Críticas: Blackfish

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Blackfish

La vida de las orcas en cautividad.

Blackfish es un documental que trata de explicar por qué las orcas (o ballenas asesinas) sólo han atacado a personas encontrándose en cautividad. ¿Qué orcas en cautividad? Las de los parques dedicados a ocio y espectáculos, donde estos mamíferos son utilizados como atracción, efectuando actuaciones para divertimento de los visitantes.

La cinta se centra en uno de los más famosos complejos de este tipo: Seaworld, en Orlando, Florida.

Detengámonos y exhibamos nuestros prejuicios. Pequeña película contra gran corporación suena sospechosamente a Michael Moore. Y la preocupación por los mamíferos marinos y las penurias a las que los sometemos suena bastante a The Cove, documental ganador del Oscar en 2009 centrado en las matanzas japonesas a delfines.

Es un momento crítico y a la vez glorioso para el activismo: la comunicación es más sencilla que nunca, pero la sobreabundancia de información genera escepticismo. Es difícil acercarse a este tipo de producto sin recelo. Campañas de un día, como la de KONY 2012, desprestigiada poco después por su propio promotor, que sacuden las redes sociales por unos días para luego caer en el olvido hacen muy flaco favor a que nadie se tome nada en serio.

Pero aquí, como tiene que ser, venimos a hablar de cine. Un servidor no coloca las matanzas de delfines en su ranking de principales preocupaciones, pero esto puede cambiar gracias a sí considerar The Cove como digno para su top de documentales. Puede parecer estúpido (¡y a la vez obvio!) pero un mal documental empobrece y mucho la percepción de una causa y viceversa.

Blackfish 2

La estructura es sencilla: mediante entrevistas principalmente realizadas a ex-entrenadores de orcas de Seaworld se construye el documental. Son ellos los que nos cuentan cómo Seaworld compra una orca que ha atacado previamente a un entrenador en otro parque. Son ellos los que justifican los ataques de los cetáceos en el estrés y las condiciones penosas a las que se enfrentan estos animales. Será un biólogo, en cambio, quien nos explique que la esperanza de vida de estos majestuosos animales (perdonadme, no he podido evitarlo, de verdad me lo parecen: majestuosos y siniestros) es muy similar a la del hombre y no de 35 años como hacen creer los dirigentes de Seaworld a sus empleados.

Seaworld, el villano de la historia, no tiene defensa pues la compañía rechazo aparecer en el documental. Será presentada con sus ridículos vídeos y jingles noventeros. En una coincidencia curiosa, pude trabajar con material publicitario de esta compañía, pues es cedido gratuitamente para hacer prácticas de montaje, en concreto, su campaña Believe. Pensé que era bastante cursi, pero también comprendí que podía parecer emotivo. La verdad es que, después de ver este documental, me produce escalofríos pensar en esas imágenes.

Dado que mayoritariamente estamos viendo entrevistas, no hay necesidad de una voz en off conductora y el documental puede explicarse por sí solo, acudiendo a material periodístico cuando es necesario y también a vídeos de aficionados en los que vemos a las orcas actuando agresivamente de manera inesperada. Seaworld se preocupa mucho de evitar que el público sepa que estos ataques son una realidad.

Aprenderemos que las orcas son mamíferos con unas estructuras sociales muy complejas, con un cerebro especialmente desarrollado para ellas, y que es muy peligroso juntar a orcas de diferentes “culturas” (comillas por si hay algún escéptico) por esto mismo. Seaworld, mientras tanto, pone en peligro la vida de sus entrenadores, encubriendo cuando puede y dejando de lado el hecho de que somete a un estrés intolerable a estos animales, mezclando además ejemplares criados en cautiverio, ejemplares capturados en libertad, etc. Para ejemplo de los estrechos lazos familiares de estos mamíferos, las escenas de captura en la que el resto de la manada se queda gritando alrededor de los barcos en lugar de huir mientras las crías de su comunidad son secuestradas.

Paro ya, porque si no voy a contar el documental entero. Añadir, a nivel de causa, ya que David Turner (representante de Born Free) así nos lo ha pedido en la rueda de prensa, que expliquemos que aunque el documental se centra en Seaworld y en EEUU y Canadá, no olvidemos que en el resto del mundo se dan las mismas prácticas con la misma crueldad, cuando no mayor. También contamos en la rueda de prensa con Samantha Berg, una de las ex-entrenadoras. Afirmó que estos animales, incluso al margen de los estresantes espectáculos que deben realizar, no están hechos para la vida en cautividad: están acostumbrados a nadar grandes distancias diariamente además de a vivir en grandes grupos de gran importancia para ellos.

Blackfish 3

Y a nivel técnico: el montaje es acertado, el ritmo es bueno. No cuesta trabajo la inmersión en una causa de la que dudo que inicialmente muchos tuvieran alguna idea. Es evidente que la tesis del documental se realiza a priori, pero se logra que sea mostrada únicamente por testimonios en los que no escuchamos las preguntas. En sus puntos flacos se encuentra cierta reiteración, la desgraciada ausencia de las personas de Seaworld y algún pasaje demasiado melodramático en la banda sonora, que cuando no cae en este habitual pecado, es adecuada.

Totalmente recomendable. Aunque diste de ser perfecto, es asfixiante y convincente.

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