En otro país: Klip

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Klip, la (otra) polémica que vino de Serbia.

De la nada surgió una joven realizadora llamada Maja Miloš. No de la nada exactamente, sino de Serbia, aunque poco más podemos saber sobre ella. Desde la oscuridad del film surge un letrero: la película ha sido prohibida en Rusia. Saltan las alarmas cerebrales: ¿Otra A Serbian Film?.

Más fácil que provocar es decir que un film sólo busca provocar. Klip nos traslada a un Belgado que parece sacado del postapocalipsis. Todo está sucio y como a punto de derrumbarse. Allí seguiremos las vivencias de Jasna, encarnada por Isidora Simijonovic, que en el momento del rodaje contaba con 14 años. Con 14 años y con dobles para todas las escenas de sexo, claro. Que de ésas hay muchas: de hecho, pude ver esta película en el Festival de La Boca Erótica, en Madrid.

Buena parte de la acción transcurre a través de la cámara de un móvil, pues a Jasna se lo ha regalado un tío rico y no lo soltará en toda la película. Cada vez resulta más manido el tema del real footage. Uno ya no sabe si es una forma de abaratar costes o una forma de quitarle peso a la dirección. Claro que sigue siendo una forma de brindar realismo a una película o de recordar al espectador ciertas intenciones: lo que se muestra es una ficción, pero está pasando ahí fuera, al lado de tu casa, en Serbia. No quiero hacer una obra de arte meditada, quiero una obra de arte que se sienta real. Que uno piense en lo que está dentro de la película y no en su técnica y artificios. Que la analice más como quien puede ver un reportaje o leer una noticia, que le haga reaccionar de ese modo.

Klip cuenta con varias secuencias explícitas de sexo que muchos han definido como gratuitas. Discrepo y profundizaré en ello más adelante. Es cierto que se busca cierto impacto con la película, pero quedarse con el contenido sexual es, también, un tanto ramplón. La película se centra en el día a día de Jasna y más concretamente en su relación con el parco en palabras Djole, al que pondrá todo su empeño en conquistar. En casa (un hogar pobre), su padre está gravemente enfermo y su madre trata de arrancarle algo de cariño o incluso conversación a Jasna, egoísta monstruosa. También tiene una hermana pequeña por la que no demuestra el más mínimo interés. A Jasna los problemas del hogar no parecen afectarle, sus preocupaciones efectivamente están fuera del entorno familiar. Y con esto no es suficiente decir que lo que Jasna quiere es irse de fiesta con sus amigas, vestir provocativamente y tratar de ligarse a Djole. No es suficiente, porque no es sólo lo que quiere, es lo que le preocupa. Es donde residen sus miedos y anhelos, muy lejos de casa, de su padre enfermo, de su sufridora madre y de su hermana pequeña.

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Así que sí, lo que vemos en la película (y, como decía, es lo que hay que analizar pues la directora pone toda su fuerza en que olvidemos que estamos viendo una ficción) es a Jasna de fiesta con sus amigas, consumiendo drogas y teniendo sexo con Djole. Del tema de la fiesta me gustaría destacar especialmente un elemento: el vestuario. Parece que sea algo relegado a las producciones de época, que siempre se están llevando galardones al vestuario. La ropa (y maquillaje) de los adolescentes balcánicos, ropa barata y la búsqueda de un glamour barato y sí, una provocación barata.

Hablemos de sexo: la relación de Jasna y Djole comienza con ella practicándole una felación en los baños del instituto. Cuando acaba, él se va sin mediar palabra, dejando a Jasna en el infecto suelo de los infectos baños del infecto instituto dedicado en vano a salvar a la infecta juventud serbia. De Djole poco más sabremos a lo largo de la historia: es primario y bestial.  Tras el encuentro, las amigas de Jasna parecen algo decepcionadas: sólo ha logrado “sacarle” (es curioso el interés de ellas por el sexo y el pasotismo de ellos, que se dejan ligar) sexo oral y por tanto ella sigue siendo virgen. Otra de las escenas se da cuando Jasna logra convencer a Djole para ir a casa de éste después de una de sus interminables sesiones de fiesta. Jasna, obviamente excitada, falla en provocar a Djole que, tal cual, se sienta a jugar al ordenador. Con mucho esfuerzo, Jasna logra su interés. El resultado es ella tendida en el suelo en actitud lasciva mientras él se masturba encima hasta eyacular. Antes, ella intenta masturbarse mientras dura la acción: él le ordena que no lo haga. Estoy es muy significativo. Jasna no saca placer sexual de su relación con Djole o, como poco, lo que saque es infinitamente superado por su afán de ser deseada. Todas sus acciones en la película irán encaminadas a esa meta: ser un objeto de deseo. Ser observada, algo que mirar con lujuria. Quizá la parte provocativa del film resida más ahí: en que se nos fuerce a desear a una menor. Porque en cuanto al sexo, cada escena es diferente y el orden de éstas altera el producto y la tesis de la autora.

Una pequeña nota: en todas las sinopsis de la película se habla de las redes sociales y del peso que tienen éstas en los adolescentes, como si las películas se vieran con el piloto automático y con todos los prejuicios y conclusiones sacadas. Hay únicamente una escena escasa en las que las redes sociales tienen alguna relevancia. Por ello, todo el tema de grabar con el móvil parece quedar relegado a conseguir un efecto realista y la necesidad de Jasna por ser deseada y espectáculo viviente. En una significativa escena, Djole se masturba viendo el vídeo que Jasna le muestra de ella misma masturbándose.

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Escenas de fiesta, escenas de sexo, escenas del instituto, escenas del hogar. En las primeras vemos a la degradada juventud Serbia, propensa a la violencia, al consumo de drogas y en ocasiones hasta desinteresada por el sexo. En una de estas escenas, uno de los chavales grita al mundo la memorable “¡FUCK FACEBOOK, FUCK AMERICA, KOSOVO IS SERBIA!”. Aparte del sexo, hay alguna escena en la que Jasna observa a Djole pegándo a alguien, sumamente contemplativa. Quizá se quiera plantear el cuasi retroceso a una sociedad tribal: en el instituto, los chavales más fuertes (entre los que se encuentra nuestro héroe) agarran a un compañero y entre burlas lo lanzan a un contenedor. Escena vista una y mil veces: lo novedoso resulta cómo las chicas observan en completo silencio a pocos metros desde las gradas: Ellas tampoco encuentran nada novedoso ni excitante en la escena, es pura rutina. En las escenas de instituto dedicadas al tema docente vemos una idea que ya nos han presentado muchas veces cineastas como Larry Clark: el mundo de los adultos es completamente ajeno para los adolescentes. Por contraste, nos resulta sumamente ridículo ver a un señor de aire distraído hablando sobre procariotas y eucariotas a un grupo de jóvenes que acabamos de ver divirtiéndose y drogándose. Esta idea de lo ajeno queda subrayada con las escenas de hogar en las que Jasna ni siquiera logra preocuparse por su padre enfermo terminal. Asistiremos (y esto sí que es impactante) al egoísmo desmedido de esta adolescente a la que, por otro lado, deseamos. Y por algún motivo buscamos en ella algo que no nos sea ajeno a nosotros, algo que no tengamos la necesidad de condenar…

En otra escena, Jasna visita un orfanato, como parte del programa escolar. Viendo el mal comportamiento de unas niñas, casi trata de ponerse maternal. Esto hace pensar en la absurda confrontación generacional: cada generación le echa en cara a la posterior lo fácil que lo han tenido ellos en comparación. “Cuando tenía tu edad estaba jugando con juguetes y no con un iPhone”. “Cuando tenía tu edad andaba 10 km cada mañana para poder ir al colegio”. “Cuando tenía tu edad había muchos días en los que no sabía si comería”. Y así en una cadena infinita que parece acabar en Jasna, ¿Qué le va a decir ella a la generación posterior? ¿Qué le va a decir a esta niña que ha recibido como un tesoro lo que a ella le sobraba?. El futuro es la abstracción máxima para la generación de Jasna, que sencillamente tiene sus necesidades más básicas cubiertas. Pero ningún interés en un futuro que, probablemente no exista en parte por representar su muerte como adolescente. Y esa, por tanto, no será ella.

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El ya citado realismo no podría haber alzado el vuelo de no ser por la interpretación principal, que entra más en esa categoría de gloria natural que en las que alabamos por la complejidad de un papel, que en cualquier caso no es sencillo. Es cierto que la sensación de estar siendo vilmente provocado aumenta al comprender que la película no tiene ni una narrativa convencional ni un avance lineal, por lo uno se llega a cuestionar si hay cualquier tipo de ídem. Existe, pero la película se presenta más como un todo que como una progresión de eventos en arco en las que al final el protagonista aprende una valiosa lección. Sorpresa: Klip se parece mucho más a la vida que una película con introducción, nudo y desenlace.

La existencia de una película como Klip es en sí misma una provocación, pero no es una provocación barata. Para muchos no lo será porque mostrar una realidad no puede serlo. Para mí, la película va bastante más allá y en toda su exhibición hay unas tesis implícitas que no se pueden desdeñar a la ligera.

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