Lynch y la música (II): Crazy Clown Time

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Crazy clown time

Crazy Clown Time es el protagonista del segundo artículo del especial David Lynch.

En el anterior artículo nos dedicamos a desgranar todos los antecedentes de David Lynch respecto a la música: una particular selección de canciones y sinfonías para su obra, su largo y productivo idilio con Angelo Badalamenti, sus escarceos con colegas musicales que fructificaron en diversas colaboraciones… Vamos a situarnos en el año 2010, han pasado tres años desde el estreno de Inland Empire y no parece haber ninguna otra película en el tintero. Mientras muchos esperan el anuncio de un nuevo proyecto cinematográfico, Lynch sorprende con la salida de un doble single que será la semilla de su primer disco en solitario. Este single está formado por Good Day Today y I Know. Ambas canciones formaron parte más adelante del debut de Lynch, pero merece la pena hacer un análisis en solitario debido al primer acercamiento que supuso.

Lo primero, son dos temas totalmente diferentes, mientras que I Know tiene el estilo distintivo reconocible en otros trabajos de Lynch como las canciones que compuso para su último film, Good Day Today se revela como algo diferente e inesperado. Se abre con un gran ritmp con el que uno podría soltarse a menear las caderas y dislocarse el cuello, con unos sintetizadores que no rebajan el tono “marchoso” de la misma. Incluso el titulo parece indicar que nos encontramos ante un tema bastante más luminoso de lo esperado, aunque luego en las letras parezca dibujarse una historia bastante más agria, y la voz distorsionada le da ese aire más particular y menos electropop al tema. Independientemente de que sea una broma, un experimento o simplemente una manera más de expresarse, el tema funciona de manera indudable. Me inclino a pensar en lo del experimento, ya que en el futuro disco ninguna canción se acerca a este estilo, y sí a la otra cara del adelanto, una canción con la carga electrónica mucho más rebajada, con la presencia de un ritmo lento y la particular guitarra deslizante del director. Su aguda voz se encuentra más clara y presente, y posee un ambiente desasosegante, como no podía ser de otra manera.

Poco después de la salida del single llegó el anuncio de Crazy Clown Time aunque finalmente vio la luz un año después, en noviembre de 2011. Catorce canciones producidas por Dean Hurley, que también se encargó de tocar todo tipo de instrumentos en el disco junto con Lynch, siendo ambos los únicos encargados de dar forma a los temas. ¿Cómo definir su estilo?, me resulta más sencillo decir que Crazy Clown Time es en gran medida como ver una de sus películas, sólo que somos nosotros los que creamos las imágenes en nuestra mente. Descrito por el propio Lynch como un álbum de “Blues electrónico”, cuando dejas que el sonido invada tus tímpanos llega esa sensación de estar entrando en un extraño local poblado por personajes extraños y perturbadores, mientras el humo lo invade todo, con una banda tocando en un escenario con un fondo de terciopelo rojo… hasta aquí todo bien, para aquellos interesados sobre todo en la obra e inquietudes de este genial artista. Aunque no es un disco perfecto, ya que se excede en su duración y en la segunda mitad se ve dominado por una sensación de monotonía.

El disco abre con Pinky’s Dream, un tema que entraría en la vertiente más blues, rápida y directa. La única colaboración del disco corre a cargo de Karen O, cantante de Yeah Yeah Yeahs que se encarga de la parte vocal de esta canción, un ritmo rápido y directo para entrar de lleno y con buen pie, sin quejas. Ese ritmo alto continúa con la ya analizada Good Day Today y, aunque pueda dar la sensación de que vamos a estar un disco “cañero”, esto no es más que un espejismo, y las percusiones rápidas solo volverán en la susurrante Stones Gone Up. El resto resulta un compendio más o menos acertado de ritmos pausados y reverberantes, inspirados en el trip hop como vemos claramente por ejemplo, en el tercer tema del disco, So Glad. Así, mientras van pasando los minutos, lo más destacable terminan siendo los temas más originales (la inesperada balada These Are My Friends), mientras que el Dark Blues del resto resulta unas veces más acertado, como en la tenebrosa Noah’s Ark o el tema que da nombre al disco y que se erige como pilar de carga de todo el conjunto, que otras. Ahí están temas como The Night Bell With Lightning, que podría colar como versión instrumental de I Know. No es que nos sean malas canciones, pero algunas como Movin On, después de haber escuchado ya prácticamente todo el disco, no aportan nada al conjunto y lo alargan en exceso.

Me atrevería a decir que consiguió los resultados que Lynch esperaba, completamente coherente con lo que ha venido haciendo en todos los ambientes, y que es muy disfrutable a pesar de sus defectos. Desconozco las cifras de ventas del disco, pero sí es cierto que socialmente tuvo mucha más repercusión y aceptación de lo que cabría esperarse, teniendo en cuenta lo discreto del éxito de lo anteriores discos que había lanzado en compañía de amigos.

A día de hoy tampoco hay novedades sobre futuros películas del director, aunque Laura Dern confesó que estaba escribiendo un guión. Así que tampoco sorprende que siga metido de lleno en su carrera musical, con los buenos resultados que le está dando. El siguiente paso se llama The Big Dream, y sale oficialmente mañana a la venta, pero ya puede escucharse en streaming en la red. La valoración de este nuevo trabajo será el paso final de este especial.

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