London Calling: Raindance (II)

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Titus

Películas únicas en el primer fin de semana de Raindance.

Lo anuncia Elliot Grove, director de Raindance, cada vez que se encarga de la presentación de alguna de las películas del festival: este año se proyectan más de 120 títulos de más de 50 países distintos. Con una nostalgia previa, los asistentes nos preparamos para dejarnos sorprender, a sabiendas de que un alto porcentaje de los títulos que cuidadosamente han sido seleccionados, jamás pasarán por una sala de cine comercial. Con todo, nos quedamos con estos títulos y estos nombres, y sobre todo con las ganas de cine que transmiten y que Raindance permite.

Titus (Charlie Cattrall) describe a la perfección esta situación: tres compañeros han dedicado más de tres años de sus vidas a que esta película vea la luz. Un saxofonista enfermo y amargo vive encerrado en su propio pasado y en el de sus antecesores, marcados por el racismo que él tan bien conoce. Con la propuesta de un concierto y la visita de una hija que no ha visto crecer, Titus sacará a la superficie sus ideas sobre el miedo y sobre la naturaleza de cada uno, que nos persigue más allá de las capas bajo las que la escondamos. Rodada con cariño y con un intento de salir de las convenciones para buscar unas metáforas bellas y sentidas, la película es un notable ejercicio narrativo que transmite buenos augurios para sus responsables.

Dirty money

Otra interesante propuesta rodada en Londres y de presupuesto mínimo es Dirty money (Adam Tysoe), un thriller romántico sobre prostitución, droga y el sucio dinero que mancha las manos de su protagonista. Rodada en dieciocho días, Dirty money sobrepasa las limitaciones de una película pequeña de manera admirable, aunque no tiene un equilibrio perfecto. El guion, la fotografía y las interpretaciones son muy correctas –especialmente la de Elsa Mollien—, lo que junto a una trama con elementos que siempre atraen a amplios grupos de espectadores hace que la película satisfaga.

Carlos spills the beans

El motivo de que exista un festival como Raindance también tiene espacio para otro tipo de géneros. En tono de comedia presentaba el primero de sus títulos Brian McGuire, que este año ha aterrizado en Londres con tres películas con las que él y su grupo habitual de colaboradores demuestran que si se quiere hacer cine, no hay excusas para no hacerlo. Carlos Spills the Beans es una comedia socarrona y llena del buen rollo que destila un grupo de amigos que sin problemas puede convertirse en familia en la ficción. Pero no nos confundamos, analizando el guión, es brillante cómo McGuire y Joey Capone –ambos también protagonistas– presentan unos personajes construidos espléndidamente, tanto los cuatro principales como los varios secundarios. La fotografía tiene un aire de dibujo animado que casa con un ritmo ascendente y unos diálogos muy divertidos. Recuerda a muchas películas de la década de los 90, cuando la eclosión de la era digital sacaba a relucir las ganas que muchos tenía de contar sus historias.

9 full moons

Uno de estos actores a los que más podremos seguirle la pista es Bret Roberts, el James Franco del grupo, que protagoniza también una de las favoritas en todas las quinielas de este año en Raindance. 9 Full Moons (Tomer Almagor) es una de esas películas románticas más indie que independiente, es decir, donde todo pasa por un filtro estético que, reconozcámoslo, luce muy bien. Junto con el halo enigmático que desprende Roberts –pelo enmarañado y siempre dando con la camisa perfecta aunque esté sucia–, Amy Seimetz es la novia indie perfecta, lejos de la sangre de You’re Next. Con la misma cara de resaca que en Upstream Color, pero con un encanto absoluto, Seimetz lleva con Roberts las riendas de una película un tanto lenta y con más tópicos de los deseados. El gran atractivo de los personajes no evoluciona tan bien como podría, ya que se quedan planos, como resecos y sin chispa. Quieren seducirnos con las mismas estrategias que en el primer acto, y no funciona. Sin embargo, es difícil analizar esto como director y productora cuando estás filmando tu propia historia de amor.

White fox mask

Más interesante nos pareció la pareja formada entre Vivienne y Federico en White Fox Mask (Ricky Shane Reid). No apta para todos los públicos, esta pareja quiere ser única y en cambio recuerda a muchas: desde la propia 9 Full Moons, 9 Songs o incluso, En la ciudad de Sylvia o Lucía y el sexo. En este caso, la película quiere ser una metáfora del amor destructivo, de cómo tocar el amor es irremediablemente dejarse morir, un romanticismo puro, del alemán, que bebe también del mito de Adán y Eva. Siguiendo a su enamorada, pasamos gran parte del metraje tras la nuca de Federico, lo que permite contemplar a Vivienne. Estas persecuciones son muy evocadoras pero llegan a un punto de no retorno que puede hacerse difícil de soportar porque no añade nada. Sin embargo, el director hilvana un pasaje mucho más metafórico en el que una mujer con esta máscara de zorro blanco representa el espejo del enamorado, lo que dota a la película de un tono experimental interesante.

La reconstrucción

De las mencionadas, sólo Titus compite como mejor película británica y la estadounidense 9 Full Moons en la categoría internacional, que este fin de semana también ha mostrado la única candidata latina, La reconstrucción. Quizá una de las menos independientes en cuanto a financiación, la última película de Juan Taratuto es un íntimo retrato de Eduardo (Diego Peretti), un hombre solitario e indiferente a todo, que se ve obligado a relacionarse cuando recibe la llamada de un viejo amigo, probablemente el único que le queda. El contacto con otras personas le recordará que, pese a todo, sigue vivo. Poco tiene esta película de los toques cómicos de No sos vos soy yo, donde ya se encontraran director y actor, aunque de nuevo Peretti ofrece una interpretación exquisita en esta propuesta pequeña y sin artificios sobre lo inherente a ser humano.

CAH 15 años y un día

Los londinenses también pudieron disfrutar el sábado de la película española que pretende representarnos en Hollywood. 15 años y un día fue una de las películas más comerciales en este certamen, una escueta muestra de lo que ha dado de sí el cine español del último año y que fue la gran triunfadora en el pasado festival de Málaga. Se trata de una historia realista sobre un adolescente en problemas que a través de un viaje personal arrastrará a su madre y abuelos a llevar a cabo sus propios viajes, en una de esas historias con moraleja que tan bien encajan en domingo por la tarde. Sin embargo, Gracia Querejeta no logra con este retrato familiar más que un intento poco memorable de conmover con los recursos más habituales, basado en un guion más que convencional y mecánico, con pequeños detalles y mayores asonancias.

La presencia española se ha visto también en la sección de cortometrajes con el aclamado Fuga (Juan Antonio Espigares) y volverá el próximo sábado de la mano de Diamantes negros (Miguel Alcantud) aunque también con el corto Plumas (Quike Francés). Antes nos esperan jornadas muy esperadas, en las que se proyectarán títulos como Halima’s Path o The Kirishima Thing, ambas en competición, u obras más experimentales como Arianna o Soho Cigarrette.

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