Festival Curtocircuito 2013: Balance

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Curtocircuito

Os contamos lo que pudimos ver por tierras gallegas.

No es el Curtocircuito uno de esos festivales que se limita a la proyección de los títulos que forman parte de su cartel, sin duda una de los valores más destacados es la intención de acercar a creadores, prensa y público, formando un foro común que si bien, probablemente, no solucione todos los problemas que aquejan al sector, sí al menos otorga la posibilidad de abordar cuestiones como la relación entre productor y director, el papel de la crítica (tanto de la prensa tradicional como de los nuevos medios) en su función de intermediaria entre obra y espectador o hacia dónde pueden encaminarse los festivales en un futuro inmediato. Una forma integral de abordar un certamen que, además, tuvo la fortuna de ver cómo las diferentes sesiones que integraban su selección contaban con un gran apoyo popular, explicitado en los casi llenos que se repetían en las butacas del Teatro Principal, algo a destacar en un evento donde los cortometrajes son los únicos protagonistas de la función ¿sería un buen momento para preguntarnos si el pretendido escaso interés de los cinéfilos por esta forma de expresión responde únicamente a análisis parciales y artificiosos?. En cualquier caso invitamos a nuestros lectores al visionado de muchos de los trabajos que pasaron por la capital gallega, de los cuales os hablamos ahora con más detenimiento.

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En primer lugar debemos detenernos, dentro de la Sección Oficial, en su programa Internacional. Coincidimos plenamente con la elección del Jurado que declaró como mejor Cortometraje al australo-japonés (bien dicho, creo) Burning hearts. El trabajo de James McFay es un melodrama que deviene en desenfadada trama de acción empapada del espíritu manga y la mirada irónica de Sion Sono y que resuelve su enunciado con un plano secuencia muy en la línea de ese nuevo cine oriental tan en boga, consiguiendo que su límpida caligrafía transmita al espectador una manera de rodar escenas de acción alejada de cámaras temblorosas y montajes atropellados, sin duda un notable ejercicio técnico, justamente reconocido, cómo decíamos por los miembros del Jurado. También nos parece adecuada la mención a Comme des lapins, segunda parte de las Chroniques de la poisse que dirige Osman Cerfon, y es que la animación para adultos sigue mostrando su mejor cara en estas pequeñas píldoras, en este caso estaríamos tentados a preguntar al autor acerca de su posible conocimiento de Víbora, el comic-book español que introdujo una nueva forma de entender este formato para adultos. La obra de Cerfon comparte con éste tanto su sarcástica forma de entender el humor como una suciedad visual que empatiza perfectamente con su tono descarnado, de crónica de extrarradio y de cristales rotos. Os dejamos con Sticky ends, la primera parte de su trilogía, para que podáis apreciar cómo se las gasta el amigo Cerfon.

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Fuera de las obras premiadas en el programa internacional debemos hacer referencia a The mass of men, que ratificó las buenas impresiones producidas en el Festival de Locarno gracias a su crónica social transformada en un estallido de violencia más propio de un Takeshi Kitano, su giro argumental impacta y sobrecoge, un gran ejemplo de cómo crear tensión y resolverla sin necesidad de alargar su discurso. Palim, palim de la directora suiza Marina Klauser fue sin duda otro de los momentos álgidos del certamen con su extraña historia de un motel en mitad de ninguna parte donde confluyen personajes sin destino ni motivación aparente, un lugar tan fuera de la geografía de lo habitual como aquél que englobaba a los protagonistas de Delicatessen. La obra de Klauser resulta fascinante en cuanto construye un universo propio, dotado de sus propias reglas y que se disfruta con la expectación de no saber cuál será el siguiente paso. Por último, no queremos olvidamos del desolador Hamomili, una buena muestra de las razones por la que la griega es una de las cinematografías europeas más pujantes en la actualidad, aunque la película de Zinxhiria Neritan se aleje algo de la introspección metafórica que es una de las señas de identidad de dicho movimiento, cambiándola por un sensible relato sobre la soledad y la incomunicación. Notable, en cualquier caso.

una-historia-para-los-modlin-1

Pasando al programa nacional es obligado hablar, en primer lugar, de la estupenda Una historia para los Modlin, ganadora del Goya al mejor cortometraje documental. El film de Sergio Oksman hace gala de una asombrosa capacidad para remover los conceptos de la memoria y el recuerdo, para hablar del modo en cómo la vida pasa delante de nuestros ojos sin que nos demos cuenta y todo ello con una suma de formas de expresión que imita a la propia existencia y que un soberbio montaje engarza con total naturalidad, lo cual no es sencillo a causa de esa misma riqueza de modelos expresivos, apasionante obra la de Oksman. En un tono completamente diferente, muy cerca de ese humor costumbrista que tan buenos resultados suele dar en su formato largometraje (baste recordar algunos ejemplos con firma de Almodóvar, Fesser, Cuerda, etc.) se encuentra Misterio de Chema García Ibarra, aquí la utilización de actores no profesionales se convierte en herramienta clave con la que medir el acierto del director ilicitano, ya que no sólo dotan a su obra de un halo de verosimilitud necesario para su desarrollo sino que forman su propio contexto entre lo absurdo y lo trascendental.

Sangre de unicornio

No queremos terminar esta crónica sin hacer mención de las obras de autores de la región a los que el Curtocircuito presta especial atención, habida cuenta del gran momento que está viviendo el cine hecho en Galicia, baste recordar la fenomenal acogida que han recibido obras como Costa da morte de Lois Patiño, Arraianos de Eloy Enciso, etc. Visto lo nuevo que nos ofrece el panorama gallego parece que la continuidad está asegurada gracias a obras tan interesantes como Curta nº3 de Xoan Escudero, una puesta al día en forma epistolar de algo tan propiamente gallego como el sentimiento de desamparo de quien, por necesidad o elección, se aleja de su país, Robin & Robin de María Pérez y Hugo Amoedo, una anécdota bellamente filmada sobre la condena a la soledad de los segundones o Sangre de unicornio, buen ejemplo de cómo superar la escasez de medios con talento e imaginación para darle la vuelta a los cuentos clásicos, y cuando decimos darle la vuelta no piensen en el tono amable de Shreck y compañía, o piensen en ello pero con una mirada mucho más turbia.

Dicho todo esto sólo queda celebrar que festivales tan atractivos como Curtocircuito sigan dando oportunidad a autores y público de tener una mirada conjunta sobre unas obras y un formato como es el del cortometraje que muchas veces supera el tópico de “cantera de cineastas” para convertirse en una elección artística que se justifica por sí misma. Gracias a todo el equipo que hace posible Curtocircuito cuya disposición y facilidades hace que sea mucho más sencillo nuestro trabajo, esperamos veros el año que viene.

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