Sitges 2013: Día 3

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Mindscape

Tercer y algo decepcionante día en Sitges.

No estamos asustados, sobre todo si recordamos que el año pasado el Festival también comenzó con paso titubeante y fue ganando presencia con el paso de los días. No tenemos miedo, no, sobre todo cuando pensamos en nombres como Hong Sang-soo, Quentin Dupieux, Kiyoshi Kurosawa, Cattet & Forzani, Joss Whedon, Jim Jarmusch, etc. que hacen que nos frotemos las manos soñando imágenes que veremos, quizás, en los próximos días. No nos invade el pánico, os lo repito, pese a que este primer fin de semana que ahora termina haya sido tan parco en sorpresas agradables, escondidas entre muchas medianías y alguna que otra nulidad. De la cosa organizativa en cuanto a copias perdidas y proyecciones desenfocadas no nos vamos a quejar, a fin de cuentas es norma frecuente decir con orgullo y en el mismo tono que lo haría el rey Leónidas: “Esto es Sitges” o “Chaos reigns” si son más modernos, en fin, vamos con lo del cine.

Mindscape iniciaba el tema mañanero, por desgracia, y es que un film que muestra a un investigador que se introduce en los recuerdos de sus pacientes jugando a que dudemos si él representa la parte activa o pasiva de dicho tratamiento, con unos elementos que le ayudan a vincularse con la realidad (no, no hay una peonza pero casi) y al que además le persigue un pasado traumático en forma de suicidio marital que interfiere con sus labores, ya imaginarán que nos retrotrae a otros nombres mucho más jaleados y alabados por (casi) todos, no queremos decir que el primerizo director español Jorge Dorado sea un copiota, quizás alguien le hizo un Inception o algo así. Bromas aparte, Mindscape no comparte la compleja estructura del film del amigo Nolan, más bien es un thriller que repite todos los tics formales que definen al género, si además de todo esto el twist (no podía faltar) presuntamente sorpresivo se ve venir desde Cuenca, los personajes secundarios aparecen y desaparecen del relato de la manera más arbitraria y ciertos elementos clave son utilizados con la mayor de las torpezas ya se imaginarán que a la salida deseamos ser el prota de Memento y olvidar los… cielos, creo que he vuelto a hacerlo.

The world's end

Permítanme que abra un pequeño espacio para la denostada nostalgia en esta crónica, nostalgia de bares y colegas, de visitas al servicio para unas cosas y para otras, nostalgia musical de acordes que nos retrotraen otros tiempos y que, ya les aviso, suenan a discreción en Bienvenidos al fin del mundo, la conclusión de la trilogía Three flavours Cornetto que firman el dúo Edgar Wright/Simon Pegg, del There’s no other way de Blur al I’m free de The soup dragons pasando por el Fools gold de The stone roses una lágrima surca nuestra mejilla con aquel sonido tan característico de los 90. Puede que esto sea una jugada para ganarse al espectador y que así el enamoramiento de los oídos se transfiera a las pupilas, el truco es el mismo en cualquier caso, jugar la carta de la rememoranza, contraponer la esterilizada y robótica atonía del nuevo siglo con aquella década mucho más rica en fluidos corporales de todo tipo. La globalización, internet, la Unión Europea (This is England, amigos) son los auténticos alienígenas de la función, los ladrones de la esencia y de la libertad para el hooliganismo british. El caso es que nos lo hemos pasado bien, y si ustedes, al leer esta crónica han canturreado Im free to do what I want any old time seguramente también lo harán.

Chimeres

Vampiros monguers en la noche, se terminaba el tema cinéfilo por hoy con el film suizo Chimeres, que pretende ser, creemos, una puesta al día de nuestro querido mito de los chupasangres y en realidad es un desvarío que no tiene ni idea de hacia donde ir. De la pobreza de su factura no vamos a hablar, que cada uno tiene los medios que tiene y el derecho a contar la historia que les plazca, pero sí debemos mencionar sus atorrantes y pesadísimas redundancias, su horriblemente planificada narración, sus absurdos montajes en paralelo carentes de sentido expositivo o de justificación dramática, la nulidad gestual de su actor protagonista, en fin, no nos gusta cargar la suerte en películas pequeñas que en estos festivales se juegan sus escasas posibilidades de distribución, pero lo de Chimeres, después de la jornada que llevábamos, (pubs británicos aparte), lo hemos tenido que soltar, ya nos disculpará la entendida platea.

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