Críticas: Séptimo

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Séptimo (Ricardo Darín) - Cinema ad hoc

Ricardo Darín y Belén Rueda, en busca de sus hijos desaparecidos.

Un edificio de pisos en el corazón de Buenos Aires, ciudad de la que se nos apuntan sus elevadas tasas de criminalidad. Un padre de familia acomodada, abogado de un importante caso, ultima los trámites de separación de su mujer española, que pretende llevarse a los dos hijos de ambos a su país. Un día, los niños deciden bajar del séptimo piso en el que viven por las escaleras; mientras tanto, él lo hace tomando el ascensor de cabina. Cuando llega a la última planta y no los encuentra, la sorpresa inicial se tornará desesperación al ser incapaz de hallarlos dentro de un espacio tan limitado.

El punto de partida del segundo largometraje del pamplonés Patxi Amezcua es tan clásico como sugerente. Si en su ópera prima 25 kilates logró introducirnos de lleno en los bajos fondos de Barcelona, aquí abre con una serie de tomas aéreas de la capital argentina. El suspense de Séptimo se presenta cargado de posibilidades al conocer de antemano que el destino de los niños tiene que estar ligado a una de las personas que habitan el edificio, dada la imposibilidad de que hayan abandonado el mismo. Sin embargo, el reto falla desde el principio al presentarse intencionadamente imprecisa en cuanto al número de vecinos o el dibujo de los mismos, secundarios sin ningún carisma que se limitan a ocupar un espacio en pantalla. La angustia y opresión que debía transmitir, desde ese agrietado cristal que refleja el rostro descompuesto del protagonista, no tarda en devenir apatía a pesar del buen ritmo impreso en sus imágenes.

Séptimo (Ricardo Darín y Belén Rueda) - Cinema ad hoc

Amezcua combina la progresiva resolución del misterio del paradero real, del que se nos van dejando continuas pistas sobre las que elucubrar, con el drama familiar de la separación que guía más si cabe al protagonista hacia el límite ante la posibilidad de perder a sus hijos. Sin embargo, no otorga profundidad a ninguna de ambas líneas, patinando más cuando descuida la primera para entregarse a la segunda. La cargante y omnipresente partitura del prolífico Roque Baños, unida a una sosa realización, consigue que por momentos creamos encontrarnos ante el improbable episodio piloto de una serie monguer de Mediaset –¡o Intereconomía!– sobre desapariciones en circunstancias extrañas.

Tanto Ricardo Darín como Belén Rueda –en especial el primero, que acapara la práctica totalidad de las escenas– resultan convincentes en sus papeles y dotan de credibilidad a un mediocre thriller cuya mejor virtud es precisamente la de utilizar con corrección sus recursos de guión e interpretación para conseguir que encajemos cada giro sin echarnos las manos a la cabeza. Su escasa hora y media transcurre sin novedad alguna en el frente, y la esperada resolución se revela tan inocua como el resto del conjunto. Aunque intenta sorprender con ella, hay que decir a su favor que se agradece que deje de lado la posibilidad de hacerlo mediante vuelcos imposibles.

Séptimo (3) - Cinema ad hoc

Ninguno de los cabos que deja sueltos es especialmente llamativo, pero Séptimo nos deja con la incómoda sensación de haber contemplado algo pasajero, un insípido fruto que apenas contiene jugo que extraer. Hacía tiempo que no veía un thriller urbano con menos alma, que ni siquiera concede la posibilidad de destripar lo acartonado y plano que resulta en su cuadriculado desarrollo. Un producto de instantáneo desecho que malogra la excelente ocasión de crear angustia a partir de su reducido espacio.

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