteriores films: Amateurs e Iceberg con los que conforma una suerte de trilogía. Se trata de escoger el mínimo narrativo y trasladarlo a la pantalla con afanes naturalistas y en esto hay que reconocer que la apuesta de Velázquez es consecuente y llevada hasta el final, actores absolutamente amateurs, planos fijos donde la cámara es mero testigo más que un elemento dramático… el cine de Velázquez parece una apuesta por superar las barreras que limitan la producción cinéfila nacional y tiene elementos a destacar: su honestidad, la notable elección de los encuadres, un estupendo y evidente trabajo de preproducción. Sin embargo donde nos parece que falla ärtico es quizás en lo más importante, en su intento de resultar natural, en que esos chicos de la calle no den la impresión de estar declamando, actuando, de no ser conscientes de la presencia de la cámara… a veces la naturalidad es algo muy artificial o al menos lo son las vías para llegar a ella, con todo eso lo que intenta ärtico nos parece muy loable.

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