Berlinale 2014: Día 5. Sentidos del humor

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Kraftidioten

Bloody nordic sense of humor.

Ya avanzada la Berlinale se sigue perfilando su Sección Oficial aunque es curioso que, de momento, no haya sido allí donde nos hayamos encontrado los títulos que más nos han gustado, a veces sólo es cuestión de cruzar el pórtico del Palast, de atreverse a ir más allá. A veces el cine, como las ciudades, sólo se descubre verdaderamente saliendo de las rutas marcadas.

Tengo la firme convicción de que los nórdicos inventaron eso que se ha venido a llamar el posthumor o, siendo más concreto, lo que aquí llamamos posthumor en Noruega se le llama simplemente humor. Ésa parece su forma exacta de la diversión, hacer algo gracioso sin ninguna intención de parecer que se busca serlo, más que risas provocar estupefacción. In order of disappearance incide en esa forma de entender el cine con tres ingredientes principales en su composición: una trama de thriller al uso, una feroz incorrección política con todos los palos que toca (la crisis económica europea, la droga, los secuestros, el maltrato familiar, los extranjeros, los propios noruegos, los gangsters…) y los helados páramos del país, capaces de transmitir su frialdad a todos aquellos que se acercan demasiado a ellos. Podríamos buscar comparaciones con Guy Ritchie o Quentin Tarantino pero aquí los guiños no son tan marcados, la duda sobre si finalmente todo esto no es una broma permanece durante todo el metraje y al fin no sabemos si se trata de una película pesimista o por el contrario la ironía se utiliza como elemento banalizador de dicho pesimismo, dulcificando su mensaje, haciendo que todo en el fondo no sea más que una farsa. En cualquier caso nos lo pasamos muy bien así que ¿qué demonios importa?.

Aimer, boire et chanter

El viejo zorro de Alain Resnais, ya en el punto final de su carrera, sigue hablando de los mismos temas de siempre, pero pareciera que su perspectiva se haya visto dulcificada con el tiempo, olvidándose de la desnuda aridez de sus inicios para convertirse en un amable anciano, un vejete venerable que sigue preocupándose de los mecanismos del artificio pero mostrando, al mismo tiempo, cierto cariño por sus criaturas, ¿quién podía imaginar algo así de alguien capaz de filmar El año pasado en Marienbad?. Aquí, en Life of Riley, ese interés por los límites de la farsa, ese estudio de la difusa barrera que separa representación de realidad, queda patente desde el primer momento: escenario único con decorados propiamente teatrales, protagonismo para un personaje al que realmente nunca llegamos a ver directamente sino a través de sus acciones, cortinillas para separar las diferentes escenas y éstas rodadas en su mayor parte en un único plano secuencia, personajes conscientes de la cámara (a la que incluso interpelan directamente en alguna ocasión), en fin, toda una panoplia de recursos quizá no demasiado sorprendente pero sí que plenamente en la línea de un discurso autoral tan marcado como éste.

Free range

Si después de soltarles el rollo con las virtudes de la película georgiana Blind dates el otro día hoy repito la jugada con la estonia Free range, algunos pensarán que o bien mi nivel de tolerancia con las cinematografías minoritarias es demasiado elevado o que nos deleitamos en el esnobismo de lo exótico. Bien, podría ser pero no, o al menos no conscientemente. Encontramos las suficientes virtudes en el film de Veiko Õunpuu para pensar que nos mediatiza la condescendencia occidental. Quizá su retrato del arquetipo del personaje que no encuentra su acomodo social no sea el más original pero existe un sorprendente juego de texturas que le otorgan consistencia a la obra, unas imágenes poderosamente evocadoras y una sorprendente capacidad para el humor amargo, de ése que no sabes si provoca risas o lástima, a fin de cuentas Estonia no está tan lejos de Noruega… serán las aguas del Mar del Norte.

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