Seminci 2013: Día 4

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Día variado en la Seminci.

Punto de encuentro es una sección del festival para dejarse llevar. No sería la primera vez que nos sorprenda más un largometraje en este apartado que cualquiera de la sección oficial. Y por ahora lo ha conseguido con Hide Your Smiling Faces. La película de Daniel Patrick Carbone puede englobarse en ese grupo de películas que centra su atención en la mirada y el mundo interior de los niños. Lo hemos visto recientemente plasmado en Mud, o hace unos años con El árbol de la vida. Y es que Hide Your Smiling Faces recuerda tanto en contenido como en forma a la película de Malick. Salvando las distancias, considerando que estamos hablando de una Palma de Oro. Es cierto que no tiene ni la profundidad ni el halo de divinidad que envuelve a Tree of Life, pero no lo pretende. Lo que si que pretende es transmitir la espiritualidad y el misticismo que surge de fusionar adolescencia con naturaleza. Y lo hace de una forma absolutamente bella con una fotografía que capta la hermosura y la vivacidad del mundo exterior de forma fascinante.

El mundo de los dos hermanos protagonistas del film se distorsiona por culpa de la misteriosa muerte de un amigo. Ahora todo ese mundo con el que han convivido tantos años está impregnado de un fulgor diferente. La muerte forma parte de sus vidas y planea sobre ellos a cada paso que dan. Ahora todo es diferente. El bosque, como la vida, cambia a cada segundo. Hallazgo, miedo y revelación serán las sensaciones que acompañen a la pareja protagonista en su contacto con la naturaleza todo ello a base de planos estáticos, pocos diálogos y una atmósfera sobrecogedora llena de naturalidad, carácter, belleza visual y mucha vida. Si les gusta este tipo de cine, quédense con el nombre, Hide Your Smiling Faces.

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Guimarães, ciudad portuguesa del Distrito de Braga y Capital Europea en 2012, ha servido para que cuatro cineastas de enorme reconocimiento como Pedro Costa, Manoel de Oliveira, Víctor Erice y Aki Kaurismäki reflexionen sobre tiempo presente y aporten sus miradas personales de la ciudad del norte de Portugal en Centro Histórico. ¿Y cuál es el resultado? Por encima de todo, la heterogeneidad es el aspecto más evidente cuando confluyen en un mismo proyecto cuatro mentes tan lúcidas y particulares. El primero de ellos, El tabernero, es una comedia dramática sin diálogos. Se reconoce claramente las singularidades del cine del director finlandés. Cine social, un pintoresco personaje principal sobre el que gira la historia, fuerza narrativa a través de gestos visuales, situaciones hilarantes sin palabras de por medio. En definitiva, un relato muy satisfactorio.

El turno le toca ahora a Pedro Costa con Dulce Exorcista. Arrancando de forma muy sugestiva y tentadora a través del poderío de la puesta en escena, la acción se centra principalmente en un ascensor, donde Ventura, el protagonista de un largometraje del director en 2006, Juventud en marcha, mantiene un combate verbal con el espíritu de un soldado portugués sobre el pasado colonial de Europa y los acontecimientos de la Revolución de los Claveles de 1974. El problema es que acaba por convertirse en un diálogo exasperante para el espectador por la excesiva duración del mismo.

Después de Pedro Costa, le toca a Víctor Erice tomar el relevo. La forma cambia radicalmente. Ahora presenciamos un corto documental, Ventanas rotas, un homenaje a los antiguos trabajadores de la que fue la segunda fábrica de tejidos más importante de Europa y que acabó por cerrar hace una década, dejando en la calle a todos su trabajadores. Un obsequio por parte del director español narrado con sencillez y minimalismo.

Para terminar, Manoel de Oliveira con El conquistador conquistado nos ofrece una historia llena de ironía y sarcasmo sobre el interés histórico y cultural que ofrecen las agencias de viajes. Un relato divertido sin pretender mucho más.

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Para terminar el día, Omar, lo nuevo del director de Paradise Now, Hany Abu-Assad. Omar debe saltear, nunca mejor dicho, una barrera para poder encontrarse con su amor. El problema es que esa barrera es muy tangible, un muro que divide dos territorios separados por el odio y el terror. Lo que parece un drama romántico no es otra cosa que un thriller sobre la paranoia, la traición, la confianza y la amistad donde se da cabida a torturas, persecuciones, crímenes y mucho dolor. Un largometraje bien llevado en todo momento, con dosis de realismo y exaltación. Un cine, como en toda la Seminci, social y con mensaje, pero más adictivo en su contenido de lo normal.

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