Críticas: The Grandmaster

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The grandmaster

Género: Acción. Subgénero: Hostias como panes. Subsubgénero: Wong Kar Wai, que deriva en “sentido y sensibilidad”.

El rodaje de esta película comienza en 2009 y mucha expectación ha levantado desde entonces. Tomado del dossier de prensa: “El director artístico William Chang Suk Ping tardó dos años en encontrar las perlas, lazos y encajes necesarios para el vestuario, basado en un sinfín de documentos de la época”. Ese tipo de peli. Todo esto, además, precedido por seis años de planificación del señor Kar Wai.

Nos llegó primero un tráiler con una pelea bajo la lluvia que a todos recordó a Matrix. En el que pudimos cerciorarnos de que el protagonista era Tony Leung, actor fetiche del realizador, intérprete con un carisma sobrehumano. Pero ¿Qué estaba haciendo Wong Kar-Wai? ¿Qué es esto de las artes marciales? ¿Dónde están las historias de sufrir por amor ad nauseam?.

The Grandmaster 2

La película narra la vida de Ip Man, gran maestro de las artes marciales, que acabaría teniendo como discípulo a Bruce Lee. Los imposibles se mezclan con acierto: el amor al cruel modo del hongkonés y las peleas están presentes en extraña simbiosis. Uno de los primeros nombres en aparecer en el desfile de créditos inicial es el de Yuen Wo Ping, coreógrafo de las escenas de lucha. No sólo por la fama que le precede, pues prácticamente ha configurado el modo actual de comprender la lucha en el cine (Matrix, Tigre y Dragón y Kill Bill, entre otras), sino por lo fundamental de su labor.

La sabiduría oriental nos da frases para que nos actualicemos los estados o escribamos tuits toda una vida. Paseamos de una secuencia de pelea a otra con relativa soltura. Y las peleas, oh las peleas, una delicia estética y marcial. Cada plano parece meticulosamente esculpido y a la vez tiene ese toque de “hago lo que me da la gana, me salto el eje, no encuadro de manera formal”, etc. En fin, es Wong Kar Wai y quien lo ha visto, lo sabe.

The Grandmaster 3

La película ha sido mutilada para caber en dos horas y diez minutos (en lugar de las titánicas cuatro horas originales) y eso se nota. Muchos cartelones nos resumen lo que ha pasado en los últimos años, muchas veces, demasiadas veces. Aún así acaba haciéndose lenta, se llega a sentir incompleta y hasta algo confusa. Algunos ronquidos en el pase; la película empieza con mayor fuerza de la que acaba, a pesar de que tras los créditos hay una pequeña pero muy entrañable secuencia. En conjunto es un gran producto. Su valor estético sobrepasa cualquier barrera y, además, Tony Leung… sencillamente Tony Leung. La película tiene un encanto especial, como a fábula, como a cuento chino. Y se centra en un periodo histórico desconocido para muchos occidentales, por lo que termina siendo una curiosa crónica sobre Hong Kong, lo que aporta tanto interés como algo de desnorte.

Ya os he recomendado la película, pero para terminar, me gustaría dejar una nota por lo absurdo de una reseña que considera un gran error no llegar a Bruce Lee. Hay que ser cretino. Supongo que considerará también un  gran error una película sobre el periodo de entreguerras, pues no se llega a Hitler. No podía guardármelo.

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