Críticas: El quinto poder

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El quinto poder

Benedict Cumberbatch en la piel de Julian Assange.

A mediados de 2007 irrumpió en el mundo periodístico una nueva forma de entender la información. Planteada como una organización no lucrativa, la página web Wikileaks recibe filtraciones de informes y documentos que revelan comportamientos poco éticos y hasta vulneradores de los derechos humanos, por parte de grandes empresas, regímenes totalitarios e incluso gobiernos democráticos. Su fundador, el australiano Julian Assange, concibió la organización como una vía de denuncia ante los poderosos, preservando el anonimato de sus fuentes, y provocando las iras de gobiernos y empresas hasta el punto de censurar y bloquear su página en varias ocasiones. Pero fue en 2010, cuando publicó más de 90.000 documentos e informes sobre las guerras de Irak y Afganistán sin editar, cuando Assange saltó a la palestra informativa al poner por un lado en entredicho la política exterior de Estados Unidos, y por otro lado en peligro a miles de informantes, la mayor parte de ellos enlaces espías en los países en conflicto. A partir de ese momento, no sólo la figura de Assange cobró una enorme relevancia, siendo perseguido tanto por el gobierno de Estados Unidos como por el de Suecia, sino que se abrió un debate a nivel mundial sobre los límites de la libertad de expresión.

Después de los biopics de Mark Zuckerberg en La red social y el de Steve Jobs en jOBS, llega ahora el del mencionado Julian Assange con la película de Bill Condon El quinto poder. Basada en el libro “Inside WikiLeaks: My Time With Julian Assange At The World’s Most Dangerous Website” del primer colaborador y co-fundador de Wikileaks Daniel Domscheit-Berg, la película no es una biografía al uso sino que está contada por el propio Daniel y relata la relación entre éste y Assange desde que se conocen hasta que sus diferencias de criterio les separan. Es por esto que la película tiene un tono totalmente subjetivo haciéndonos partícipes de los sentimientos que hacia él experimenta Daniel, comenzando por una admiración profunda y casi enfermiza que le lleva incluso a tener problemas con su novia y a perder su trabajo por ayudarle, pero que poco a poco va descubriendo en él una personalidad egocéntrica, mentirosa y manipuladora, y tomando conciencia de que los ideales románticos que le llevaron a asociarse a él, no son en absoluto los mismos para Assange. No es de extrañar que al propio Assange no le gustara la película por la pésima imagen con la que se refleja a su personaje, y de hecho al final de la película se hace un divertido guiño a ese desacuerdo.

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Obviando el hecho de la postura partidista que toma El quinto poder, sin dejar apenas espacio para el debate ético y moral que suscita un tema tan apasionante como el de Wikileaks, la narración que hace Condon de la historia es bastante irregular. Sin dejar en ningún momento un ritmo bastante frenético, la primera mitad de la película resulta algo caótica contando los numerosos viajes de la pareja formada por Julian Assange y Daniel Berg, su relación, interesada por una parte y de fascinación por la otra, mezclando la historia con una concepción onírica de la red, reflejada como una oficina tradicional en la que todas las mesas de redacción están cubiertas por una única persona, y un relato que por momentos toma forma de telefilm “basado en hechos reales”. Sin embargo, a medida que avanza la película, y sobre todo cuando se destapan las filtraciones sobre la guerra de Afganistán, y entra en escena la Casa Blanca, representada por el personaje de Laura Linney, El quinto poder toma un camino más cercano al thriller político-periodístico generando una tensión propia de películas de este género.

Ese menos a más del guión salva lo que podía haber acabado siendo un intento fallido más de biopic de “hombres del siglo XXI hechos a sí mismos” como la reciente jOBS, ya mencionada anteriormente, a pesar de contar con un reparto excepcional en el que tanto Bededict Cumberbatch, Daniel Brühl o Laura Linney demuestran de lo que son capaces de hacer con personajes tan atractivos como estos. Por supuesto destaca la increíble transformación de Cumberbatch en Assange, no sólo física, sino también a nivel mental y emocional, partiendo además de un personaje del que apenas sabemos nada, sólo vemos sus acciones y sentimos su manipulación a la vez que la va descubriendo Daniel.

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El quinto poder se aproxima en cuanto a su esquema a La red social, el “bicho raro” que crea a través de internet un concepto revolucionario, las traiciones dentro de su círculo, la repercusión social…., pero carece de la conjunción perfecta de la forma de narrar de David Fincher el inteligentísimo guión de Aaron Sorkin, quedando solamente como un film entretenido sin más, con grandes interpretaciones.

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