Sitges 2013: Día 4

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Machete kills

Día grande en Sitges, tomad nota.

Ya avisábamos ayer que algo bueno tenía que llegar y es que no sabemos muy bien los motivos pero, cuando termina el primer fin de semana, empiezan a surgir los peliculones en Sitges como surgen los boletus en el bosque tras un día de lluvia y además suelen ser de ésos que no te esperas y en los que ese factor sorpresa hace que se incremente la satisfacción. Tenemos claro que una de las pelis del día debe estar en el palmarés final pero, en fin, no nos adelantemos a la jugada y empecemos por el principio, que es como debe ser.

El inicio de la jornada venía marcado por nuestro amigo chicano Robert Rodríguez que presentaba la esperada secuela del James Bond tex-mex por excelencia, Machete kills. El tema con este tipo de films que generan un fenómeno fan tan abundante gracias a unos rasgos definitorios muy marcados es que esa estructura supone una limitación de las expectativas, una anemia de sorpresas. Todos sabemos lo que vamos a ver y hasta podemos intuir en que sentido irán los gags. Cabe preguntarse entonces si la película funciona y os lo aclaramos rápidamente, sí lo hace puesto que responde exactamente a lo que piden sus ruidosos seguidores, si uno (este redactor, por ejemplo) no es especialmente sensible a su comicidad exploitation puede que se quede un tanto frío pese a algún momento brillante, véase el falso trailer que antecede a la película propiamente dicha que resume en pocos minutos las claves genéricas del cine de Robert Rodríguez o la afortunada aparición de un autoparódico Charlie Sheen, lo demás es un poco forzar el gesto y ejercer, a base de guiños, de jugador de mus con su alborozado público.

Coherence

Seguramente muchos de vosotros conoceréis varios ejemplos de películas de ciencia ficción que, nacidas de la imaginación en su premisa y de lo acertado de su puesta en escena, marcan un hito en la historia del género. Si os vienen a la mente Cube, Primer etc. estaréis yendo en la dirección adecuada. En esa misma liga juega Coherence, desde ya película sorpresa de este Sitges 2013 y candidata casi unánime a hacerse con algún galardón de su palmarés (guión, quizás). Lo mejor en estos casos es no desvelar nada de su argumento ya que, como decimos, en su originalidad radica uno de sus puntos fuertes, sí deciros que hay física cuántica por ahí y teoría de cuerdas para dummies y burgueses paulatinamente cabreados, eso con el escenario casi único de un salón de una casa en un barrio residencial de San Francisco. Todo se resume, en definitiva, a un juego efervescente entre película y espectador, algo así como echar en la coctelera a Stephen Hawking con unas gotas de El ángel exterminador, puede que les parezca un maridaje algo extraño pero, se lo aseguro, el resultado es definitivamente gozoso y generador de comentarios encontrados una vez que las luces de la sala se han apagado, si eso no es buen cine ya me dirán qué lo es entonces.

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Cualquiera que se haya pasado alguna vez por esta web sabe de la veneración que profesamos por el director coreano Hong Sang-soo, ese tipo, autor de la maravillosa Turning gate, obsesionado por la repetición de ciertos elementos que resultan casi pandémicos en sus propuestas. En Nobody’s daughter Haewon, encuadrada en la sección Noves Visions  vuelve a haber, no podía ser de otra manera, relaciones triangulares, planos reencuadrados con zooms vertiginosos, señores que fuman con desesperación, borracheras devenidas en incomodidad, protagonistas relacionados con el mundo del cine… en fin, todo el imaginario habitual de nuestro amigo que consigue, una vez más, hacernos partícipes de lo patéticamente humanas que resultan sus criaturas y que nos riamos sintiéndonos reflejados en ellas. Quizá no sea su mejor película, la más arriesgada, quizá se atenga demasiado a una estructura lineal y nosotros disfrutemos más cuando se atreve a juguetear con el concepto de narración hasta límites metacinéfilos pero su cine nunca nos deja indiferentes, bendito sea por ello.

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