Críticas: Bienvenidos al fin del mundo

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The world's end

Back to the nineties.

¿Quién con treintaytantos/cuarenta no ha querido volver a sentirse tan libre como se sentía a los veinte? ¿Cuantas veces no hemos querido revivir esa sensación de que todos los problemas de nuestra vida tenían arreglo con cuatro amigos y una noche de borrachera sin pensar en la resaca del día siguiente? Algo parecido le sucede a Gary King, un cuarentón sin oficio ni beneficio interpretado por el inefable Simon Pegg, que sigue anclado mentalmente en sus años de instituto cuando era capaz de pasar toda la noche recorriendo su pueblo natal con sus amigos para lograr el absurdo record de completar la “milla de oro” de los 12 pubs que en ella se encuentran, con su correspondiente borrachera en cada uno de ellos, record que no fue capaz de conseguir. Más de veinte años después, King consigue convencer a sus amigos de entonces para volver al pueblo y tratar esta vez de completar el mapa de los pubs, pero a su llegada perciben que la gente es distinta a como la recordaban, o peor aun, exactamente igual a como estaban hace veinte años.

The world's end 2

Bienvenidos al fin del mundo es una gamberrada salida de la mente de Edgar Wright y Simon Pegg con la que completan su llamada Trilogía del Cornetto, denominada así por una simple broma de Wright al incluir en sus dos primeras películas en colaboración con Pegg una alusión al famoso helado, como una especie de homenaje a su único alimento en su época estudiantil. Tanto en Shaun of the Dead como en Hot Fuzz, las dos anteriores, se repite el mismo esquema narrativo que ahora vuelven a utilizar para Bienvenidos al fin del mundo. Lo que comienza siendo una comedia de corte clásico, se torna en un disparatado delirio con tintes sobrenaturales recogiendo el testigo que en 1995 iniciara Robert Rodríguez con Abierto hasta el amanecer. Si en Shaun of the Dead era una comedia romántica y en Hot Fuzz una trama policial las que daban paso al frikismo y a la ciencia ficción, en Bienvenidos al fin del mundo se plantea en clave de comedia el paso del tiempo y la nostalgia sobre los años de instituto. Gary King es un moderno Peter Pan que no quiere enfrentarse a lo que supone crecer tal y como han hecho sus antiguos amigos. Amigos a quienes por otra parte no les cuesta demasiado convencer para que le sigan en su loca empresa de completar aquella noche de borrachera en la que sigue viviendo King, lo que nos va dejando pistas sobre una trama más profunda de lo que parece a simple vista. Se hace evidente que la intención de Wright y Pegg es la de mostrar que no sólo ningún tiempo pasado fue mejor sino que tampoco al crecer y asumir responsabilidades adultas, se consigue una satisfacción plena sobre la vida. Cada uno de los cinco que conforman la pandilla de King tiene sus propios fantasmas y preocupaciones que querer dejar de lado durante un par de días aunque exteriormente quieran demostrar lo contrario. Pero en el momento en el que parece que esos fantasmas van a salir finalmente a la luz y la comedia va a dejar paso a confesiones dramáticas en busca de la lágrima, las tornas se cambian y la película pasa a ser una lucha encarnizada contra unos seres sacados de La invasión de los ladrones de cuerpos para evitar ser convertidos en uno de ellos mientras, eso sí, prosiguen sin descanso su reto cervecero.

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Entre pintas de cerveza, carreras y peleas contra ¿robots? sustitutivos de la gente del pueblo, Wright y Pegg plantean otra cuestión pseudofilosófica al concebir a estos seres como reflejos de lo que es la población occidental de nuestro tiempo, seres deshumanizados que sólo sobreviven ligados a una gran red sin tener apenas comunicación con los seres humanos. De la mano de un Simon Pegg totalmente desatado junto a su inseparable Nick Frost y un elenco de secundarios de lujo, Bienvenidos al fin del mundo no deja títere con cabeza en su gran crítica al mundo actual, memorable el chiste con Starbucks, por medio de un más que hilarante humor inglés y con un ritmo desenfrenado que no decae en ningún momento.

Es además una sátira implacable de la manera de relacionarse a través de las redes sociales en el siglo XXI en contraposición a los “felices” años 90 en los que la gente se reunía en los bares para emborracharse a ritmo de la psicodelia de Primal Scream o Happy Mondays. Porque no debemos olvidar que una de las bazas más importantes de Bienvenidos al fin del mundo es precisamente su banda sonora plagada de éxitos británicos de aquellos años, para que la añoranza de tiempos pasados sea plena y no seamos pocos los que salgamos del cine queriendo volver a reunir a quienes se sentían libres de hacer lo que quisieran con una cerveza en la mano y The Soup Dragons sonando de fondo.

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