Filmin Music Festival: Some Kind of Monster

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Un tiempo para el metal en nuestro repaso del Filmin Music Festival.

Metallica es una banda que, podemos decir, ya ha pasado por los más grandes momentos de su carrera. Ahora se encuentran disfrutando de una saludable “vejez”, ya que con Death Magnetic, su último disco de estudio de 2008, y sus innumerables giras han encontrado un equilibrio en el que parecen encontrarse cómodos, aunque haya quien les siga criticando. De experimentos como Lulú mejor no hablar. Pero las cosas al principio de la década pasada eran bastante peores. Tras dos discos con un cambio de sonido e imagen drásticos que no sentaron muy bien a sus fans, a pesar de que Load y ReLoad sean bastante reivindicables, se produjo la salida del bajista Jason Newsted, que llevaba con ellos 15 años, y se metieron en una farragosa disputa legal con Napster, el servicio de descargas en la red, que provocó la ira de muchísimos seguidores, que incluso salieron a la calle a quemar los cds de la banda, cosas que podemos ver en el documental Some Kind Of Monster.

Curioso cómo lo que en un principio iba a ser un simple making of del siguiente disco del conjunto, termine convirtiéndose en un retrato de una banda rota, una pelea de egos y una especie de purga ante el cansancio de llevar 20 años al pie del cañón. Hay varios apuntes posibles a hacer sobre el film. En su momento recibió críticas encontradas, hubo quien se lo tomó a burla, quién sabe si por no verle sentido a presentar un documento así o simplemente porque no se dedicaba a ensalzar a su banda favorita sin más. También salieron voces en su defensa por tratarse de un documento que se desmarca de ensalzamientos exagerados y presenta a Metallica tal cual se encontraban en ese momento. Me decanto por esa opinión, y creo de verdad que ahí radica el encanto de esta grabación, que se presenta desnuda y sincera.

Some kind of monster

Gran parte del metraje está centrado en la ardua labor que tuvo que llevar durante la grabación del disco Phil Towle, un “Performance Enhancement Coach” (como se define a sí mismo), contratado para limar las asperezas surgidas entre Lars Ulrich y James Hetfield, las dos cabezas pensantes de Metallica. Viendo el documental uno puede ver el genio de estos dos hombres, y no es difícil imaginarse lo harto que puede acabar el guitarra Kirk Hammet de ellos. También podemos observar entrevistas y videos en directo a Jason Newsted, un personaje que nunca fue del todo bien tratado por los propios miembros de la banda y los fans, debido a la difícil tarea de sustituir a un gigante al bajo como fue el fallecido Cliff Burton. Peor si hay un personaje que haya causado revuelo ese es Dave Mustaine. Líder de Megadeth, antes fue miembro de Metallica, expulsado por alcoholismo cuando aún no habían sacado ningún disco, posee un momento en el film bastante emotivo, en el que tras años de resentimiento, habla con Ulrich y confiesa que para él fue dura dicha expulsión. Sin embargo, la inclusión de este material no fue del agrado de Mustaine, quien se pilló un buen cabreo, criticando la obra y a Metallica y pidiendo, sin éxito, que se eliminara dicha conversación. Parecía que la mala relación entre ellos se había afianzado para siempre, pero sin embargo, años adelante, Metallica giraría con Megadeth, Slayer y Anthrax en la gira del “Big 4” del Trash Metal, por lo que imaginamos que habrán hecho las paces, o aunque sea se habrán dado una tregua.

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Pero no todo es malo, ni la situación de Metallica es insostenible. Si hubo algo que ayudó a que todo llegará a buen puerto fue la llegada de Robert Trujillo como bajista. En el documental podemos ver las diferentes audiciones que tuvieron lugar a bajistas famosos como Jeordie White (Marilyn Manson) o Eric Avery (Jane’s Adicction). Aunque finalmente el seleccionado fue el simpático Trujillo, ex miembro de Suicidal Tendencies e Infectious Grooves, que se une una vez terminada la grabación del nuevo disco, en el cual sería el productor Bob Rock el encargado de esa labor. Es una pena, entonces, que lo que aparentemente se salda con un “happy ending” diera lugar al que probablemente sea el peor disco de Metallica (sin contar Lulú, claro), ese St. Anger, que a pesar de contar con algunos temas potables, resultaba monótono (la ausencia de solos es inexplicable) que, para colmo, intentaba acercarse a sonidos modernos del Nu Metal con una producción que consigue, sobre todo, un sonido de batería espantoso, con una caja que suena a cacerola y te perfora los tímpanos.

Un documento, en definitiva, interesante para todos aquellos que se quieran acercar a Metallica de primera mano. Una de esas obras atípicas, casi un suicidio artístico, que sin embargo se salda con buenos sonidos cinematográficos, no así los musicales, aunque cinco años más tarde conseguirían levantar el que es su último disco hasta la fecha, una obra de mucha mayor calidad.

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