Críticas: Viaje a Surtsey

Escrito por

Twitter icon

Viaje a Surtsey

Desde que algún iluminado adaptó las estructuras formales de la literatura al cine, el hombre ha ambicionado hacer la película definitiva en la que no pase absolutamente nada. Son muchos los que se han lanzado a la magna empresa. Van Sant y su tetralogía del tedio. Béla Tarr. Tsai Ming-Liang. La banda esa de flipinos que hace películas de 9 horas. Jerry Seinfeld y Larry David.

Y antes que nuestros debutantes Miguel Ángel Pérez y Javier Asenjo (guionistas y directores) lo hicieran, el bucólico tedio como escenario para la reunión de viejos amigos fue explorado por la semidiosa del indie Kelly Reichardt en Old Joy (2006). En ella, dos amigos a los que el tiempo había distanciado, se reúnen para pasar unos días de acampada.

Casi con idéntico pretexto se encuentran Iñaki (Lucas Fuica) y Mateo (Raúl Fernández de Pablo, que salía en El Internado). Sólo que el paseo corre la posibilidad de acabar en la culminación de un 3.000 m. Ah, y que cargan con sus respectivos vástagos y un perro tuerto.

¿Podrán nuestros debutantes declararse apóstoles del costumbrismo radical? ¿Serán capaces de domar a la bestia impía que es el TEDIO? En Cinema Ad Hoc me suplican que sea benevolente: se trata de debutantes, gente buena sumamente vinculada a Karma Films, que nos distribuyó Canino. Por otra parte, el malvado Von dice que me cebe con todas las películas porque eso a los lectores os encanta; realmente a ninguno os interesa leer críticas, sólo queréis descojonaros de productos que en ningún caso tenéis intención de consumir con vuestras mediocres retinas. Lamentablemente para todo el mundo, me debo a la Verdad.

Viaje a Surtsey 2

Las críticas que leo hablan de:

a) Penosas interpretaciones
b) Nula fotografía
c) Amateurismo en la dirección.

Interpretaciones: incuestionablemente malas. Iñaki me recuerda a Didac Alcaraz, con esos ojos vidriosos, su voz en un lamento eterno, un gañido, una imploración al verdugo. Los creadores dicen que pensaron en él desde el principio porque era colega. Yo una vez hice un corto y se lo enseñé a un tipo y me dijo “Qué guay que los actores no sean colegas tuyos”. Aunque es verdad que hice uno en la montaña con dos colegas, así quedó, no es broma. Eso último va por una crítica que he leído que nos insta a los que escribimos crítica a producir. Volviendo a las interpretaciones, a los niños los vamos a dejar en paz y al abuelo que sale… pues creo que también. Aunque en este párrafo he dicho que iba a hablar de las actores y tal he recordado una clase que tuve una vez, de creación literaria o una cosa por el estilo, que impartía una adorable ancianita. Ella nos mandó escribir algo y nos pidió que por favor no resolviéramos los conflictos del protagonista haciendo que éste visite un parque y tenga una charla con un vejete casual. Pero bueno, a su favor he de decir que este aleatorio miembro de la tercera edad tampoco les resuelve la vida del todo. Y como este párrafo es el dedicado a las interpretaciones, decir que el que se salva por llegar a la decencia básica por comparación es Raúl Fernández de Pablo. Añado que el perro bastante bien en su papel de perro viejo y vivaracho por momentos.

Lo de la nula fotografía es cierto, pero esto unido al amateurismo de la dirección brinda agradables sorpresas. No sabemos por dónde nos va a salir la película. Por motivos que escapan a mi comprensión, la dirección innegablemente primeriza me ha resultado sumamente agradable; “A ver dónde ponen la cámara ahora”. Le da el realismo que los creadores querían imprimir a su producto; el “cómo” está vinculado al “qué”. Lo mismo que el guión: al no poseer una estructura convencional, cabe la sorpresa, aunque influidos por el mainstream, en alguna ocasión los personajes anuncian lo que ya estamos viendo a cámara: “Él no es capaz ni de cuidarse a sí mismo”.

Viaje a Surtsey 3

A los personajes, con los que los creadores pretenden que nos identifiquemos, les faltan unas cuantas líneas. Sus intros podrían haberse estirado o exprimido más.

Pero si algo tiene mérito es que los creadores saben una verdad que a menudo creadores y críticos olvidamos. Es ésta: la vida no se parece en nada a una película. No aparece en ella un problema que solucionamos con un arco. Pasan un montón de cosas a la vez, que a veces las resolvemos y a veces no. En ocasiones estos procesos duran años y, por norma general, nuestras vidas no se rigen en torno a un único hecho. Y tú ¿Qué quieres? ¿Hacer una película o reflejar la vida en tu película?

Es un hecho desgraciado que para poder apreciar esto haya que obviar tantísimas cosas que consideramos fundamentales en una película. Son muchos los que son condescendientes con el cine patrio, con los debuts, con las películas hechas con cuatro duros. Para mí, todos juegan en la misma liga, y aprecio sinceramente a los que juegan en el equipo del Alma Humana. Que, quizá, hasta sea un juego distinto.

Por todas las carencias ya citadas (y añado a éstas ciertos bajones narrativos y cierta intrusividad musical) no puedo recomendar la película, que a la mayoría provocará risa floja en el mejor de los casos; ha habido alguna durante la proyección. Por cierto, que de “Comedia moderna”, nanay. Pero, sin ser condescendiente, valoro mucho el esfuerzo de salirse de estructuras convencionales a la hora de tratar de reflejar la realidad. Porque ésta no las sigue.

Los debutantes declararon algo como “Es la película que queríamos hacer”. Esto puede querer decir que no pensaron en el público mientras creaban: me quedo con las connotaciones positivas que esto implica y el emotivo final de la película.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *