London Calling: Resumen del cine británico 2013

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Gran Bretaña

Empezamos las despedidas: Reino Unido cierra un año de cine rico y generoso.

2013 nacía después de un año especialmente prolífico para el cine británico. Con Skyfall conquistó a público y taquilla, con The Imposter sorprendió innovando el género del falso documental y con Berberian Sound Studio daba una muestra de irreverencia cinematográfica con mucho estilo. Las adaptaciones de clásicos como Anna Karenina o Los Miserables convivían con cintas como Turistas o Broken, dos éxitos comerciales e independientes que prepararían doce meses plagados de títulos made in Britain.

Y es que si algo ha demostrado el año que acaba es que la industria autóctona se está consolidando y no sólo dentro de sus fronteras, sino también con las exportaciones y con los vínculos con Hollywood que ya definen el trabajo de Christopher Nolan, Paul Greengrass o Danny Boyle. Prueba de esta expansión son la pluralidad de títulos patrios que se han estrenado en 2013, algunos de ellos colocados en cuanto a recaudación entre los pelotazos internacionales del año, como Gravity, Thor, El Gran Gatsby o Lo imposible, que se mantiene entre las 25 películas más taquilleras de Reino Unido.

Alas al cine independiente

Esto se ilustra especialmente bien con el ejemplo de Philomena, la última película de Stephen Frears (La reina), que de nuevo ha confiado en otra exquisita dama británica, en esta ocasión Judi Dench. Pese a que el presupuesto no ha sido desvelado, Philomena estuvo nominada en varias categorías de los premios de cine independiente mientras recaudaba en sólo un mes 23 millones de euros, por encima de Capitán Phillips, Oz, un mundo de fantasía o Django desencadenado.

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Como actor y guionista, Steve Coogan llevó de la mano a la entrañable Philomena en el trayecto para encontrar a su hijo en un papel menos histriónico que de costumbre. Sin embargo, el actor daba un recital de muecas en Alan Partridge: Alpha Papa, comedia puramente british que ha dirigido Declan Lowney. También en tono cómico se metía en la piel del magnate teatral Paul Raymond en The Look of Love, aunque las sombras de una completa y algo lenta biografía mostraban también al intérprete sopesando el drama y demostrando por qué es uno de los mejores actores de su país.

Otro de los grandes ejemplos de este éxito de taquilla y crítica ha sido Filth, una película que cumple dos objetivos fundamentales: satisfacer a los nostálgicos de Trainspotting y no dejar dudas de que James McAvoy es el actor británico de su generación. Con un presupuesto de dos millones de euros, la recaudación superó los 4.5, por encima de Al encuentro de Mr. Banks, Los becarios, El consejero o Diana, el fallido intento del director de El Hundimiento de darle a la princesa del pueblo algo más que una tv movie.

El propio McAvoy aseguraba a Cinema Ad Hoc que aunque no se fija especialmente en las cifras, Filth ha sido una lección de que menos es más: “Cuando haces una película de bajo presupuesto te dicen que será un éxito si recauda unos cientos de miles de euros en taquilla, si va a varios festivales, gana algunos premios, sale en DVD y la gente dice: ‘Oh, qué artística e independiente’. Pero la realidad es que doblamos el presupuesto. Y me es indiferente el dinero, pero lo que indica es que una película independiente puede hacer que la gente vaya al cine sin estar dentro del sistema de estudios y sin cientos de millones invertidos en publicidad. Y eso es muy significativo, porque quiere decir que con el dinero que hacemos entre nosotros, podemos continuar haciendo otras películas para nosotros, sin siquiera necesidad de pensar en las ventas internacionales”.

Filth

El escocés hacía estas reflexiones tras recoger su BIFA a mejor actor protagonista, por montarse a la inmundicia (‘filth’) en forma de policía corrupto, bipolar y drogadicto, el único personaje de su carrera que echará de menos junto a Macbeth. El cóctel molotov de esta película, que surgió en la mente de Irvine Welsh cinco años después de Trainspotting, hila un interesante thriller, dinámico y lleno de matices. “Claro que tiene cosas de otras películas –nos comentaba McAvoy–, pero creo que es muy única. Y creo que intentar adaptar a Irvine Welsh puede ser ofensivo, bello y cruel, divertido y raro. Es casi como un mundo dickensiano para mí, el hacerlo bien y entretenido a la vez”.

Una de las acompañantes del misógino McAvoy en Filth es Imogen Poots, la niña que se paseaba por un Londres desértico en 28 semanas después. Ahora no sólo es una de las grandes esperanzas en acento británico, sino la secundaria que en 2013 ha copado la cartelera hasta hacerse con el BIFA a mejor actriz de reparto por The Look of Love. A la espera de estrenar cinco títulos el próximo año, de momento se ha conformado con aparecer con Aaron Paul en A Long Way Down (Pascal Chaumeil) y con volver a Hollywood con All is by my side y Greetings from Tim Buckley, dos títulos muy musicales sobre Jimi Hendrix y Jeff Buckley.

The look of love

Precisamente a excepción de The Look of Love, todos los títulos citados se estrenaron en la segunda mitad del año, típica estrategia para dejar que los blockbusters hollywoodienses acampen a sus anchas durante el verano. Por este motivo, mientras Cannes sólo proyectó dos cintas británicas (The Selfish Giant y For Those in Peril, ambas muy bien acogidas), Venecia, Locarno y especialmente Toronto mostraron algunas de las promesas de 2014: Under the Skin, The Double, Exhibition o The Invisible Woman, que compartirán cartelera con películas pendientes de estreno como Starred Up, The Machine, A Slight Trick of the Mind o Black Sea, en la que Jude Law vuelve al cine tras dar vida a Enrique V en los escenarios londinenses.

También en época otoñal llegaron a las carteleras algunos de los éxitos de crítica: Le Week-end, el periplo parisino entre Lindsay Duncan y Jim Broadbent, y el musical y feel-good movie del año, Sunshine on Leith. También se presentaba la cinta rodada en Filipinas Metro Manila, absoluta triunfadora del cine independiente británico, y que volvía a colocar el foco sobre el director Sean Ellis tras su interesante Cashback y su no tan interesante The Broken.

Nombres propios

Precisamente en cuanto a cineastas, 2013 ha sido una época de reunión de algunos nombres célebres: Ridley Scott presentaba El consejero en el mismo momento que Christopher Nolan (El hombre de acero) o Paul Greengrass (Capitán Phillips) demostraban lo cómodos que están rodando en el continente americano, un territorio que, al parecer, el próximo febrero se rendirá en dorado a Steve McQueen con su 12 años de esclavitud. Por primera vez con financiación estadounidense, el cineasta se encuentra presentando su tercera película entre las mejores críticas, una vez más con el apoyo de su actor fetiche, Michael Fassbender.

TWELVE YEARS A SLAVE

Otros directores que han estrenado en 2013 han sido los populares Edwar Wright (Scott Pilgrim contra el mundo) con Bienvenidos al fin del mundo y Michael Winterbottom (9 songs) con la citada The Look of Love. A ellos se han unido Ben Wheatley (Turistas) con el relativo éxito A Field in England y Shane Meadows (This is England), que firma el documental The Stone Roses: Made of Stone. También la no-ficción ha inspirado InRealLife, lo nuevo de la directora de Bridget Jones, Beeban Kidron.

Por su parte, mientras la fantástica 2 Jacks, de Bernard Rose (Candyman), se estrenará directamente en DVD tras su paso por festivales independientes, Jonathan Levine (50/50) arrasaba en taquilla con Memorias de un zombie adolescente. No muy por encima se ha quedado Trance, el último título del oscarizado Danny Boyle, cuyo bucle de paranoia y realidad cayó más en gracia fuera que dentro de Reino Unido.

En cambio, lo que el público británico no dejó sin premio fue ver en pantalla algunas de sus glorias, las viejas y las nuevas. Y es que la película sobre el grupo de adolescentes One Direction recaudó casi once millones de euros, al igual que la reunión entre Maggie Smith y Michael Gambon que dirigió Dustin Hoffman en El cuarteto. Cifras similares consiguió la esperada Una cuestión de tiempo, la comedia romántica de Richard Curtis, artífice de Love Actually y guionista de Notting Hill.

About Time

Por otro lado, 2013 ha sido el año de muchas operas primas. Seguramente el caso más relevante es el de Clio Barnard, directora de The Selfish Giant, primera ficción tras el aclamado The Arbor. Esta nueva mirada del cine social británico encabeza una heterogénea lista donde la crítica ha puesto el ojo especialmente en el terror psicológico de In Fear (Jeremy Lovering) y en el thriller The Rise (Rowan Athale). También forman parte de esta lista  la comedia I give it a year, estreno del productor de Borat y Brüno, Dan Mazer, AfterDeath (Gez Medinger y Robin Schmidt), The Borderlands (Elliot Goldner), Londres: distrito criminal (George Isaac) y la espléndida For Those in Peril (Paul Wright).

Pese al empacho con el que llega a Navidad, estos no son todos los títulos británicos de la cartelera, donde por cierto ninguna le ha hecho sombra a Gru Mi Villano Favorito 2, como muestra de la buena racha general del cine de animación. Ni los precios astronómicos de las entradas frenan el último paso para que esta maquinaria gire y se consolide, en un año también recordado por una de sus jubilaciones más tristes. Según anunciaba recientemente, el octogenario Ken Loach cuelga el hábito con Jimmy’s Hall, última ficción que estrenará en 2014, tras una prolífica carrera que en 2013 presentaba un nuevo documental, El espíritu del ’45.

El emblemático director ha visto cómo la industria de su país crecía y se alejaba de las “películas que nadie quería ver”, tal y como contaba a Cinema Ad Hoc un optimista Paul Greengrass: “Ni de lejos estamos donde estábamos en los 80. Si piensas en la cifra que el cine británico mueve, creo que supera los mil millones de euros, es colosal. Es una industria inmensa, una de las líderes en este país en cuanto a ingresos, creación de empleo, crecimiento y oportunidades, y está en manos de la creatividad y el talento de las voces británicas, esto es lo que lo mueve. No crearemos una industria potente si no la protegemos, y ya lo hacemos, aunque siempre quedan cosas por hacer”, remataba el cineasta en los premios BIFA, mientras tanto él como su Capitán Phillips ya entrenan para la carrera de los Óscar.

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