Críticas: Al encuentro de Mr. Banks

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SAVING MR. BANKS

El tío Walt y la adaptación de Mary Poppins.

Si las películas respetasen la literatura, la palabra supercalifragilisticoexpialidoso jamás habría sido pronunciada, y mucho menos por una institutriz voladora. Pero el culto a la obra original sucumbió hace mucho al hambre de entretenimiento. Y nadie como el cine podía saciarla. Eso sí, con la condición de barnizar los libros con imágenes.

El reino de los sueños que proyecta el celuloide no existiría sin Walt Disney. El artífice de la productora de animación más célebre del mundo fue también el creador de Mickey Mouse, que lo impulsó a la gloria mientras esquivaba los mordiscos de las majors. Aquello le enseñó la importancia de los derechos sobre el original… Su presa más golosa fue P.L.Travers, la autora de una saga que encandiló a los niños de los 60, protagonizada por una institutriz irreconocible por su autora. Años después de su muerte, Hollywood ha querido introducirla al fin en el guión de su propia historia: Al encuentro de Mr. Banks.

SAVING MR. BANKS

Protagonizada por un primo lejano de Disney llamado Tom Hanks -es verídico- y Emma Thompson -paradójica protagonista de La niñera mágica– la película nos introduce en el ring de la mayor productora cinematográfica en 1964. A un lado, como local, el hombre más oscarizado de la historia, ansioso de animar en la gran pantalla un cuento que persigue desde hace dos décadas. Al otro, una mujer arruinada tras agotar su primer éxito literario. En medio, un piano con el que Disney trata de hacer cantar a una mujer que en el libro recitaba poemas inspirados en Yeats.

A pesar de su sarcasmo británico, hábilmente acentuado por el choque cultural con los americanos, la lucha de la autora por proteger su obra no es baladí. Sus personajes son, literalmente, su familia, y no está dispuesta a abandonarlos ni por todo el oro de Disney. Los recuerdos de su infancia la atormentan durante los ensayos, especialmente cuando el productor pinta bigote a Mr. Banks, el banquero inspirado en su padre (Colin Farrell).

SAVING MR. BANKS

Con el paso de los días, el humor de P.L.Travers mejora, y va olvidando los detalles que saltan con las teclas del piano. Hasta que la animación se deja ver… Y una visita surrealista (y algo pastelosa) de Disney a su casa de Londres frena el buen ritmo de la cinta para dirigirla hacia el ansiado happy ending de esta metapelícula. Pero, como la literatura, la realidad no se corresponde demasiado con la imagen cinematográfica del productor, bien interpretado por Hanks. Lo que el director John Lee Hancock no cuenta es que la introducción de animación en el film contra la voluntad de P.L.Travers hizo que ésta se negara a autorizar la adaptación de sus siguientes cuatro novelas.

Sin olvidar que el film es obra de la casa, no viene mal recordar la vida de su fundador. Además de visitar en varias ocasiones a Benito Mussolini -fan confeso de Mickey Mouse-, Disney colaboró estrechamente con el gobierno americano durante los primeros años de la Guerra Fría. Su ayuda consistió en denunciar a tres antiguos empleados por comunistas. ¿Por qué lo hizo?, os preguntaréis. Porque no quería sindicalistas en su empresa. En cualquier caso, si algún periodista se lo hubiese preguntado siempre podría responder… “Supercalifragilisticoexpialidoso aunque suene extravagante, ¡raro y espantoso! Si lo dice con soltura sonará armonioso…”

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