Críticas: Nymphomaniac. Volumen 1

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Nymphomaniac

Von Trier y el sexo, Nymphomaniac Parte 1.

Nymphomaniac, la esperada nueva película de Lars Von Trier, se abre con el apaleado cuerpo de Charlotte Gainsbourg tirado en un callejón, un cuerpo que podría ser el de cualquiera de las mujeres que en la pantalla han formado parte de la obra del cineasta danés y es que pareciera que lo femenino en su cine formara un continuo temporal, superando el ámbito individual de cada film, nos cuesta percibir diferencias entre la Grace de Dogville, la Bess de Rompiendo las olas, la Justine de Melancolía o esta Joe de Nymphomaniac, todas presentan unos rasgos comunes que no sabemos si representan a una tipología de lo femenino (¿se puede categorizar así?) pero sí al modo en cómo Von Trier lo percibe, sería así el danés un raro ejemplo de autores que, hablando aparentemente de algo ajeno a sí mismo, se conforman como auténticos protagonistas de la función, de utilizar el cine como una herramienta de psicoanálisis propio.

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No es casual esta referencia al psicoanálisis porque Nymphomaniac se asemeja a una sesión del mismo dónde el lado de la razón intentara descifrar las pulsiones incontrolables y misteriosas del lado apasionado, lo apolíneo y lo dionisíaco si quieren… o lo masculino y lo femenino según Von Trier o en Von Trier. Así tenemos a un  Stellan Skarsgård, razonable, judío (guiño perverso de Lars) y con un afán racionalizador que pretende llevar a su terreno (la filosofía, la música, las matemáticas) a una Charlotte Gainsbourg esclava de unos impulsos que acepta sin necesidad de conocer las causas que los origina. Esta contraposición no se limita a esta relación de curador/paciente y a un marco puramente conceptual sino que está una y otra vez subrayada, también formalmente, así son muy escasos los planos donde hombre/mujer están filmados a la misma altura o sin obstáculos entre ellos, Von Trier continuamente juega con esto y presenta cualquier interactuación entre sexos desde una postura de dominación/sometimiento, a veces el hombre está sentado o recostado, a veces la mujer, pero cualquiera de estos casos es mucho más habitual que el mirarse cara a cara, estar en pie de igualdad, nuestro hombre es un pesimista irredento, también o sobre todo en las relaciones.

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Este pesimismo se transmite a lo sexual y esto, claro, es uno de los grandes temas de la película pero desde luego no es EL tema de la película, no al menos si entendemos lo sexual como algo que vaya a provocar afanes lúbricos en la encendida platea y es que el sexo se pone el disfraz de funcionario y uno acaba viendo las no tan explícitas escenas con el mismo apasionamiento que podría contemplar a cualquier delegado de hacienda rellenar formularios, de hecho existe una clara intención de despojar al acto sexual de su vertiente sensual, de arte amatoria. El discurso sobre lo pernicioso del amor es otra constante de Nymphomaniac, “El amor ha producido muchas más muertes que el sexo” dice la Gainsbourg en un momento determinado, subrayando esa desvinculación entre ambos términos y cómo el amor resulta una justificación absurda, en el universo Von Trier, del acto meramente físico, una excusa sentimental de nuestra naturaleza puramente animal.

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No nos parece, más allá de estas consideraciones, que la película emita juicio moral alguno sobre sus protagonistas, el danés parece más un observador que un fiscal incluso en los momentos que más pueden sorprender al espectador casual o no conocedor de su personal modus operandi, esto no quiere decir que no exista patetismo en su caligrafía, baste recordar el episodio dedicado a una soberbia Uma Thurman (quizás lo mejor de la película) o ése en el que se pone colofón a la relación paterno/filial de Stacy Martin y Christian Slater y sobre el que no incidiremos para no desvelar demasiado de la trama. Sin duda Von Trier deja a gusto del que visione esta primera parte de su obra en qué lado de la balanza situarse, ahora sólo queda esperar la reacción de los espectadores, alguno se sentirá ofendido y algún otro engañado, es el problema de las expectativas y nuestro amigo danés siempre ha sabido cómo burlarse de ellas.

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