Críticas: jOBS

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El creador de la manzana más conocida de nuestros tiempos ahora llega al cine.

Desde el mismo instante de su fallecimiento hace poco menos de dos años, era evidente que la figura del empresario y gurú informático Steve Jobs sería carne de película biográfica tarde o temprano; más aún teniendo en cuenta el éxito cosechado por su biografía autorizada escrita por Walter Isaacson. El proyecto de la adaptación cinematográfica de la vida de Jobs propició auténticas riadas de tinta desde el momento en que se desveló que Ashton Kutcher sería el encargado de dar vida al co-fundador de Apple Inc; elección que, sin duda alguna, se convierte en el elemento más interesante y controvertido de este biopic dirigido por un Joshua Michael Stern que no se arriesga a alejarse de la zona de confort que ofrece seguir las normas preestablecidas por el manual del género.

Una de las piedras angulares sobre las que todo biopic debería asentarse es la labor de su intérprete principal. En el caso de jOBS, Kutcher, parecidos físicos aparte, no se mete en la piel del genio californiano ni logra evocar su controvertida figura. En lugar de convertirse en Steve Jobs, el actor se queda en lo superficial, limitándose a reproducir tics, posturas y gestos, y convirtiendo así su interpretación en una suerte de imitación casi caricaturesca que, de haber sido otro el tono de la cinta, podría haber pasado por el trabajo de cualquier actor del Saturday Night Live tras una caracterización decente.

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Pese a lo poco inspirado de su actuación, Ashton Kutcher logra salir reforzado gracias a la brillantez de la cinta en cuanto a forma se refiere. La banda sonora de John Debney resulta ser la base que propicia que la retahíla de discursos grandilocuentes sobre los que se construye el libreto de jOBS resulte emocionante e incluso electrizante por momentos. Sin los compases de Debney, el filme quedaría prácticamente desnudo, y su tan bien disimulada superficialidad se evidenciaría a la primera de cambio —de ahí la ínfima cantidad de silencios a lo largo de la cinta—. A esto hay que sumar una factura fotográfica impecable que parece encargada de potenciar el cariz cuasi mesiánico con que se trata a la figura de Jobs, y que convierte la simplemente aceptable interpretación de Kutcher en algo, ilusoriamente, más sólido y arrebatador.

El mimo con el que se ha tratado la factura técnica y su espectacularidad, pese a reforzar notablemente el conjunto, le juega una mala pasada al fondo del filme. Lo poco arriesgado de su planteamiento genera una sensación de bicefalia creativa que deriva en una pérdida de solidez en las dos partes que conforman jOBS. Por un lado, la cinta resulta fallida como biopic, dejando en muchos momentos de lado la figura de Steve Jobs como reclamo principal y convirtiendo el largometraje en una suerte de intriga empresarial centrada en los entresijos y juegos de poder dentro de Apple Inc. Esto no sería un problema de haber resultado efectivo dramáticamente, pero la carga emocional se diluye por momentos entre una narrativa torpe y llena de vacíos, y un tratamiento visual que, junto a unos personajes empeñados en hablar utilizando consignas publicitarias constantemente, convierten jOBS en un publirreportaje de primera categoría sobre la compañía de Cupertino.

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Jobs posee una gran cualidad sobre todas las demás, y es su capacidad para embaucar al espectador. Cuando consigues ver más allá del apabullante espectáculo audiovisual que ofrece y eres finalmente consciente de su oquedad narrativa, el filme logra engatusarte con su discurso motivacional que, pese a lo forzado, rimbombante y superficial, funciona a las mil maravillas a la hora de contagiar el espíritu emprendedor y audaz de Steve Jobs. No obstante, y a pesar de que podría resultar un excelente complemento para los aficionados a los libros de autoayuda, no debemos olvidar que nos encontramos ante un producto cinematográfico, y, como tal, jOBS no pasa de resultar simple y llanamente aceptable.

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