Críticas: Agosto

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Agosto

Duelo actoral con familia al fondo.

Con nadie se es más cruel que con quien más queremos, que con la propia familia. Se esconden secretos capaces de destruir los corazones más fuertes por puro egoísmo amparándose en el bienestar que la ignorancia proporciona, crean necesidades de afecto tan grandes que sus miembros buscan desesperadamente el amor en quienes menos les conviene con tal de sentir por un momento ese calor que supuestamente concede el seno maternal. Resentimientos largamente escondidos bajo falsas apariencias de familia feliz, son los que resurgen en los momentos de más calado emocional como los que suceden en Agosto, en la que la repentina desaparición del patriarca de una familia del medio oeste americano reúne en la casa familiar a sus tres hijas, a su nieta, sus yernos y sus cuñados para acompañar a su afligida esposa. Una olla en plena ebullición que no tarda en estallar a medida que van saliendo a la luz los resquemores acumulados entre los distintos miembros de la familia Weston, empezando por las razones que llevaron a que dos de sus hijas dejaran la casa hace años y a que ni siquiera acudieran al saber que su madre sufre de cáncer.

La obra teatral del dramaturgo y guionista Tracy Letts, Agosto: Condado de Osage, se lleva por primera vez a la pantalla grande después de representarse con gran éxito en varios países desde su estreno mundial en Chicago en 2007. Sobre las tablas, nombres tan importantes como los de Deanna Dunagan, Estelle Parsons, Norma Aleandro, Anna Lizarán o Amparo Baró, han dado vida a Violet Weston, una mujer entregada al consumo masivo de medicamentos que palien su dolor por un cáncer de boca al que sigue alimentando sin parar de fumar. Violet tiene en Agosto el rostro y el carácter de una Meryl Streep que saca lo mejor de ella para hacernos reír y llorar en una misma secuencia, por momentos con un histrionismo más acorde con la teatralidad de la obra que lo que el lenguaje cinematográfico requiere, consciente de estar de nuevo en la carrera para conseguir el que sería su cuarto Oscar. Porque si en algo son expertos los hermanos Weinstein es en tener buen ojo para producir historias con olor a premio, y Agosto tiene todos los elementos para llevarse unos cuantos.

AUGUST: OSAGE COUNTY

Como toda obra teatral que se precie, la adaptación al cine de Agosto es una película de actores, de actuaciones y de emociones por encima de cualquier aspecto técnico que pueda sobresalir de ella. Al margen de la impecable actuación de Meryl Streep, todo el reparto de Agosto sin excepción es capaz de traspasar la pantalla con sus miserias, empezando por la que probablemente sea la mejor actuación hasta la fecha de la que fuera considerada la “novia de América” en la década de los 90, Julia Roberts. Junto a ellas, un elenco que compite interpretativamente entre ellos, en un ring que tiene su punto álgido en un duelo a 10 bandas alrededor de una mesa lleno de cinismo, que empieza jugando con el sarcasmo más cómico hasta desembocar en un ataque de crueldad verbal seguida por una inevitable agresión física, y que lleva al espectador a pasar de la carcajada a la tensión más absoluta.

Sin duda el peso interpretativo y emocional de Agosto recae en todo el reparto femenino al contrario de lo que pasaba en la anterior película de su director John Wells, The company men. Si bien es cierto que todos los personajes, tanto masculinos como femeninos, tienen una identidad propia y unos sentimientos reprimidos que estallan en diversos momentos de la obra, son las mujeres las que tienen los roles y los conflictos más interesantes, y sobre todo las que consiguen que esa tensión entre ellas no decaiga en ningún momento a través de combates dialécticos entre ellas difíciles de observar sin violentarse.

AUGUST: OSAGE COUNTY

El ritmo narrativo que imprime Wells a la película, no sólo no hace olvidar a la obra de teatro sino que es capaz de aportar un equilibrio entre la teatralidad de aquella y la imagen cinematográfica pocas veces conseguida en adaptaciones de este tipo. Si hay que ponerle un pero a Agosto, es la sensación de que hemos asistido a un sinfín de concesiones en busca del lucimiento personal de algunos actores, dicen las malas lenguas que con vistas al Oscar, que culminan con una escena añadida al texto de Letts para la exhibición pura y dura de la Roberts.

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