London Calling: French Film Festival UK 2013

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Jeune et jolie

El French Film Festival UK 2013 concluye su paso por Londres.

Mientras La Fête du Cinéma sigue su senda por varias ciudades británicas, ya se ha despedido de la capital por este año. Con la revisión de algunos títulos galos recientes, esta edición del French Film Festival UK 2013 será recordada por estrenar en el Reino Unido piezas claves del año, como Camille Claudel 1915, Joven y bonita o Marius y Fanny, y también por el tributo a dos de sus grandes genios: Louis de Funès y Maurice Pialat.

Los Instituts Françaises de todo el país decidieron ilustrar la edición número 21 con la sintonía entre Jacques Demy y Anouk Aimée en Lola, la película de 1961 cuyo negativo original se quemó décadas atrás. Precisamente este año se ha presentado oficialmente la restauración de ese original, gracias al empeño de la viuda del director, la cineasta Agnès Varda, y el posible heredero de ambos, el recién llegado a la industria Mathieu Demy.

Poco antes de la proyección de Lola, los asistentes supimos que Aimée no iba a estar presente debido a problemas de salud, lo que no mató la gracia de revisitar la ópera prima de Demy pero sí clavó una espinita. Mayor quizá tras disfrutar del encanto de la actriz en este film, absoluto hilo y catalizador de lo que sucede en una de las cintas clave de la Nouvelle Vague, cuando se contaban esas historias de un amor tan bizarro, tan poco convencional y con guiones que, sin complejos, no respondían a ningún manual.

Lola

Sin caer en el error de pretender una sinopsis única para Lola, esta película puede describirse como una serie de encuentros fortuitos entre varios personajes cuyo vínculo es, precisamente, Lola: un joven que regresa a su pueblo y se encuentra con su primer amor, que dejó de ser una niña para convertirse en una sensual cabaretera; un marine estadounidense que chapurrea el francés de su amante, esta cabaretera por quien está prendado; el pequeño Yvon, que acepta los regalos de los amantes de su madre; y el padre del pequeño, el único capaz de hacer suspirar a la protagonista. Alrededor de estos hombres se colocan otros personajes que aportarán frescura a una película sin ningún momento gratuito, que siempre respira encanto y que hilvana una sucesión de hechos sin mayor pretensión que construir una fábula a partir de un charme muy francés, aunque con una inspiración germánica, puesto que el título está dedicado a Max Ophüls e inspirado en El ángel azul, de Josef von Sternberg, donde otra cabaretera llamada Marlene Dietrich encarnaba a una tal Lola Lola.

El trailer del festival ya anunciaba que el cine más llorón que existe no iba a escatimar en estrellas autóctonas. Así, en los créditos se vieron las caras desde Catherine Deneuve y Jeanne Moreau, hasta Guillaume Canet y Audrey Tautou, junto a los que se colocaron también Sergi López y Carmen Maura.

Pero si de algo puede presumir la cartelera francófona de 2013 es de haber aunado algunos de sus mejores nombres en la dirección. Mientras François Ozon (En la casa) vuelve a escena con Joven y bonita, una historia sobre la iniciación sexual y el mundo de la prostitución, Bruno Dumont (La humanidad) ha aterrizado con su Camille Claudel 1915, un nuevo título que reivindica la figura de mucho más que la compañera de Auguste Rodin. En este caso con Juliette Binoche encarnando a la artista, Dumont ha decidido retomar su vida desde donde la dejó Isabelle Adjani, loca de amor, en la versión que en 1988 dirigió Bruno Nuytten.

Camille Claudel 1915

Otros títulos de estreno fueron la comedia de Alexandre Castagnetti Amour et turbulences –que sigue el encuentro en un avión de dos individuos que un día se quisieron– y Traviata et nous, el documental con el que Philippe Béziat ha seguido a Jean-François Silvades y a la soprano Natalie Dessay mientras ensayaban este clásico. Más que estos dos títulos gustó Attila Marcel, una curiosa historia sobre un chico mudo al que crían sus dos excéntricas tías, y con el que Sylvian Chomet dijo haber querido homenajear el arte silente de Buster Keaton y Jacques Tati.

Pero si este ciclo quería contar con un título verdaderamente esperado, ése fue Casse-Tête chinois, la ultima entrega de la serie de películas de Cédric Klapisch, autor que conquistó con su Casa de Locos, seguida por Las muñecas rusas. Un poco mayores, ni Romain Duris es el erasmus francés que callejeaba por Barcelona pensando en Audrey Tautou, ni el escritor frustrado que unos años después visitaba San Petesburgo. Rodada entre París y Nueva York, la tercera parte de esta historia supera la barrera de los 40 con hijos incluidos, lo que tiene algo de Antes del anochecer, la esperada tercera parte de la historia de Céline y Jesse que este año presentaba Richard Linklater.

Casse tette-chinois

Mientras Casse-Tête chinois parece cerrar una trilogía, las dos primeras partes de otra se presentaron también en suelo londinense. Marius y Fanny son la puerta de entrada a la Trilogía de Marsella, basada en las obras de Marcel Pagnol que tanto gustan a Daniel Auteuil, uno de los actores galos más prolíficos que también faltó en su cita en Londres. La relación entre Pagnol y Auteuil se remonta desde hace varias décadas, ya que en 1986 el actor se alzaba con su primer César precisamente con un papel en la adaptación de Jean de Florette, novela que Pagnol escribió en 1974. Marius y Fanny son la mirada que Auteuil hace de la Provenza, donde viven y se separan estos enamorados. En Francia podrá verse estas Navidades César, nombre del padre de Marius y tercera entrega de una trilogía que bien puede entenderse como un solo film.

Aparte de los grandes estrenos, el Festival contó también con otras cintas de 2013. En una de ellas, era precisamente Daniel Auteuil quien volvía a aparecer, en esta ocasión convertido en padre del niño mimado de Francia, Guillaume Canet. Rodada entre Sevilla y Mallorca, Jappeloup (Christian Duguay) narra la tensa relación entre una estrella de la equitación y su padre, una historia escrita por el propio Canet.

Compartiendo la sección Panorama con Jappeloup también se presentaron Paulette (Jérôme Enrico), que muestra cómo una anciana a las afueras de París decide empezar a vender marihuana, y La tendresse (Marion Hansel), donde una pareja divorciada se reencuentra al tener que recoger la caravana de su hijo. Emmanuel Mouret también presentó su última película, un triángulo amoroso llamado Une autre vie, que en esta ocasión se aleja de su habitual tono de comedia.

jappeloup

Los británicos pudieron revisitar también títulos que en Francia se estrenaron en 2012. Tal es el caso de Le Capital, el nuevo thriller de Costa-Gavras y Una estonia en París (Ilmar Raog), protagonizada por la inmortal Jeanne Moreau. Desde Túnez llegó Millefeuille (Nouri Bouzid), sobre cómo ha afectado la Primavera Árabe a los derechos de las mujeres en el país africano. Por su parte, en Le fis de l’autre Lorraine Levy ilustra también un tema de actualidad con una ficción basada en un hecho fortuito: el intercambio al nacer de un israelí y un palestino. Con un planteamiento más sencillo, Aujourd’hui (Alain Gomis, 2011) presentó una de las propuestas más interesantes estéticamente siguiendo los pasos de un hombre en Senegal.

Uno de los títulos más esperados fue L’homme qui rit, que cuenta con uno de los orgullos galos más célebres, Victor Hugo. Su historia sobre un niño marginado por la sociedad debido a una gran herida en forma de sonrisa marcó la adolescencia de Jean-Pierre Améris (Tímidos anónimos). Dos décadas después, el director ha decidido llevar la novela a la gran pantalla. En el viaje le acompañó sin dudarlo un Gerard Depardieu que le confesó que interpretar al joven Gwynplaine era su mayor ilusión profesional tras Cyrano de Bergerac. Sin embargo, debido a la demora de la oferta, entendía que debía conformarse con dar vida al padre del protagonista, a quien encarna el talentoso Jean-Marc Vallée (C.R.A.Z.Y.).

Precisamente en el actor francés –perdón, ruso–, Vallé encontró un gran apoyo para afrontar un personaje tan alejado de los trabajos que engrosan su larga trayectoria. “Los actores jóvenes están acostumbrados a interpretar papeles muy realistas y naturales, pero aquí el diálogo es muy teatral, y tenían miedo de parecer ridículos. Entonces Gerard [Depardieu] les dijo que muchas veces consigues algo cuando estás al borde del ridículo. Les dio mucho coraje, porque él nunca ha tenido miedo al ridículo. Fue como un padre de verdad”, explicó el director sobre Depardieu, de quien dijo además que mientras escribía el guion “podía oír todas las líneas de Victor Hugo pronunciadas por él”.

L-Homme-qui-rit

Aunque siempre es valiente intentar resumir una novela de 800 páginas en una cinta de hora y media, lo cierto es que las buenas intenciones de Améris se quedan en pura síntesis, en una adaptación sin valor añadido con personajes redondos achatados. Pese a que la película no convence, es notable la cuidada estética romántica que tiñe toda la historia, donde unos cielos pesados y un escenario checo que parece siempre nocturno son la forma perfecta para el tormento de Gwynplaine, condenado sin remedio al ostracismo, que encuentra su dosis de dulzura con la vida en el circo y el amor de Déa, simbólicamente ciega.

En la otra gran sección del Festival –Discovery–, se disfrutaron también de algunas gratas sorpresas, como por ejemplo descubrir que la última de los Garrel en apuntarse a esto del cine sigue atraída por la industria. Esther Garrel, aparte de hija de y hermana de, es también protagonista la última película de Justine Malle, que ha rodado en la casa de su padre, el fallecido Louis Malle (Adiós, muchachos). Con esta bonita casualidad parece adecuado que Jeunesse relate la relación de una hija con su padre, quien sufre una enfermedad degenerativa.

Otro gran nombre propio del cine francófono es esa musa que tanto inspiraba a Buñuel. En esta ocasión, Catherine Deneuve se ha paseado por la pantalla del LFFF con Elle s’en va, una cinta con la que Emmanuelle Bercot retrata la ruptura de una mujer de 60 años con su vida para reencontrarse con su familia, después de que su último amante la abandone. Aunque no igual que antes, el rostro de la diva sigue soportando con aplomo unos primeros planos en los que ser espejo de las tribulaciones más íntimas. Con un tono muy diferente se presentó Los chicos y Guillaume, ¡A la mesa!, comedia que pudo verse recientemente en el Festival de Gijón y que llegará a los cines españoles el próximo febrero. En ella, el artista Guillaume Gallienne traza un emotivo recuerdo de su relación con su madre, aderezado por sus reflexiones sobre género y sexualidad.

Los chicos y Guillaume a la mesa

Títulos de 2013 también vistos en esta sección son 11.6 (Philippe Godeau), Les Apaches (Thierry de Peretti), Le Démantèlement (Sebastian Pilote) y Du Vent dans mes mollets (Carine Tardieu). También se presentó la segunda incursión como directora de Yolande Moreau, la inolvidable señora Madeleine en Amélie. Pese a que Henri quiere y consigue ser una tierna historia en la que dos personajes actúan como catalizadores el uno del otro para viajar y cambiar sus vidas, la película no consigue despegar ni contar de manera muy especial la historia entre el tipo duro Henri y Rosette, la mariposa blanca, nombre que reciben aquellos que participan en el programa homónimo que ayuda a discapacitados a desarrollarse en la sociedad.

La película, que cerró el ciclo de Director’s Fortnight en Cannes, pasará fácilmente inadvertida, aunque es un buen espejo de lo que es vivir la vida al máximo, frente a ver la vida pasar, algo que no está de más recordar de vez en cuando. Sin embargo, es una lástima que tanto las apariciones de Moreau como los detalles cómicos sean poco abundantes.

La sección se completó con Les Revenants (Robin Campillo), la película de 2004 que inspiró la serie británica The Returned. Junto a la pequeña dosis de ciencia-ficción, el Festival también contó con los documentales La Maison de la Radio y Manet: Portraying Life, junto con la proyección de La vida y nada más, el clásico de Bertrand Tavernier.

Les revenants

Por último, el décimo año de la muerte de Maurice Pialat se conmemoró con Loulou y La gueule ouverte, dos de los títulos inolvidables del director de la elipsis. En cambio, el homenaje a Louis de Funès contó con el documental Monsieur de Funès, un relato necesario sobre el cómico, la “superestrella tímida”. Así lo destacó su director, Gregory Monro, quien añadió que “se convirtió en una estrella pronto, tenía miedo de trabajar con directores muy populares por su inseguridad. De hecho, nunca quiso hacer un drama porque era demasiado tímido para mostrar su verdadero yo”. Pese a atesorar los mayores éxitos de taquilla de Francia, fue años después de su muerte cuando su figura obtuvo un respeto de crítica del que jamás gozó en vida debido a un cierto esnobismo que prefería la sátira de Tati o Chaplin a los estereotipos de Funès. Conmemorando los treinta años tras su muerte y los cien de su nacimiento, este documental quiere recordar su talento y demostrar, gracias a un gran número de entrevistados, que el humor no entiende de fronteras.

Aunque Londres ya se ha quedado sin él, Dundee, Aberdeen, Edimburgo o Glasgow son algunas de las ciudades por las que todavía pasará el esplendor del cine francófono hasta el 7 de diciembre. Hasta entonces, la edición número 21 de este rebosante Festival seguirá compartiendo el cine en la lengua que hablaban los que pusieron las primeras piedras de este arte que tanto nos gusta.

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