Críticas: ¿Qué hacemos con Maisie?

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Nada. Eso es lo que hacen con su hija la estrella de rock trasnochada y el marchante de arte de ¿Qué hacemos con Maisie? Por paradójico que suene, parece que ninguno de los dos tiene tiempo para ir a buscarla a la guardería. Están demasiado ocupados peleándose por su custodia… Eso sí, ambos instalan un zoo de peluches en las habitaciones de sus respectivos apartamentos neoyorquinos, por los que peregrina a ritmo de rock and roll judicial.

Maisie vive primero con mamá, Susanna -Julianne Moore, que repite como madre desastre tras Los chicos están bien-. La actriz encarna a una estrella decadente que fuma porros en el salón mientras presenta a su hija a los amigos o se la lleva a los ensayos para que haga los deberes.

Su ex-marido Beale, interpretado por un histriónico Steve Coogan (guionista y actor de Philomena), tampoco es un padre abnegado. Cuando obtiene la custodia abandona a Maisie por sus viajes de negocios. Es entonces cuando la pequeña se hace querer por Margo (Joanna Vanderham), su antigua niñera y amante del empresario.

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La boda de Susanna con Lincoln -Alexander Skarsgård- aquí bastante menos refinado que en su enlace de Melancolía (Melancholia, Lars Von Trier 2011)- sitúa de golpe a Maisie con cuatro padres. O eso parece, porque en la práctica siguen siendo dos, y no precisamente los biológicos…

Si Susanna y Beale la mimaban con juguetes y chucherías, Margo y Lincoln juegan con ella. La cuidan como si fuera suya, y Maisie no sólo se encariña y empieza a ser feliz, sino que evita que se conviertan en pasto del fuego cruzado entre sus padres. A diferencia de ellos, que viven dominados por el egoísmo (dinero, éxito…); Maisie es completamente inocente. Ese es el mensaje que domina la película de Scott McGehee y David Siegel (La huella del silencio). Maisie se lanza a abrazar a cualquiera de los cuatro, sin importar el odio previo que alguno de ellos le haya tratado de inculcar, siempre con una sonrisa en la boca. Y todo ello sin olvidar quiénes son sus verdaderos padres.

Acostumbrada a los raptos temporales de dos adultos caprichosos, Maisie quiere ser libre como la tortuga que corretea sobre su Monopoly. Y esa libertad sólo la encuentra lejos de Manhattan. Lo único que chirría un poco en el guión es que la felicidad le llegue de manera un tanto edulcorada, después de sufrir golpes tan realistas en una crisis matrimonial. La vida paralela de Maisie respecto a sus padres se acaba convirtiendo en un sueño irreal, demasiado forzado por las circunstancias.

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El cambio de rumbo argumental hace que el tramo final de la película parezca excesivamente alargado. Sin embargo es, quizás, una excusa para mostrarnos una bonita secuencia de esta pequeña belleza llamada Onata Aprile. La ternura que desprende mantiene viva la película. Quizás por eso la frase más escuchada a la salida del cine era: “Lo mejor de la peli es la niña”. Es difícil disentir. Si algo deja claro el film basado en la novela de Henry James es que la pequeña Onata tiene un gran futuro por delante. A diferencia de su madre ficticia, la real, Valentine Aprile (Julie y Julia) es más sensata: le ayuda a memorizar los guiones.

One Response to Críticas: ¿Qué hacemos con Maisie?

  1. Miguel Domingo dice:

    Interesante crítica, sorprende el ánalisis psicológico de los personajes, que ha conseguido captar mi atención sobre la película, iré a verla.

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