Entrevistas: Fran Araújo

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Entrevista con uno de los directores de El Rayo.

Una de las películas que ya hemos visto en la Muestra de Cine Europeo de Segovia es El Rayo, una road movie costumbrista a medio camino entre el documental y la comedia de ficción que ha pasado ya por los festivales de San Sebastián y Sevilla y que dará mucho que hablar. Ayer tuvimos ocasión de charlar sobre ella con uno de sus directores Fran Araújo quien, junto a Ernesto de Nova, cuenta una historia real en forma de ficción. Aquí os dejamos lo que nos contó:

– Todos los personajes de El Rayo tienen un componente de naturalidad enorme, ¿les distéis algún guión a seguir o es todo fruto de la improvisación?

Fran Araújo: Todo es real, la historia es real, el viaje es real, todos los personajes que aparecen hacen de sí mismos. No sólo no había nada escrito sino que no les pedimos a nadie que dijera una frase concreta en la película. Está trabajado desde la total improvisación. Evidentemente dirigíamos mucho a los (no) actores en el sentido de decirles “vamos a hacer esto o lo otro” o “vamos a intentarlo otra vez”, pero la gente que nos íbamos encontrando era real y hablaban de su vida. Fue como una búsqueda del guión mientras la íbamos haciendo, así que la primera vez que escuchábamos el guión lo hacíamos desde detrás del monitor. Tuvimos además un montador increíble, Pablo Gil Rituerto, que hizo un trabajo de reconstrucción con todo lo que había para conseguir que la película tuviera una coherencia de contenido y un tema dentro de ese nivel de búsqueda. Hay muchas películas que fracasan por culpa de intentar impostar a alguien que no es un profesional de la actuación, lo que hacíamos nosotros era crear una situación y tenerlos disponibles al azar, y cuando empezábamos a grabar veíamos qué pasaba con ellos.

– ¿Y no se sentían cohibidos delante de las cámaras?

F. A.: ¡Había que frenarlos! (risas). Ha habido de todo. A uno de los personajes tuvimos que cambiarle el micrófono de sitio porque le latía muy fuerte el corazón de lo nervioso que estaba. Cada día era una úlcera sangrante, es muy difícil dirigir algo en lo que no tienes el control. Era muy dificultoso como digo pero a la vez inevitable y necesario para poder conseguir lo que queríamos, que era una película de personas de la España de las carreteras secundarias. Creo que hay un déficit de contar historias de esa tipología de persona y no queríamos que nada saliese de nuestra cabeza. Lo que hay en la película es una búsqueda, estamos intentando conocer a Hassan y a esas personas que nos encontramos, eran pequeños encuentros que intentábamos exprimir para una cámara. Los Guardia Civiles que aparecen en la película también lo son de verdad, de hecho la segunda pareja que aparece nos estaban parando el rodaje porque no teníamos permiso. Gracias a que les tocamos un poco el ego, no sólo nos permitieron usar sus imágenes sino que nos escoltaron al pueblo de vuelta.

– La variedad de personajes tan reconocibles de esa España que queríais retratar recuerda mucho a los personajes de Berlanga, ¿teníais esa referencia en mente?

F. A.: ¡Es España! La maravilla de Berlanga, y después de él ha habido muy pocos cineastas que lo hayan hecho, es que captó España de una manera muy clarividente. Nosotros tenemos referencias más documentales. Ernesto había trabajado en documentales y yo soy un fanático de ese género. Queríamos hacer un western pero en vez de con un caballo con un tractor, con una base más documental como Tulpa o como el cine de Kiarostami, pero me parece absurdo tratar de imitar una cinematografía de algún otro lugar y por eso al final tira más para Berlanga, y eso el público lo agradece.

Rayo

– Llama la atención que en la mayor parte del viaje Hassan vaya solo por las carreteras, ¿tuvisteis que parar el tráfico? ¿Os pusieron muchos problemas las distintas Comunidades Autónomas por las que pasabais?

F. A.: No tenemos infraestructura para parar el tráfico (risas). No, esas carreteras son así de solitarias. Teníamos bastantes problemas al no poder siempre pedir los permisos, ten en cuenta además que el equipo éramos 8 en una pick up y no teníamos ni para catering (risas).

¿Cómo llegó a vosotros la historia de Hassan?

F. A.: Hassan le compró el tractor a la tía abuela de Ernesto, así de sencillo. Fuimos a conocerle y allí mismo vimos que él era la película. Es un tío que es de un pueblo muy pequeño del Marruecos profundo, pero es un animal de la cámara. No te puedes imaginar el nivel de exigencia que se autoimponía, es muy meticuloso. Nació para estar delante de una cámara.

– ¿Cómo está siendo el viaje de la película en sí? ¿Tenéis ya distribución?

F. A.: Se estrenó en el festival de San Sebastián y estamos viajando por festivales por toda España, en Albacete, en Sevilla, el domingo nos vamos a Orense… también vamos a hacer un circuito por festivales internacionales. En cuanto a la distribución, en España no hemos conseguido que la vaya a llevar ninguna de las distribuidoras que parecían más lógicas y estamos esperando respuesta de 3 ó 4 más. Estamos viendo que igual es demasiado precipitado estar buscando distribuidora y vamos a ver si con este recorrido primero la película se hace un nombre. Es una película que por desgracia no tiene un efecto llamada, pero sí un efecto boca-oreja. Vamos a estrenarla también en la Cineteca de Madrid en febrero o marzo y a optar por una distribución más artesanal, es decir, ir de pueblo en pueblo con la película y apoyándola con coloquios.

– ¿Cómo lo que está haciendo Jonás Trueba con Los Ilusos por ejemplo?

F. A.: Efectivamente. Es lo lógico, no tenemos un millón de espectadores, tenemos 200.000 y están repartidos, tenemos que salir a buscarlos nosotros. Lo bonito es que la gente que vea la película la disfrute y el paso que tenemos que dar es el de conseguir que el nombre de la película llegue a más gente. Creo que hay un error muy grande al concebir un llamado “circuito de autor” como si fueran películas para una minoría y no. Mi película no es para una minoría en absoluto, está hecha para mi madre, para la madre de mis amigos… La película de Jonás, Stockholm, Los chicos del puerto… no son películas para una minoría intelectual y nuestro gran reto es el de que la gente naturalice este cine minoritario para que deje de serlo.

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