Críticas: La huida

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KIN Production Still

Despropósitos a go-go.

Creo recordar que era Spielberg quien decía hace años que para que una película le interesara, tenía que suceder algo en los cinco primeros minutos que le llamara la atención, una  afirmación demasiado simplista que en la mayoría de los casos dejaría de disfrutar de verdaderas obras de arte hecho cine. Estamos ante un ejemplo claro con La huida, con la que, siguiendo esa doctrina, podríamos esperar una gran película del género negro basándonos en el principio de la misma. Nada más comenzar conocemos a dos de sus protagonistas, una pareja de hermanos interpretados por Eric Bana y Olivia Wilde que, junto con un amigo, acaban de atracar un casino y se dirigen hacia el norte por una carretera helada. Un ciervo se cruza en su camino y provoca un aparatoso y espectacular accidente en el que muere el acompañante de los hermanos. Mientras ellos tratan de salir y de alejarse del coche, un policía se detiene ante el coche accidentado y es disparado por el personaje de Bana, lo que implica no sólo la huida de los dos delincuentes por el robo sino también por la muerte de un agente de la ley. Todo esto es lo que sucede en los cinco primeros minutos de la película y también lo más interesante de la misma, una presentación breve y precisa de los personajes, el carácter de ambos, su relación de co-dependencia cercana al incesto, y las circunstancias que les han llevado al punto de partida de la misma, junto con el suceso que provoca el conflicto principal del film. Perfecto. La cuestión es que a partir de ese momento, la huida que da título a la película se convierte en una sucesión de personajes y situaciones a cual más inverosímil, y con un guión que en algunos momentos provoca verdadera vergüenza ajena.

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Stefan Ruzowitzky, director de la oscarizada Los falsificadores, comienza su andadura en el cine americano con una premisa, si bien numerosas veces vista en el cine negro, que resulta de lo más atrayente a primera vista pero a la cual la incursión de varias subtramas que no terminan de desarrollarse o lo hacen de manera forzada, le resta cohesión y acaba dispersando el interés por lo que les pueda pasar a los personajes. Porque no sólo acompañamos por separado a los personajes de Bana y Wilde en su huida, sino que cada uno de ellos a su vez va encontrándose con gente en su camino que les lleva a adoptar comportamientos y decisiones que marcarán su fuga. Mientras Liza (Wilde) se une a otro fugitivo de la justicia, encarnado por Charlie Hunnam, que se dirige a casa de sus padres, su hermano se va encontrando con personajes de lo más variopinto que parecen insertados en el guión simplemente para rellenar minutos, puesto que el único sentido que puede tener su presencia es la de asistir a una persecución por las montañas en motos de nieve para darle algún tipo de espectacularidad a la cinta.

Mención aparte merece la historia de ¿amor? entre Liza y Jay (Hunnam) que pasa en segundos (literales) del tonteo al sexo y al amor verdadero entre diálogos dignos de Mujeres y hombres y viceversa. Si a todo esto le añadimos a un Charlie Hunnam sin apenas expresión, una Olivia Wilde también con una sola de ellas que es la de… ¿cómo podría decirlo sin resultar procaz?… digamos la imagen de la lascivia pura y dura, un Eric Bana totalmente desatado y, pasando por allí, un conflicto padre-hija del cuerpo de policía que por sí solo podría ser el argumento de cualquier telefilm firmado por Alan Smithee, nos encontramos una película que se va dispersando por momentos de la idea inicial de crear una historia de supervivencia con tintes de cine negro.

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Ni siquiera la presencia en La huida de dos grandes como son Sissy Spacek y Kriss Kristofferson sirve como aliciente para convencer con un film que se va desplomando poco a poco en todos los sentidos. Al parecer, la idea inicial del guionista novel Zach Dean era la de crear un thriller sencillo, pero estuvo dándole vueltas durante 8 años hasta terminar siendo un compendio de varias tramas mezcladas entre sí pero que no terminan de encajar. Tal vez hubiera sido preferible priorizar la sencillez ante la aspiración de pretender mostrar más de lo que la película requería.

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