Venecia 2013: Día 6

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Italy Venice Film Festival

Terry Gilliam y la embarazadísima Melanie Thierry, estrellas de The Zero Theorem.

Seguimos en Venecia paseando, viendo películas y encontrándonos con reputados directores, actores muy solventes y, por supuesto, estrellas del mundo del cine. Todavía no hemos vivido ninguna experiencia cercana al nirvana pero sí algo parecido al pasar justo al lado del gran Xavier Dolan, un joven director que apunta muy alto. Momentos “rosa” aparte, hoy quería hablaros de las entradas del Festival de Venecia. Si bien lo más cómodo es acercarse a la Mostra acreditación en mano, muchos son los curiosos que no quieren perderse la oportunidad de disfrutar de alguna de las películas que se proyectan. Para los que tenemos pases de prensa, aquellos de color rojo o azul de los que hablamos en entregas anteriores, esto no es ningún problema, pero para los que han comprado su pase verde (que oscila entre unos 110-250€, dependiendo del tipo que sea), es toda una batalla campal cuando de proyecciones destinadas a público también se trata. Si algún año tenéis a bien acercaros a Venecia por estas fechas y adquirir vuestro pase verde, tened en cuenta que en las últimas tres proyecciones de la Sala Grande es posible que, aún haciendo cola desde una hora antes, os quedéis sin entrar. Lo más prudente es acercarse a primera hora de la mañana (8:30) y comprar vuestra entrada de forma gratuita, con vuestro pase, para esas sesiones, y digo bien estar allí a primera hora, porque esas entradas están muy limitadas, y se agotan prácticamente en nada. Esto se vuelve a veces como Los juegos del hambre.

Locke

Se abre el plano aéreo de una obra a punto de levantar los cimientos de una gran estructura. Un hombre sale de una de las puertas, camina hasta su vehículo y entra en él. Se ve que goza de una posición económica alta y, aún así, su rostro no refleja más que preocupación. Se detiene ante un semáforo y mira a ambos lados, intentando decidir hacia cuál de los dos irá. Ésa es la decisión que arranca el motor de la historia de Locke, dirigida por Steven Knight, y su punto de partida. A partir de ahí, Ivan Locke, solo, en el interior de su vehículo, y con la única compañía de su móvil y del manos libres vivirá un recorrido por carretera de hora y media que transformará su vida por completo. Las llamadas de teléfono y sus soliloquios mentales serán los únicos medios con los que contará el espectador para conocer esa transformación que va a sufrir y cómo sus acciones tienen unas consecuencias que, normalmente, se pagan caras. Tom Hardy es el encargado de conducirnos por ese momento de la vida de Locke, una vida que en el punto de llegada no será la misma que en el de salida.

The zero theorem

Hoy ha sido también un día mágico gracias a Terry Gilliam y sus mundos de fantasía, aunque bastante cercana a la libertad. En The Zero Theorem podemos ver una crítica feroz al uso abusivo de las nuevas tecnologías, a un mundo que vive más pendiente de una pequeña pantalla que de los que le rodean. Podemos ver a un mimético Christoph Waltz, calvo y algo decrépito, sufrir el deterioro propio de la humanidad. Encarna a un ser antisocial, con todas las fobias posibles en un ser humano, y nos muestra un espejo en el que podemos ver al hombre, a nosotros, al servicio de la tecnología y de sus propias manías. En esta película el anhelo de la libertad, de una vida diferente, de experiencias exteriores, naturales, sociales y puras, se vuelve un tema bastante recurrente. Como casi todo el cine de Gilliam, The Zero Theorem resulta, a la vez que esa crítica feroz, una bella poesía visual donde estalla el color más vibrante y cuenta con unos personajes extravagantes que sólo pueden salir de una mente infinitamente imaginativa, pero ello también nos lleva a observar que repite esquemas muy parecidos a los de Brazil y es difícil no escapar a las comparaciones, aunque odiosas, entre ambas películas. Aún así, el director puede estar de enhorabuena porque cuenta con un club de seguidores bastante fiel que aplauden (casi) todo el imaginario de su mente prodigiosa.

Ana Arabia

Ana Arabia ha sido el cierre de esta jornada. Su protagonista, Yael, es una joven que se desplaza a un barrio donde conviven judíos y árabes de forma conjunta, con el fin de entrevistar a una familia de la zona. Lo curioso de esta película es que está rodada con un solo plano secuencia, sin cortes de cámara, y nos es imposible no acordarnos de El arca rusa de Sokurov, en la que se hacía un repaso de la historia de Rusia por los pasillos del Palacio de Invierno de San Petersburgo. Aquí Amos Gitai, el director, podríamos decir que encierra la historia de dos pueblos, de dos naciones que parecen no poder convivir en paz, aunque con esta película, su director consigue darnos una buena lección de convivencia a través de las historias que sus protagonistas narran a la visitante. Y aunque en el papel todo pinta fantástico, la realidad es que dejó algo fría a la platea. Le falta algo, una mayor conexión con el público y crear algo más de expectación pero la belleza de sus palabras y de sus imágenes la salvan del suspenso.

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