Fancine 2013: Día 5

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Chained

Llegamos a la recta final del Fancine con las últimas películas a concurso. Tras el atracón del fin de semana, la cosa cada vez va más dispersa hasta extinguirse, como así parece que le está sucediendo a la calidad de las cintas que hemos visto en la jornada número cinco.

La primera fue una de las triunfadoras de la pasada edición de Sitges… Bueno, no la pasada, la anterior. Chained se hizo con el premio especial del jurado en 2012 y además acudía con la firma de Jennifer Lynch, hija del maestro cinematógrafico. Que nadie me malinterprete, no esperamos una copia de su estilo sino que haya aprovechado los conocimientos de su progenitor, pero eso no fue lo que encontramos. En Chained vemos como un taxista secuestra y mata a las mujeres que se suben en su vehículo, hasta que una de ellas viene con su hijo pequeño, al que adopta como esclavo-aprendiz. Una incursión en el mundo de los asesinos en serie cuyo punto fuerte reside en la interpretación de Vincent D’Onofrio. La mirada al vacío del recluta patoso y esa expresión más allá del límite de la locura aún permanecen 30 años después. Suya es la mayor aportación a la atmósfera opresiva aunque también es de merecer reconocer los méritos de Lynch, al no sacarnos de esa casa durante la mayor parte del metraje para asfixiarnos a través de escenas bien planificadas aunque, en algunos casos, innecesarias, como ocurre con los flashback. Entonces, ¿dónde está el gran pero de esta cinta? Pues en el guion. Lo que nos ha llevado con fluidez durante hora y cuarto se convierte en una compilación de torpezas al desenredar la madeja argumental. El bajón respecto al resto del metraje es tal que uno finaliza con sabor amargo y sólo el tiempo le deja reposar dicha decepción para apreciar sus otras virtudes. Jennifer Lynch tiene margen de mejora para hacerlo mucho mejor porque ha dado pruebas de ello.

After

Lo que vino después es harina de otro costal. Afrontábamos After sin saber mucho de ella, por elegirlo así, y cerrábamos el día más ligero volviendo a la sección de competición con la esperanza de encontrar algo. Y algo encontramos, algo ridículo. Ryan Smith dirige la película del fin del mundo que no es fin del mundo como si la hubiera concebido y planificado un niño de 13 años. Freddy y Ana viajan en el mismo autobús hasta que este tiene un accidente, entonces despiertan en su ciudad natal, absolutamente desierta y con un humo negro que rodea todo y un monstruo que les amenaza. Mientras buscan la forma de escapar de allí recuerdan un día clave en la infancia de ambos mediante manidos flashback. No, no estoy hablando de Lost, sigo hablando de After. Al margen de lo que pueda llamar la historia, la serie de decisiones que se toma para transitar este camino de obvias pasan a ser molestas y de ahí a grotescas. Una omnipresente banda sonora que no para de tronar en sus 90 minutos enfatizando los momentos de terror, románticos, nostálgicos… siendo el resultado más ridículo que otra cosa. Unos efectos digitales que no están a la altura de lo que se pretende mostrar (especialmente por el monstruo, una especie de tortuga ninja con los dientes de tiburón). Unos actores que hacen lo que pueden entre tal despropósito… Una colección de disparates que lleva a una reflexión sobre el porqué de su selección, el porqué de la existencia de estos proyectos destinados a verse en una cadena privada un sábado por la tarde al azar. Sólo la última jornada puede levantarnos el ánimo después de estos días, para que quede un sensación más dulce que agria.

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