Venecia 2013: Día 2

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Mia Venecia

John Curran y Mia Wasikowska, director y protagonista de Tracks.

Es hora de ir desvelando algunos entresijos del Festival más longevo del mundo, y que mejor que iniciar por las acreditaciones. Si recordáis las entradas del Festival de Cannes el pasado mayo, las acreditaciones se clasificaban en colores, en los que unos tenían prioridad sobre otros. En Venecia es prácticamente igual. En primer lugar tenemos las acreditaciones de color rojo, las reservadas para la crême de la crême, los privilegiados que tienen prioridad en todas las proyecciones exclusivas para los miembros de la prensa y la industria. En segundo lugar está la nuestra, la acreditación azul, destinada también a prensa e industria, pero menos importante. También da permiso a las proyecciones reservadas a miembros de la prensa y de la industria, pero siempre detrás de los que poseen una acreditación roja. Como una especia de cajón de sastre, encontramos la acreditación verde: pases promocionales para menores de 25 años y mayores de 60 (pudiendo elegir uno completo para todo el Festival o sólo para 6 días consecutivos del mismo) y pases especiales para una única sala de las múltiples que hay. Por último, está el misterioso pase amarillo anaranjado en el que se puede leer “media”, una acreditación extraña que parece dar derecho a acceder a las proyecciones para prensa e industria, siempre y cuando no hayan llenado la sala los que tienen acreditación roja o azul. Un apasionante mundo este de las acreditaciones de los Festivales.

Tracks

Como lo que importa aquí realmente es el cine, hablemos de él. La segunda jornada no ha podido empezar mejor: estrenamos la Sección Oficial con Mia Wasikowska y John Curran en Tracks, la historia de cómo Robyn Davidson se lanzó en 1977 a cruzar Australia, unos 3000 kilómetros de distancia, con desiertos incluidos, para alcanzar el Oceáno Índico, con la única compañía de unos camellos y su inseparable perra Diggity. La cinta de Curran bien podría resumirse en una lucha del hombre (o mujer en este caso) contra la naturaleza, una dura prueba de resistencia, también para el espectador, y es que ya se sabe que cualquiera pierde la cabeza en el desierto. Pero no sólo es la lucha la presente en esta película, sino la conexión con la misma, y es que en ese punto, la actriz y su personaje consiguen una simbiosis perfecta con los animales que la acompañan, creando unas relaciones que dan la fuerza necesaria para el éxito de la película. Y hablando del personaje protagonista, su principal problema es su arranque, es que Wasikowska empieza muy plana, demasiado, y su evolución sólo se vislumbra en el último tercio de la película, eso sí, se trata de una evolución radical. Robyn se nos presenta como una mujer dura, fuerte, segura de sí misma y sin pelos en la lengua, dispuesta a comerse el mundo, pero la locura del desierto se adueña de ella, y los espejismos y fantasmas del pasado son los que más dificultan su peligroso camino. La pérdida es un recurso correctamente explotado por Curran, un recurso que acentúa el viaje de Robyn, que no es tan físico como psicológico. Sería un digno León de Plata para el mejor director, pero no lancemos todavía las campanas al vuelo, que queda mucho Festival.

 L'arte della felicità

Estrenamos también la 28 Semana de la Crítica Internacional con un film italiano de animación: L’arte della felicità, dirigido por Alessandro Rak, una propuesta arriesgada que no dejará mudo a ninguno, y es que parece que la animación en Italia no cuenta con el apoyo necesario para conseguir la producción que el género necesitaría, un lugar que, en palabras del propio productor, parece estar reservado para monstruos como Ghibli, Dreamwork, Pixar, Disney y alguna cinematografía europea como la francesa. Como su propio título indica, el tema principal se centra en la búsqueda de la felicidad desde una infelicidad autoinducida, la infelicidad de un futuro incierto y de un presente insatisfactorio y monótono. A su vez, asistimos a un viaje alegórico entre la vida y la muerte con su personaje principal, Sergio, un taxista en sus 40 que hace mucho abandonó el mundo de la música, principalmente porque su hermano, parte de su duo musical, decidió retirarse para hacerse monje tibetano. A través de varios clientes que Sergio entremezcla con sus miedos, sus recuerdos y con visiones desoladoras, y de su propia conciencia que se presenta en forma de sus seres más allegados, e incluso de fotografías, asistimos a una epifanía que bien recuerda a los trabajos de Miyazaki y Sylvain Chomet, clara inspiración de Rak. Pero su mayor fuerza se debe a su acompañamiento lírico, teclas de un piano golpeado con fuerza, violines atronadores y la musicalidad de voces napolitanas al ritmo del arte de la felicidad.

Jigoku de naze warui

La bizarrada llegó con la japonesa Jigoku de naze warui (Why don’t you play in hell?) de Sion Sono, una historia macabra que recuerda ligeramente a las películas de samuráis de Kihachi Okamoto y las locuras que emanan de la mente de Quentin Tarantino, siempre salvando las distancias. Muto e Ikegami son dos jefes de yakuza con una enemistad que dura ya 10 años, lo que no impide que Ikegami viva enamorado de la hija de Muto. De forma paralela, un grupo de chicos, los “Fucker Bombers” se hacen llamar, están a la espera de poder rodar la película de sus vidas, y encontrarán con Muto y su hija la oportunidad que deseaban. Aunque a priori pueda parecer una película seria y comedida, no lo es. Realmente es de esas películas que están hechas para reírse de sí misma. Su comicidad emana de sus sketches absurdos, sus personajes patéticos y su exageración desmedida, una de esas películas en las que se piensa “¿por qué he venido yo a ver esto?”, pero se termina diciendo “no sé si es una genialidad o un bodrio absoluto”. Lo que sí es seguro es que proporciona unas dos horas de diversión y que la sala reía de forma descontrolada, aunque algunos estómagos delicados o mentes estructuradas no pudieron aguantar hasta el final.

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