Conciertos: Pharmakon

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Pharmakon

Esto es para tratar de describir la experiencia que supone un concierto de Pharmakon tomando como única muestra lo acontecido en El Perro De La Parte De Atrás Del Coche (EL PERRO, joé) la noche del jueves 14 de noviembre de >2013.

Estábamos mis valientes acompañantes y yo sentados al fondo escuchando el ruido perpetrado por el telonero Óscar Barras. Una de mis acompañantes saca un texto médico en busca del término clínico adecuado para describir lo que estábamos escuchando. Decidimos que era lo que cantaría un paciente de anquiloglosia. Conclusión alcanzada gracias a que lo de “terrorismo sonoro” ya está muy mascado; yo lo escuché por primera vez aplicado a los míticos Boredoms, artistas imprescindibles en cuanto a ruidismo se refiere.

Como una bella aparición, se nos cruzó Margaret, la Pharmakon en cuestión. Tras mucho miedo y dudas salgo a su encuentro. Miedo y dudas por una entrevista a ella que leí y que me dejó acojonado; buscadla que está. Balbuceo, le ruego hacerme una foto con ella; acepta con sonrisa cándida. Le digo que luego voy a escribir una crónica del concierto y me da las gracias cálidamente, juntando sus manitas en gesto angelical. ¿Es ésta la tipa del Abandon? ¿Esta cosita linda, delicada, bajita y, por qué no decirlo, sexy?

Sale al escenario. Aplaudo solo, como un gilipollas, a pesar de mis estrictas políticas de no aplaudir a los artistas sistemáticamente. Permitidme un tópico de mierda, pero ya no es Margaret Chardiet, es Pharmakon. Hay que decir que la acústica de El Perro (a mi gusto una de las mejores de Madrid) contribuyó mucho a esta experiencia.

Pharmakon 2

Pharmakon arranca con el arranque de su disco, Milkweed / It Hangs Heavy. Iluminada por la luz roja que me transportó a la peli Only Von Forgives (vaaaale, ya paro con la broma… Sólo dios perdona), Margaret se retuerce para chillar al micro con toda su potencia. Pasado el primer tema diría que empezó a improvisar o quizá todo era parte de Sour Sap, vete tú a saber. Llegado un momento, Pharmakon se sube a la barra que delimita el escenario y grita a su público, mantiene el contacto visual y expresa toda su rabia. Poco después se baja de esta barra y se mezcla con el público, me llevé un precioso empujón noisero…  por momentos cuesta saber dónde está y muchos temen por su vida. Recuerdo lo bajita que es, pero en el escenario es como si creciera y midiera 1.80.

Vuelve al escenario y no sé qué empezó a hacer con una lámina de algún material extraño a la que chillaba y el resultado era conmocionador. Yo hace tiempo que estaba fuera del mundo; más tarde me me dijeron que me colgaba la mandíbula un poco. Para su segundo advenimiento, expresó un dolor inhumano gritando a la cara de los que estaban en la primera fila para luego volver a mezclarse entre el público, con tropiezos varios debido al cable del micro. Se tendrá que agenciar uno inalámbrico, o igual todo forma parte de la experiencia.

Experiencia que tuvo, desgraciadamente, un poco de performance, ya que fue algo efímero… dudo que tuviéramos a Pharmakon dando guerra mucho más de media hora. Será verdad aquello de “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad, Margaret.” – Von.

Intensísimo, inolvidable.

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