London Calling: Philomena

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Philomena

UK 2013: El tándem “Frears + Dama británica” muerde la taquilla con hechos reales.

Tu hijo cumple 50 años. Hace medio siglo te convertiste en madre tras un escarceo sexual del que poco conocías sus consecuencias. En el convento donde estabas internada pasaste a ser una de las repudiadas, y a trabajar tanto como fuera necesario para limpiar un pecado que jamás se limpiaría. Pero pasar una hora con tu hijo era lo único que te hacía feliz, pese al temor de que llegara uno de esos coches elegantes que cambiaban la historia. Tu hijo cumple hoy 50 años, y lo celebras sin él, porque uno de esos coches elegantes se cruzó en vuestro camino. Pero hoy te has decidido a encontrarlo.

Esto es lo que en periodismo se conoce como “una historia de interés humano”, algo que Martin (Steve Coogan) no hace. Claro que lo acaban de echar de su trabajo y su prestigio como periodista está por los suelos. Por lo tanto, qué mejor momento para plantearse aquellas cosas que es y aquellas que solía ser, exactamente igual que le sucede a Philomena (Judi Dench), que decide afrontar sin rencor la búsqueda del hijo que le robaron. Y será importante destacar que lo hace sin rencor, puesto que su pureza buscará engullir el cinismo del periodista que todo lo ha visto ya.

Philomena 2

Philomena arranca con la mejor de las intenciones, aunque encuentra un colapso que ilustra a la perfección el personaje de Coogan: avanzar o no avanzar. Ése es su dilema, y también lo es el del guion que él mismo ha coescrito con Jeff Pope. Dualidades, dilemas, decisiones que puedan cambiar el rumbo, Philomena está llena de todos ellos y, en cambio, pese a contar con sólo dos personajes –por cierto muy bien caracterizados–, los deja rasos y sin un verdadero cambio que muestre la sombra tras la luz, para poder volver a la luz. Porque si Dench es luz, Coogan es un sombrío cínico, y juntos entregan una cinta que no supera la barrera de ser “de interés humano”.

¿Qué ha hecho Stephen Frears (The Queen) con esta historia? Presentar una narración funcional y práctica acentuando los guiños y los momentos dramáticos. A diferencia de otros guiones más ordenados, el director se pierde a momentos en esta road movie cuando empieza a dar vueltas sobre sí misma, tanto las que dan los protagonistas revisitando lugares, como los puntos de fuga del diálogo, que en general aprovechan la excusa del convento y los niños robados para hacer aserciones morales y sobre religión.

En este sentido, la película propone un extraño pacto de no intervención con respecto a la Iglesia Católica irlandesa, pese a acusarla de financiarse a partir de los embarazos de muchas de sus internas. Philomena no se moja, pero hace inevitable las reminiscencias a los abusos de toda índole que acontecieron en instituciones religiosas durante décadas en el país, y así se une a una lista de películas donde figuran Conspiracy of Silence, Los niños de San Judas o la durísima Las hermanas de la Magdalena.

Philomena 3

De un modo entrañable y muy convencional, en Philomena los buenos son buenos, y los malos son malos, y así se ha convertido en el éxito comercial del año en Reino Unido. Su público se ha rendido a uno de sus directores más prolíficos, artífice de Las amistades peligrosas y Alta Fidelidad, y al camaleón Judi Dench, aquí traduciendo su garra en la dulce ignorancia de un personaje, por cierto, basado en una mujer real, como reales son las imágenes de archivo que muestran al hijo de Philomena Lee.

Que Judi Dench tenía que ser Philomena en la gran pantalla se respira por los cuatro costados. Y es que si la historia como tal es una descripción de una mujer excepcional, la adaptación cinematográfica es una carta de amor a la dama británica, tanto por parte de los guionistas como del director. No hay duda de que Dench llena de sentido visitar este título, que desafortunadamente se estanca en meros tópicos que no le permiten vida mucho más allá de su metraje.

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