Críticas: Asier ETA biok (Asier y yo)

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Recogemos las visiones de los dos protagonistas del documental de Aitor Merino.

Asier ETA biok - Cinema ad hoc

Asier por Snuff:

Asier Aranguren tiene un rostro que aparece en los periódicos. Se sienta, a txapela calzada, en el pupitre que ocupó cuando era un mal alumno amigo de un todavía peor alumno, Aitor Merino. Su amigo partió a Madrid persiguiendo un sueño, el sueño de ser actor. Él decidió quedarse en Pamplona, persiguiendo un sueño bien distinto.

Al reunirse años después, los dos se encuentran cambiados. Pero esto no supone un problema para ninguno de ellos: las amistades enraizadas en la infancia poco tienen que discutir con el presente. Poco entienden de cárceles y poco entienden de huidas mientras queden las cartas y las visitas.

Asier fue etarra. Asier abraza a su madre, Asier recibió la noticia de la muerte de su padre estando en la cárcel, Asier abraza a Aitor. Asier está muy delgado y a la salida de prisión es alabado por una multitud y recibido como un héroe. Aitor no conoce a este supuesto héroe, pero está dispuesto a fantasear con Asier sobre dónde estarán en 20 años.

El proyecto es de salida un fracaso porque tiene que serlo: no se puede retratar a nadie en hora y media ni en cinco. Pero lo que sí se puede apreciar, debajo de las imágenes, es una amistad ajena a todo lo que la rodea. Con un Mapa parecido al de León Siminiani, Aitor busca a Asier debajo de esos titulares y de esas terribles fotos para poder mostrárselo a sus amigos y gritarles “¡Es éste!”. Pero aunque Aitor trate de “suavizar” a Asier, éste sigue siendo un etarra. No sabemos si ha matado o no; cosa muy importante para Aitor, pero irrelevante para Asier. Aitor desiste, pero su victoria consiste en haber tratado de explicar lo inexplicable.

Asier ETA biok (2) - Cinema ad hoc

Aitor por Sergio de Benito:

Aitor Merino reside en Madrid, pero creció al lado de Asier Aranguren en la conflictiva Pamplona de la década de los 80. Allí participó en manifestaciones y fue víctima de la brutalidad policial, hasta que pronto decidió que partiría a Madrid para intentar cumplir su sueño de ser actor. Y no tardó en hacerlo, porque el éxito de Historias del Kronen (Montxo Armendáriz, 1995) fue superior al esperado. Así acabó adquiriendo cierta distancia con un conflicto que, pese a no sufrir en carne viva, siente como propio. En su visión hay una importante escala de grises: sus amigos actores son incapaces de entender lo que sucede en Euskadi, y su conocimiento del problema le aporta más preguntas que respuestas. Por eso, cuando se entera de que su amigo y compañero de fatigas Asier es buscado por pertenencia a ETA y atraviesa episodios como el que termina con su propia detención por error, las cuestiones afloran con mayor fuerza. ¿Por qué antepuso tal camino a sus proyectos vitales?

Aitor sabe que su amistad con Asier trasciende toda lógica pregunta ajena. Pero aun así, cuando éste sale de la cárcel de París tras una estancia de ocho años por pertenencia a la banda armada, decide mostrar su situación en un documental. Es consciente de que su caso es paradigmático en la sociedad vasca, y también de que es imposible abordar el problema en toda su complejidad en una película de 90 minutos. Ése es el principal acierto de Asier ETA biok: no pretender adoctrinar, otorgar voz a un choque en el que los dos protagonistas no están solos, sino rodeados por una vasta distorsión. Aitor opta por el egocentrismo y el histrionismo –a veces desmedido– como vía para convertir su debut como director en un producto fácilmente digerible, en el que no faltan ciertas dosis de humor para rebajar la tensión. Conocedor de que la polémica es un factor ineludible en un proyecto como éste, en ningún momento se regodea en ella. De hecho, su viaje termina con un horizonte abierto a partir del abandono de las armas de ETA. Porque él es el primero que desconoce si Asier y sus amigos de Madrid podrán sentarse a cenar juntos algún día.

Asier eta biok 3 - Cinema ad hoc

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