Fancine 2013: Día 2

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Kiss of the damned

El cine fantástico sigue siendo el protagonista en Málaga.

La segunda jornada del Fancine entraba en nuestro calendario personal como una oportunidad para disfrutar de las secciones paralelas del festival antes de que la marabunta de la sección oficial se aglomere en las pantallas del Cine Albeniz.

Para comenzar el día tuvimos Kiss of the Damned, ópera prima de Xan Cassavetes, la hija menor del legendario cineasta independiente. Por desgracia, su estilo se encuentra en las antípodas respecto al de su padre, no sólo por la diferente visión sino también por su calidad. La cinta nos cuenta una historia de vampiros que discurre por una senda propia, lejos de la sobriedad de propuestas interesantes como Déjame entrar, centrada en un mundo concreto donde el romanticismo y la pasión (entiéndase como escenas subidas de tono) ocupan el núcleo. Djuna es una vampira que se enamora de Paolo, al que convierte uno de los suyos. Su relación (al menos en lo que a la cama se refiere, porque no vemos mucho más) va viento en popa hasta la llegada de Mimi, su sanguinaria hermana. La intención de Cassavetes queda al descubierto pretendiendo contrastar estas dos figuras de forma terriblemente evidente. Una dirección que no dice nada y unos actores que parecen sacados de una agencia de modelos junto a una historia que ya nos la han contado, y mucho mejor, supone el primer tropiezo dentro de la sección oficial.

The Congress

Pero tras el escarmiento, la redención. A la hora de descubrir las películas de otras secciones nos encontramos con dos cintas participantes en la pasada edición de La quincena de los realizadores. De Cannes a Málaga en lo que supone un gran esfuerzo de la dirección y un acierto dentro del marco de cine fantástico. The congress fue la primera y se alzó como una revelación para el redactor que os escribe. Obra compleja del realizador Ari Folman que adapta libremente la novela del polaco Stanislaw Lem (The Futurological Congress) para convertirla en un juego metacinematográfico a través de Robin Wright. Una película dentro de otra para jugar con la evasión de la realidad a través de los mundos virtuales y que funciona como un viaje en el tiempo, para echar una ojeada a cómo podría ser el mundo y las películas dentro de 20, 30 o 50 años.

We are what we are

Con semejante listón, la última película del día no pudo superarlo pero al menos sembró la duda en el respetable público, pues We are what we are juega en el alambre del terror psicológico y el gore explícito. Se trata de un remake de la mexicana Somos lo que hay (Jorge Michel Grau, 2010) lo que lejos de restarle puntos ayuda a interesarse por la obra original. En la que nos abarca, una familia de fuertes raíces cristianas ve su mundo al borde del desastre cuando la madre fallece. El padre empujará a sus dos hijas y su pequeño vástago a continuar con su ancestral rutina, algo con lo que no se muestran muy conformes. Las acciones avanzan poco a poco, destapando el pastel e incluyendo ligeros toques de comedia negra, aunque el abuso del montaje paralelo pueda excederse un poco para explicar cada uno de los nudos en la trama. Es en su último tercio cuando We are what we are coge carrerilla y nos regala la crudeza que llevaba eludiendo buena parte del metraje, pues si somos lo que somos, no nos queda otra manera de escapar del camino dictado mostrando nuestro ser. El norteamericano Jim Mickle no confirma nuestras sospechas, nos escupe la respuesta a la cara. Dejada reposar, me aventuro a decir que puede romper con el tono cosechado pero no deja de ser coherente. Nada mejor que eso a la hora de enfrentarse a sus demonios.

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