Críticas: Elysium

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Elysium portada

Neill Blomkamp vuelve a disfrazar de ciencia ficción su narración social.

El director de Distrito 9 nos trae otro film postapocaliptico, siguiendo la estela de su exitosa ópera prima pero transformando ésta en una versión extendida y maquillada al estilo Hollywood en el que explora los mismos temas más profundamente y de manera más vistosa: inmigración, segregación social,  diferencias culturales, etc. y metiendo el dedo en la llaga descaradamente en cuestiones como el derecho a una sanidad pública, faltando por otra parte la frescura y originalidad de su alegoría sobre el Apartheid. Dichas diferencias culturales se muestran en diferentes aspectos como en disfrutar el acento hispano de Matt Damon, porque en la tierra devastada se habla un dialecto derivado del spanglish, mientras los privilegiados de Elysium lo hacen en inglés o francés.

Elysium está dirigida y escrita por Neill Blomkamp y nos sitúa en un futuro más próximo de lo que desearíamos, en la tierra del año 2154,  superpoblada, desértica y sin apenas recursos, donde sus habitantes malviven, y si enferman tienen pocas posibilidades de sobrevivir. Ante esta situación, los privilegiados y más pudientes, para seguir manteniendo su nivel y estilo de vida, deciden autoexiliarse en un hábitat espacial llamado Elysium (una curiosa estación con forma de Toro de Stanford, un anillo capaz de albergar hasta 140.000 habitantes, con gravedad propia gracias a la fuerza centrifuga y un sistema de espejos que le provee de luz solar) haciendo así más evidentes las diferencias sociales, los ricos se hacen más ricos mientras que los sin recursos no podrán cambiar jamás su situación, pasando la tierra a ser un planeta para descastados.

Jodie Foster

En este idílico paraíso no hay guerras, ni hambre, ni enfermedad, una utopía controlada por el ministerio de Defensa a cuya cabeza se encuentra una firme y al mismo tiempo contenida Jodie Foster y cuyo brazo armado, Kruger, es el actor fetiche del director (ya fue protagonista de Distrito 9) Sharlto Copley enfrente y, como en toda buena historia, necesitamos un héroe, Max que sigue pensando en Elysium como el paraíso y su meta vital, a la que acceder por cualquier medio, aunque sea como ilegal, convirtiéndose así en un delincuente por el camino con la premisa de que el fin justifica los medios. Sueño que se transformará en misión suicida con la ayuda de un exoesqueleto metálico con el que enfrentarse a los guardianes de su parnaso.

La verdad es que con el trailer se nos desvelaba lo más bello de la película y que, pese a que su director posee el talento de crear historias interesantes, unos efectos especiales puestos al servicio de la historia y no como mero espectáculo pirotécnico y, al mismo tiempo, un estilo de narración propio y sugerente que te hace mantener el interés, éste se va difuminando con el transcurrir del film, dando paso a una sucesión de escenas de acción bastante genéricas y torpes que te van sacando de la narración.

Matt Damon

Como héroe de acción Matt Damon es simplemente correcto, no tiene el carisma de salvador del mundo que tienen otros actores, aunque su interpretación resulta curiosa, posiblemente otros actores habrían brillado más en este tipo de producción y para mártir ya teníamos a Bruce Willis en Armageddon, emocionándonos a ritmo de Aerosmith y su I don’t wanna miss a thing. Destacar también la presencia latina de mano de Diego Luna (cada vez más integrado en la maquinaria de Hollywood) y la de Alice Braga, compañero de aventuras y fechorías del personaje de Matt Damon, y amiga de la infancia respectivamente. Y no podemos olvidarnos de la aparición de William Fichtner (conocido rostro televisivo gracias a Prison Break) que sin pretenderlo será una pieza clave en el cambio social.

Visualmente conseguida y con una premisa interesante, contiene suficiente energía y potencia para mostrar su fuerza en las carteleras veraniegas, aunque ese vigor va desapareciendo conforme avanza su metraje, una pena.

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