Fancine 2013: Día 3

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El limpiador

Tercer día en el Fancine que aprovechamos para darnos un atracón de Sección oficial. Hasta cuatro películas en una jornada que tuvo dos puntos álgidos, tanto en la cima como en el fondo de la escala.

La tarde comenzó con El limpiador. Una plaga azota la ciudad de Lima causando la muerte a los infectados apenas un par de horas después. En este panorama apocalíptico, un operario de limpieza se encuentra con un niño huérfano al que acoge en medio del caos. Leyendo esta sinopsis se podría pensar que estamos ante una deudora de The Road (2009), pero hay muchas diferencias entre ambas. La relación entre los personajes intenta resultar emotiva con sus imperfecciones y sus permanentes huidas hacia adelante, pero en lugar de eso obtenemos un trazo frío e impostado de autor. Planos generales alargados que ahondan en la idea de la soledad y el aislamiento pero que no van mucho más allá y que se repiten como una constante por todo el metraje. Parece como si el realizador, Adrián Saba, pretendiera dejar su reposada marca para hacer reflexionar pero el resultado no es muy satisfactorio. Sus ideas no avanzan más allá de lo obvio y cuando llegan los títulos de créditos uno no puede evitar pensar en que se trata de una versión forzadamente pausada de la obra de Cormac McCarthy. El limpiador es la candidata de Perú para los próximos Oscar pero sería toda una sorpresa que superara la criba.

Missionary

La decepción da paso a la indignación. Missionary no es sólo indigna para una Sección Oficial, hasta el momento, bastante atinada, es indigna para el cine y para el respeto humano. Con factura de telefilm, tanto en actuaciones como en guion, estilo o ritmo, la película de Anthony DiBlasi va más allá de ser una simpática cutrez. Su argumento se sustenta en un testigo de Jehová que se enamora de una MILF y pierde la cabeza. Incluso con este demencial nudo la película se toma mucho en serio pero no es su mayor pecado. Precisamente hoy es 25 de noviembre, día internacional de la lucha contra la violencia de género, y con la sensibilización respecto a este problema que inunda nuestras vidas, uno se queda de piedra al oír el siguiente diálogo de boca de una exacosada a la actual acosada:

“Estoy en un grupo de apoyo a mujeres que han sufrido acoso y puedo decirte que ir a la policía o solicitar una orden de alejamiento es como firmar una sentencia de muerte. Te recomiendo que te compres un arma y le dispares si invade tu propiedad”.

Que para justificar lo que ocurre en un guion se recurra a implantar ideas de tal bajeza en el público es para que no vaya ni un alma a verla y no se gaste ni una línea más de texto en esta cinta.

Scenic route

Por suerte las dos siguientes películas iban a arreglar un día abocado a dejarlo todo y tirarse puente abajo. Las dos guardan un concepto común que hay que agradecerle a los compañeros de @hescueladecine que cubren el festival: la road movie en la que el coche no se mueve. Ésta es la situación de Scenic Route, una película que si bien formalmente no supone nada muy allá, posee un guion escrito con nervio sobre dos amigos que atraviesan una ruta apenas circulada por el desierto cuando su coche se estropea. La tensión se palpa a cielo abierto como si los dos personajes estuvieran atrapados dentro de un armario y el desarrollo es acertado para enganchar a la audiencia. Kevin Goetz y Michael Goetz dotan al texto de Kyle Killen de vida aunque la pena es que se utilice el trasfondo de los sueños irrealizables que cubre todo el metraje para dar un giro tramposo en su último acto. Por suerte, no empaña demasiado el general y en la balanza sale con un aprobado.

The Battery

Volviendo al concepto road movie sin coche, The Battery apuesta fuerte por ello en un arriesgado tercer acto pero todo su ser merece también atención. Jeremy Gardner hace de hombre orquesta (director, guionista, actor, productor) en una producción lowcost (6000 dólares y dos fines de semana) que arroja un resultado más que interesante y escribe su nombre en la lista de promesas del género a seguir. Con el pretexto de un mundo postapocalíptico zombie, Gardner nos cuenta una historia de amistad con personalidad, una excelentísima banda sonora (puede que la mejor selección de canciones del año) y golpeado con unos toques de humor. Todo ello parece saltar por la ventana en el mencionado tramo final, retorciendo lo cómico a lo claustrofóbico con un análisis del comportamiento humano en situaciones límites. Se lleve premio o no, apuesto que será una de las más recordadas al acabar el Fancine.

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