Críticas: Paraíso. Fe

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Paraíso Fe

Creo que esa autosuficiencia, que solo puede producir el fanatismo, que no es otra cosa que la eterna expansión de uno mismo (si eres una autocreación puedes ser quien quieras fingiendo ser otro porque Dios lo ha querido así) hace que esas figuras en las películas de Seidl, y sobre todo las mujeres que constantemente chocan consigo mismas y colapsan en sí mismas, sean una.

 Elfriede Jelinek

“Mira, Nabil, doy gracias a Dios de que tuvieras un accidente” así de devota se muestra Anna Maria (impresionante Maria Hofstätter) frente a su marido (el actor no profesional Nabil Saleh cuyo debut tampoco es menos impresionante), sabedora de que gracias a ese accidente ha podido conocer el amor incondicional a Jesús. Paraíso: Fe, la segunda parte de la trilogía de Ulrich Seidl, muestra las vacaciones de una católica practicante que pertenece a la Legión de Maria y que trabaja como experta en Rayos X en un hospital austríaco. Anna invierte su tiempo en llevar la figura de la Virgen María con supuestos poderes curativos de casa en casa con el fin de convertirlos y salvarlos de vivir en el pecado.

Al igual que Teresa (protagonista de la primera entrega, Paraíso: Amor) su hermana Anna Maria buscará incansablemente el amor. Pero si la primera decide hacerlo por la vía carnal, la segunda lo hará por lo espiritual. Sin embargo, lo carnal y lo espiritual se acabarán cruzando. Siguiendo con las mismas pautas formales de la primera parte, con una bellísima fotografía y unos estupendos decorados cuidados hasta el detalle, Seidl se lo vuelve a llevar al extremo y sube la apuesta mostrando un fanatismo que sobrepasa su propio significado.

Paraíso fe 2

Ya en 2003, el director exploró en su documental Jesus Du Weisst (Jesus, You Know), la religión cristiana a través de un grupo de devotos católicos que regularmente se confiesan en la iglesia. Seidl lograba, en mi opinión, mucho más que mostrar la parte más íntima de la religión entre Dios y el beato ya que, entre rezos y oraciones, configuraba el retrato de una parte de la sociedad que no es diferente de la del resto al mostrar las mismas necesidades y debilidades existenciales de aquel que prefiere pagar a un psicólogo. En  Paraíso: Fe, sucede algo parecido; la búsqueda de Anna Maria por el amor incondicional, recíproco y espiritual, acaba cruzando los límites hasta llevarla a la lascivia y a lo carnal con Jesús (algunas escenas de Anna con su crucifijo empequeñecen la famosa secuencia de Reagan con el suyo en El Exorcista (William Friedkin, 1975)) sin ser ella plenamente consciente al dar por hecho de que lo que siente se corresponde con la voluntad de Dios. Pero al parecer, esa voluntad de Dios solo incumbe a la propia Anna en un universo reducido que va de su casa a la Legión y de la Legión a las visitas que realiza puerta a puerta siempre y cuando no haya una implicación personal. En este caso, Seidl sintetiza lo social con lo divino en el trabajo de la protagonista: siendo una experta en Rayos X de un hospital que se pasa el día radiografiando los cuerpos de las personas, Anna Maria, no puede radiografiar el alma si no es con la doctrina de una iglesia que ella confunde con Jesús. Cuando Nabil, su marido discapacitado por un accidente un par de años atrás, egipcio que profesa la religión musulmana, regresa a su vida, el mundo de Ana se rompe. Nabil le pide amor pero ella se lo niega. Anna lo cuida y lo mantiene en su casa pero por orden divina y no humana. Cuando Nabil, harto de la obsesión de Anna por Jesús (en ese matrimonio parecen son tres), decide eliminar cualquier símbolo cristiano de una casa que cerca está de parecer un convento, Anna entra cólera y ahí empieza el derrumbe: a pesar de los cuidados dedicados a su marido, siente que Dios le ha enviado un castigo. Con este panorama, al final lo que menos importa es el cristianismo en sí porque este es el tema/excusa perfecto para enseñar la anulación que Anna hace de sí misma como persona por las carencias afectivas, su falta de empatía y su incapacidad para expresarse por ella misma y no a través de Dios. La confrontación entre el islamismo y el cristianismo en la casa de Anna nunca es el motivo de la disputa.

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Con cada visita que Anna Maria realiza a cada domicilio se configura un mosaico social donde todo cabe: desde el inmigrante hasta el hijo que acaba de perder a su madre y vive en soledad, la pareja que vive bajo un mismo techo sin rendir cuentas con nadie y mucho menos a la religión pero que también se profesan su amor. A pesar de que la premisa de Seidl es tremendamente sencilla al trabajar a partir de los estereotipos religiosos y mostrar los arquetipos sociales, el director hace uso de ellos para mostrar mucho más con menos. La mirada de Seidl no va contra la religión o su curiosidad por ella sino contra nosotros mismos y lo absurdos que podemos llegar a ser. Y aun así, aún hay tiempo para soltar alguna que otra carcajada con su sentido del humor porque, a pesar del poso amargo y desasosegante de la película, Paraíso: Fe es una comedia parida con mala leche donde todos sus personajes han perdido el norte y, el espectador, muy seguro en un inicio de en dónde se encuentra la broma, acaba por dudar y perderse con ellos siendo incapaz de distinguir entre el chiste y el drama.

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